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Sobre el vilipendiado arte de la defensa

Pablo Vignone
Pablo Vignone LA NACION
Nadie le discutió a Gallardo la elección de cinco defensores en el primer partido
Nadie le discutió a Gallardo la elección de cinco defensores en el primer partido
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22 de noviembre de 2018  • 23:59

"El arte de la defensa tiene mala prensa", argumentó alguna vez un periodista joven en medio de una ardorosa discusión sobre táctica. Un argumento curioso teniendo en cuenta que los que debatían con fervor eran todos especialistas en comunicación. Pero en la previa de este superclásico definitorio se ha hablado tan al extremo de los ataques -la comparación de poderíos entre los de Boca y River copó la parada- que parece que las discusiones sobre aspectos defensivos son de tono menor, a contramano con la ambición de ganar la Copa Libertadores.

Siempre defender es más sencillo que atacar. No es ningún capricho: es científico. Las conclusiones de las leyes termodinámicas, que rigen en todo el universo -incluidos los campos de juego- lo demuestran sin resquicio dialéctico: se destruye mucho más rápido de lo que demora construir.

La discusión versa sobre el equilibrio. Durante mucho tiempo se calibró la intención de un equipo en función de la cantidad de jugadores disponibles para atacar y para defender. Pero esas premisas fueron derribadas con el desarrollo físico de los jugadores; mayor despliegue equivale a la posibilidad de cumplir más de una función en el terreno de juego. Los atacantes, tapando la salida de los rivales; los defensores, proyectándose para generar la sorpresa. Perogrullo puro.

River salió al campo de la Bombonera con cinco defensores, nominalmente; a los hinchas de la Banda Roja, enamorados del ingenio táctico de Marcelo Gallardo, no se les ocurrió cuestionarlo en función de un tradicional paladar exquisito. Ya se ha dicho en esta columna: desde las sombras, el temor a perder lo domina todo en esta decisión de la Libertadores. El resultado final, el 2-2, borró cualquier hipótesis de controversia. Ahora, la cátedra se inclina a pensar que el Muñeco alineará cinco volantes para esta revancha.

Y entre las posibilidades que baraja el Mellizo Barros Schelotto para sustituir al lesionado Pavón ninguna compromete la robustez del ataque boquense.

A la hora de pensar esta revancha, no hay porqué suponer que una zaga central estará más atareada que la otra. Sin la regla que valida doble al gol de visitante en condición de igualdad de puntos y goles, es como si se jugara en terreno neutral. Tampoco se podrá emparentar ataque con agresividad: a River podrán faltarle delanteros pero no le escaseará la voluntad de arrollar a su clásico rival. Una especial ocasión para Carlos Izquierdoz, el zaguero fetiche del Mellizo, que quiere diluir la mancha que le dejó el gol en contra en el partido de ida, una situación que bien podría haber conjurado Rossi dando el paso adelante. Esa es una gran diferencia: si a Maidana y Pinola los apoya la convicción que sostiene Armani en el área chica, Andrada puede significar un golpe adicional de confianza para Izquierdoz y Magallán.

Pero la diferencia sustancial respecto al partido de ida en la Bombonera es que ya no existe la necesidad de precaverse de una eventual amarilla. Sin nada que cuidar, en el Monumental habrá más pierna fuerte, más roce, más protagonismo de los zagueros centrales.

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