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Hacia un gran acuerdo para el desarrollo nacional

Luis Contigiani
Luis Contigiani PARA LA NACION
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20 de noviembre de 2018  • 19:38

El último proyecto de desarrollo nacional en la Argentina hay que buscarlo en el siglo XX, bajo tres grandes vertientes. El aporte a la civilidad democrática que hace la Unión Cívica Radical; la reivindicación de la justicia social, los trabajadores, el mercado interno y el modelo de sustitución de importaciones del Peronismo del siglo XX; y la visión estratégica del desarrollo y la industrialización de todas las regiones del país, que aporta un sector del Desarrollismo.

Ese es el último gran proyecto de desarrollo nacional en la Argentina. El problema es que hace más de 40 años estamos detenidos, y no fuimos capaces de forjar un modelo de desarrollo nuevo. Frente a esto tendríamos que ser más humildes y los principales actores políticos deberían asumir su responsabilidad, al igual que las diferentes burguesías (uso el término con un poco de optimismo) que defendieron intereses que perjudicaron al país.

Desde mediados de la década del setenta, especialmente con la última dictadura militar, se puso en marcha un modelo económico de valorización financiera, que venía acompañado también de un fuerte proceso de concentración y extranjerización del sistema productivo. Hoy, a más de cuarenta años, tenemos un país donde el 80% de las exportaciones son hechas por empresas que no son de origen nacional, planteando de este modo una baja capacidad de maniobra para cambiar la realidad.

Una lectura reduccionista de una parte del establishment económico, político e intelectual expresa que la causa de todos los males es el déficit fiscal y que la eliminación del mismo debe ser un objetivo ordenador de toda la economía y la política. En este razonamiento el déficit no tendría otra explicación que un excesivo, desordenado y poco eficiente gasto público, el cual se demoniza al extremo. A esta altura, uno podría decir con cierta ironía, que "ojalá" el problema argentino fuese sólo el gasto público, porque el problema del déficit fiscal hay que buscarlo en otras causas, que son al menos cuatro:

1.A partir de haberse sustituido en la Argentina el modelo de industrialización por el de valorización financiera, la fuga de capitales es una de las principales causas del déficit estructural. Comparto con algunos economistas que hay que hacer un mapeo del gasto público, que hay que priorizar y eficientizar el servicio público. Pero también nos debemos un mapeo del sector privado y no estoy hablando de las pymes y cooperativas, sino de los grandes grupos económicos. ¿Qué hizo este poder económico en los últimos 40/50 años? Nos falta analizar el impacto de tener cerca de 400.000 millones de dólares afuera del país. ¿Por qué los tenemos? ¿Qué ha pasado?.

Aquí aparece la fuga de capitales como causa del déficit crónico de la Argentina y la recurrente idea o "atajo" de financiar este verdadero "agujero negro" vía endeudamiento interno y/o externo, ocasionando una crisis cíclica de la economía y trasladándole el mayor peso de esa crisis a la sociedad argentina. La consecuencia más dolorosa e inmoral de esta secuencia es tener un 32% de pobres en el país del pan. Y aquí no se salva nadie.

La primera causa del déficit fiscal o de cuenta de capital, es la fuga de capitales y no sólo el gasto público (que se tiene que revisar, priorizar, mejorar). Exceptuaría de esta realidad a un determinado sector del campo en la que podemos constatar que en las últimas décadas avanzaron, invirtieron y agregaron valor a la producción (y exportan), adaptándose a una revolución tecnológica-agroindustrial.

2.Otra causa estructural del estancamiento se debe a que nuestro país no genera dólares genuinos suficientes, porque somos dependientes de bienes intermedios importados, ocasionando serios problemas en la cuenta comercial, además de otras variables como las diferentes políticas cambiarias que hemos tenido a lo largo de la historia. Hace mucho tiempo que en la Argentina no se intenta una agenda en serio que tenga como objetivo la industrialización de la Argentina. Por el contrario, estamos bajo el pensamiento único de las teorías monetaristas. Y desde el monetarismo se quiere resolver la inflación, la inversión, el crecimiento, cuando nada de esto se va a lograr desde esta visión reduccionista y pobre de la economía. El monetarismo, la desregulación de los mercados, la teoría del derrame, el modelo de valorización financiera, representan uno de los fracasos recurrentes en nuestro país. Aunque algunos sectores privilegiados sacaron muchas ventajas de estas crisis.

