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Argentina-México: la noche en la que Mauro Icardi y Paulo Dybala quebraron el maleficio con el arco

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Cristian Grosso
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20 de noviembre de 2018  • 21:00

MENDOZA.- Un goleador serial está acostumbrado a transitar el área, esa zona tan inhóspita para mucho, erizada de peligro, como si fuese un campo minado. Por eso parecía una afrenta que Mauro Icardi acumulara partidos sin llegar al gol en la selección. Si hasta ahora el tiempo le había tendido una trampa, esta vez Icardi lo tomó de sorpresa y en un relámpago se desquitó por la espera. Ni un minuto se jugaba cuando entre el 9 de Inter y Lamela armaron un descalabro en el fondo visitante: rebotó Icardi para el pase filtrado del volante de Tottenham y el delantero cambió de pierna para desarmar el cierre de los mexicanos y clavar un zurdazo alto con aroma a venganza.

Argentina se afirmó en sus señas particulares, las que Scaloni buscó imprimirle en sus cuatro meses de interinato: un equipo asfixiante, muy intenso para forzar las pérdidas del rival y, entonces, atacarlo con verticalidad. Rápido para las transiciones, capaz de descomponer continuamente las líneas para sumar alturas de pases. Todos al servicio de la recuperación para, después, circular la pelota sin perder tiempo ni entretener la maniobra. No es desprecio, pero la Argentina de Scaloni no se preocupa por la posesión.

Nuevamente la plasticidad táctica fue el corazón de la estructura. Con un mediocampo repleto de volantes para ensanchar el campo y desprenderse, por momentos, como una manada de lobo hambrientos. Entre ellos, el recuperado Erik Lamela, un futbolista que esconde detrás de su estilo elegante, decisiones filosas. Se invirtió la fórmula del primer minuto e Icardi lo habilitó al exRiver para una exquisita definición que se perdió apenas afuera.

Al primer tiempo le faltó algún gol más para la Argentina. La selección pudo ampliar por la vía de los desenganches del 'Tucu' Pereyra, agresivo para aparecer por donde el rival no lo espera, y por las cabalgatas de Rodrigo De Paul, lanzado en diagonal desde la izquierda hacia el centro.

Entre algo plomizo y amarrete en su propuesta, los cuatro cambios de México llegaron en el inicio del segundo tiempo acentuaron el carácter experimental del amistoso. Pero en la Argentina ingresó Cervi y él no sintió que fueran minutos decorativos: aprovechó su oportunidad con pizcas de atrevimiento y velocidad. Siempre con los locales con el gobierno del juego, a veces retrocediendo y en otras ocasiones recuperando el estilo punzante, el amistoso comenzó a perder intensidad por la electricidad que encerró la primera hora. Los ingresos de Paredes y Lo Celso ofrecieron más reposo. El tono más apagado hasta ofreció la inusual posibilidad de cambiar de arquero para que el 'desconocido' Gazzaniga disfrutara de dos buenas atajadas en sus primeros minutos en la selección.

Pero faltaba algo más. El desahogo de Dybala -asistencia de Simeone-, que había entrado solo un instante antes. En los extremos del partido, en el arranque y en el cierre, estaban los goles tan esperados, los que sirvieron para terminar con el embrujo.

El ciclo interino de Scaloni finalizó con números atractivos: ganó cuatro amistosos, perdió uno y empató el restante. Convirtió 11 tantos y solo recibió uno. Citó a 41 futbolistas -para 16 se trató del debut absoluto- y apenas no jugaron Herrera, Di Plácido, y los lesionados Mammana y Zaracho. Se amplió la base, ese es su legado. Hay futbolistas dinámicos y rebeldes, que además entienden que los talentos también pueden hacer esfuerzos de adaptación a las necesidades de la selección.

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