"Ahora vamos a poner más presión"

Aseguró que intensificará los pedidos contra los subsidios a la exportación agrícola de Europa
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18 de julio de 2000  

  • El embajador ante la UE consideró que el Viejo Continente aceptaría dar fin a ese apoyo
  • La subvención desaloja los granos del país de mercados como China
  • La Argentina quiere ganar mercados fuera del Mercosur, pero las trabas con las que se enfrenta son cuantiosas. Uno de los encargados de agilizar esa relación es el embajador ante los organismos económicos internacionales y la Unión Europea (UE), Roberto Lavagna, que asumió el cargo en abril último.

    El problema fundamental al que se enfrenta, tanto ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), con sede en Ginebra, y el Parlamento europeo, que se reúne en Bruselas, tiene que ver con la agricultura. "El principal interlocutor es la UE, ya que es el mayor exportador mundial de bienes agrícolas. La misma persona representa al Viejo Continente en Bruselas y en Ginebra (el comisionado europeo para el comercio), Pascal Lamy. Si la Argentina mantenía dos cabezas distintas, estábamos debilitando la capacidad de negociación", dijo el funcionario a La Nación al explicar por qué se unificó la representación argentina ante ambos organismos.

    Lavagna explicó que hay tres inconvenientes en la negociación. "Uno es el acceso a los mercados europeos, donde se trata de bajar los aranceles, conseguir cuotas más amplias y evitar el escalonamiento tarifario, esto es, que los valores suban a medida que los productos son elaborados, lo que nos convierte en proveedores de materias primas nada más -afirmó-. También está el apoyo a los productores de Europa, lo que transforma en competidores a quienes no lo serían. Por último, existen subsidios a la exportación. Vamos a poner más presión en los subsidios a la exportación, porque a veces llegan a desalojarnos de terceros mercados."

    -Es lo que pasa en China.

    -Por ejemplo. Haremos toda la fuerza que podamos para luchar, junto con los países del Mercosur y del grupo Cairns. En una negociación nunca se puede obtener todo, pero la UE entiende que los subsidios internos a los productos agropecuarios del bloque deben desaparecer. Sin embargo, hay que concederles plazos amplios.

    -¿Nota apatía o desgano de la UE en el trato con el Mercosur?

    -La UE, en algunos casos, avanza rápidamente, como con México, porque es un importador neto de alimentos. Asimismo, con el ingreso de ese país en el Acuerdo de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), la UE perdió siete puntos de participación en el mercado mexicano, con lo cual tenía que hacer un acuerdo que le permitiera recuperar lo que perdió. En cambio, en los últimos años, Europa expandió sus exportaciones al Mercosur a una tasa de un 20% anual acumulativo, mientras que nuestras ventas a esa región crecieron un 4%. Hay que entender que esta negociación es mucho más difícil que la de México.

    -A la UE no le conviene un acuerdo porque la balanza comercial le es ampliamente favorable.

    -Si no perdió participación de mercado, ¿cuál es el estímulo?

    -¿Entonces qué esperanza tiene la Argentina o el Mercosur de llegar a algún tipo de convenio?

    -Una cosa es que el proceso sea difícil, y otra que no haya interés. Para la UE, el Mercosur es una zona de alto crecimiento. El tiempo de negociar es ahora, porque se está acordando el Area de Libre Comercio de las Américas (ALCA). Lo que ocurrió con México puede pasar con la Argentina, y el mercado del Mercosur es más del doble que el mexicano.

    -¿Cuáles son los países más difíciles de convencer?

    -Hubo resistencias por parte de Francia, Gran Bretaña e Irlanda. A veces uno tiene la sensación de que hay cierta distribución de roles...

    -¿Uno juega el papel de malo y otro de bueno?

    -Yo no lo diría tan fuerte, pero es un poco así. Nosotros trabajamos en equipo con la Cancillería y las embajadas en los países de la UE: el juego hay que hacerlo también en las capitales.

    Manos en la tierra

  • La oficina de Lavagna está llena de plantas, entre las que se destaca un sinnúmero de cactos que él mismo cuida. "Sábados y domingos trabajo en el jardín de mi casa. Aun jugando al tenis me engancho con una cuestión de trabajo y ahí me matan a pelotazos; en cambio, cuando estoy con las manos en la tierra, sólo pienso en las plantas, estoy ahí y punto", dijo.
  • Un militante justicialista en la Alianza

    Pese a haber sido secretario de Industria y Comercio Exterior del gobierno de Raúl Alfonsín, jefe de los equipos económicos de José Octavio Bordón durante su campaña presidencial por el Frepaso y haber sido nombrado embajador por Fernando de la Rúa, Roberto Lavagna se definió siempre como un "justicialista independiente".

    "Tengo una formación justicialista y la mantengo -aseguró a La Nación -. No siento la necesidad de afiliarme a ninguno de los partidos que conforman la Alianza, pero siento que es la alternativa válida, como lo sentí en 1995 con Bordón."

    -Más que un justicialista independiente, parece un antimenemista...

    -Ser anti siempre es malo, la historia argentina está llena de conflictos anti. Así como a Alfonsín le tocó lo que se llamó la década perdida, porque las restricciones producto de la deuda eran enormes, a Menem le tocó una década excepcional. Hay que remontarse a 1880 para encontrar una disponibilidad de capitales igual. Sin embargo, yo creo que la desaprovechó plenamente, y la mejor manera de verlo son los niveles de desempleo, las recurrentes crisis, las exportaciones que no subieron lo suficiente, los cuatro puntos de déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, que es mucho; en el mundo cuando uno pasa de tres ya le ponen tarjeta amarilla. El gobierno de Fernando de la Rúa tuvo que hacer un ajuste fortísimo, se enfrenta a un problema de falta de competitividad en los mercados internacionales, a la pobreza y al desempleo. Eso es porque desaprovechamos las oportunidades excepcionales que esa década nos brindó.

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