3.Otro factor de nuestro estancamiento es la corrupción estructural e institucional, que es una condición muy influyente en el marco económico nacional y no está resuelto. Y aquí tampoco nadie puede tirar la primera piedra. Hay que hacerse cargo de algunas situaciones que se están dando en la actualidad y se vienen repitiendo en el país. Tanto de la corrupción estructural que proviene de modelos neoliberales y de valorización financiera (rentismo financiero, fugas de activos, lavado de dinero, evasión, prebendarismo, concentración de la riqueza, venta de nuestro patrimonio nacional), como la que surge de la coima y el enriquecimiento personal, usando a la política para beneficio individual y no como parte de un proceso de transformación y construcción orientado al bien común.

4.La ausencia de un gran acuerdo político entre capital y trabajo para el desarrollo nacional, es a mi criterio una de las causas más importante de nuestro subdesarrollo. Entonces, cuando se pone como eje principal la eliminación del déficit fiscal, comercial, de cuenta de capital como un fin en sí mismo, sin saber a qué objetivos estratégicos responde el mismo, evidencia el reemplazo de la alta economía política por una economía en la que prima la valorización financiera. Para no ser dogmáticos, el superávit gemelo no es de izquierda ni de derecha, debería ser una meta. El problema es al servicio de qué país lo pretendemos, bajo qué proyecto estamos buscando ese camino, que para mí punto de vista es un tema instrumental y de estrategia.

En este tipo de debate se habla mucho del término populismo. No acostumbro a usar esa palabra. No me gusta hacerlo porque primero tendríamos que ponernos de acuerdo qué significa, tanto para la historia de nuestro país, de Latinoamérica, o de Europa, para la cual tiene sin dudas otro significado. En todo caso si desde una perspectiva económica, el populismo es un intento de distribución de ingresos sin cambiar la matriz productiva, puede ser que sea parte del problema. Pero el verdadero problema de este país no está ahí, sino en la agenda monetarista, neoliberal y en la falta de un acuerdo para el desarrollo nacional.

La política, el camino para buscar acuerdos

Tenemos que animarnos a tomar otro camino, a valorizar la política democrática, a no buscar vencernos sino encontrar caminos de encuentro en la diversidad, fundado en comunes denominadores en los cuales tendríamos que estar todos de acuerdo, especialmente en el desarrollo nacional e industrial y la justicia social. A una Argentina que no se industrializó en término del siglo XX y que está muy lejos respecto al siglo XXI. A mejorar las condiciones del gasto y la inversión pública, a ser transparentes y eficientes, pero también a conducir al capital argentino. Porque el capital en el mundo está en China, en Vietnam, Francia o Estados Unidos. No sigue ideologías. Al capital o la inversión se la orienta, se la dirige, se la integra a los intereses del conjunto de una nación. Si la democracia delega esta tarea a los intereses de "mercado" lo que vamos a lograr es profundizar aún más la grietas (sociales, económicas, políticas, culturales) que estamos viviendo.

Por eso es importante establecer un pacto o acuerdo básico estratégico para forjar una agenda moderna, en Educación, cultura, investigación y desarrollo, inversión, energía, logística, exportaciones, mercado interno, inversión social. En este sentido, recomiendo al gobierno nacional que respete el valor del salario, que se anime a discutir y pararse sobre los excedentes de grandes empresas. Que el mercado no regula la acumulación de riquezas, ni distribuye los mismos, ni resuelve la exclusión. Y aquí podemos usar un ejemplo: en agosto de 2017 el BCRA decía en un informe que los bancos comerciales en la Argentina habían ganado 7000 millones de pesos y un año después, en el mismo mes, el BCRA dice que los mismos bancos comerciales ganaron 26.000 millones. Un 260% de aumento. Eso expresa la plenitud del modelo de acumulación por valorización financiera. Por eso tenemos que volver a la senda de la democracia, empoderar a la misma, y no solo los agonismos, sino también los acuerdos democráticos, aunque toquen intereses (lo debe hacer para ser tal).

Es urgente. De una vez y para siempre tenemos que salir de la trampa en la que estamos: dejar de ser un país periférico, subdesarrollado y con una pobreza escandalosa. Hay que convocar de manera urgente a la política con mayúscula y vocación patriótica a retomar el debate por un nuevo modelo de desarrollo industrial, para que no nos quedemos con que el último fue en el siglo XX. Que nos animemos a reconstruir nuestra Nación.

Diputado nacional por el Frente Progresista Cívico y Social

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