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Decime en qué orden naciste y te diré cómo sos

Según la psicología sistémica, la ubicación en que nacimos tiene un impacto en nuestra personalidad,
Según la psicología sistémica, la ubicación en que nacimos tiene un impacto en nuestra personalidad, Crédito: ilustración de Airam.
María Soledad Cotelo
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23 de noviembre de 2018  • 13:39

Podemos ser las que iniciamos a nuestros progenitores en el rol de padres, las que quedamos "atrapadas" en el medio o a las que siempre llamarán "la nena". Tenemos la poco sana costumbre de sentir que lo que nos tocó no fue lo mejor, pero lo cierto es que cada rol tiene sus costos, pero también sus beneficios. Si en el mundo de las relaciones vinculares tu lugar fue una cocreación -en la que vos sos la que continúa moldeando la arcilla-, seguramente no te haga tanto ruido el bagaje filial. Te apropiaste de tu ubicació n y fuiste encontrando una nueva denominación que excede quién sos como hija.

Soy la mayor

La primera, la número uno. Tu llegada fue el ensayo de dos personas que fueron aprendiendo con vos a ser papás. Por estar tan cerca de quienes establecieron las leyes, estás muy apegada a toda esa cuestión: te tocó ser la responsable, la que siempre pidió permiso, la que hace lo que se debe. Con toda esa carga que te viene desde la cuna, no es inesperado que desees imponer las reglas a los demás. El mote de mandona o "bajalínea" puede caberles a más de una hermana mayor. Esto te convierte en alguien que disfruta -y necesita- ocupar lugares de liderazgo o de poder, sin temor a la exigencia.

Si tu mamá fue ausente o falleció durante tu infancia, quizá te hayas ubicado en una posición maternal frente a tus hermanos, priorizando sus necesidades antes que las tuyas. En algunos casos, las hijas mayores no solo cuidan de los más chiquitos, sino que se quedan al lado de sus padres viudos -tanto madre como padre- hasta que mueren y recién en ese momento pueden formar pareja. Hay muchas mujeres exitosas que parecen llevar una vida muy independiente, pero les cuesta horrores deslindarse de la responsabilidad para con sus padres y hermanos y así dar paso a una nueva familia.

Puede que pienses que de vos se esperan grandes cosas porque -valga la redundancia- sos la más grande. El cambio se inicia cuando comenzás a focalizar más en lo que querés en lugar de lo que debés.

Soy la del medio

Ni chicha ni limonada, ¿no? Este rol tiene la dificultad para encontrar cuál es tu lugar. Tomaste características de tu hermana mayor y de la menor, quisiste ser una, quisiste ser la otra o todo lo contrario y terminaste confundida. La primera hija estuvo sola con tus papás y la chiquita fue la que más malcriaron; por lo tanto, parecen ser las que mayor interés recibieron, mientras que vos quedaste perdida por ahí. Si forjaste este sentimiento de déficit de atención, debés haber buscado equilibrarlo en el afuera, convirtiéndote en una persona muy sociable, a la que le gusta agradar. Si en el exterior de tu familia encontraste los reflectores que pusieron la luz sobre vos, entonces habrás resuelto con altura esta cuestión.

La del medio es también la más rebelde, pero con causa. Entre los hermanos se dan las comparaciones y, cuando los roles sistémicos se reparten, a la del medio le suele tocar el de la "enojona" o complicada. Pero en el fondo, lo que buscás cuando te agarran ataques de rebeldía es ser validada.

Otra cuestión que se te adjudica por ser la segunda es el puenteo. Tus hermanos menores nunca te fueron a pedir consejo sino que directamente hablaron con la mayor, lo mismo que con los permisos. No tuviste esa autoridad y es también una de las razones de tu rebeldía. Pero también corrés con ventaja: al estar en el medio, sos ese puente que zanja diferencias, sabés actuar como mediadora porque entendés a las dos partes. ¡Aprovechalo!

Soy la menor

La peque, la chiqui, la nena. Es verdad eso que dicen de que encontraste el camino allanado. Tenés la ventaja de crecer con más letra, mayor experiencia de tus papás y el aprendizaje de tus hermanos; ellos te transmitieron mucho conocimiento mientras vos los observabas con admiración y tomabas lo que mejor se adaptaba a tus necesidades.

Ser la menor convive con la espontaneidad, un espíritu libre y mucha creatividad. Al no estar tan atada a las reglas -que se fueron modificando y adaptando con cada nacimiento previo-, le tenés menos respeto a la autoridad. Que la lupa no haya estado puesta sobre vos te permitió desarrollar cierta autonomía e independencia de los mandatos familiares.

Ser la consentida pudo haberte vuelto un poco caprichosa y dificultado tu inserción en el mundo laboral o la aceptación de ciertos límites.

Quizá haya sido glorioso ser la chiquitita, incluso haber aprovechado ese personaje con fines manipuladores. Pero cuando sos adulta y seguís en el mismo sitio, te infantilizás. ¿Por qué ponerse en el lugar de la que necesita y está acostumbrada a recibir lo que pide? Este lazo que te convierte en dependiente trae sus pseudobeneficios: podés obtener mucho de lo que querés, pero, por otro lado, te termina anulando. Si no te corrés de ahí, terminás siendo la que no puede, la que no sabe demasiado. Se genera cierta descalificación por parte de los demás. El atajo está en mirar más el camino propio y empoderarse, a riesgo de perder ciertas ganancias.

Soy hija única

The one and only. Todo lo que viene del linaje paterno y materno está depositado en vos. Todos los anhelos, las frustraciones y deseos van a parar a tu cuerpito si tus papás no saben reconducirlos. Ni hablar de lo sobreprotectores y densos que pueden ser incluso cuando ya estás grande.

Tenés características de una hija mayor, con la diferencia de que, al no tener hermanos, podés haber sido una adulta precoz; disfrutando de las conversaciones de tu mamá con las amigas o responsabilizándote por problemas que no te correspondían.

En general, las hijas únicas son más ansiosas y, al haber desarrollado un universo de juegos en solitario, puede costarte el roce social.

Otro dato: si pasaron seis años o más entre vos y una hermana, las dos fueron criadas como hijas únicas.

¿Te identificás con estas descripciones? ¿En qué lugar te tocó nacer? También mirá: ¿Quién es Bhanu Narasimhan? Una de las mujeres que están cambiando el mundo y "Nuestros hijos tienen dos mamás": cómo es la maternidad en una pareja de mujeres

Experta consultada: Mabel Ugarte, médica, psicoterapeuta sistémica y especialista en constelaciones familiares.

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