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La historia de Mani Djazmi, el periodista iraní ciego que vino a cubrir la súperfinal entre Boca y River

El periodista iraní Djazmi, entusiasmado ante la posibilidad de cubrir uno de los duelos futbolísticos más importantes del mundo
El periodista iraní Djazmi, entusiasmado ante la posibilidad de cubrir uno de los duelos futbolísticos más importantes del mundo
Nicolás Rotnitzky
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23 de noviembre de 2018  • 23:59

Una vez, Mani Djazmi vio un partido de fútbol. Fue hace más de treinta años. Irán ardía en una guerra y Teherán era una ciudad riesgosa. El fútbol apareció en la televisión de Mani como un respiro a los noticieros cargados de pólvora. Tenía cuatro años y la vista en peligro: por un problema genético, sabía que podía perder la visión en cualquier momento. El momento llegó algunos meses más tarde. Vio aquel partido, quedó hechizado por el juego. El fútbol era, en realidad, un descanso de la guerra. Solo una vez Mani vio un partido de fútbol. Ahora los ve de otra manera.

Con 38 años, un bastón blanco, Stuart Berry, su acompañante terapéutico, y Richard Padula, un productor periodístico, Mani Djazmi está en Buenos Aires. Vino a cubrir el Superclásico para el servicio global de radio de BBC, el medio público de Inglaterra. Conduce un programa y un podcast que se llaman World Football, donde cuenta historias de la pelota alrededor del mundo. Vive en Manchester, la ciudad donde el fútbol marca la moda global. No le interesa cubrir la Champions League o la Premier League. Persigue el fútbol que, afirma, "no le interesa a nadie". Aunque admite que esta vez hará una excepción: la próxima emisión será sobre la final entre River y Boca, el partido que hipnotiza a un país entero.

"El objetivo del programa es contar algo inusual, poder darle a la gente algo que desconoce" cuenta con su acento bien británico.

El show es famoso en Inglaterra. Por su micrófono pasaron Pep Guardiola, José Mourinho, Antonio Conte, Carlo Ancelotti, Joachim Low, Ivan Raktic, Ronaldinho. Pero esta tarde de noviembre está sentado con Rodolfo D'Onofrio. Como entrevistador, Mani es un seductor fatal. Quiere que el presidente de River se anime a hablar en su prolijo y coqueto inglés: "Qué buena voz que tenés, Rodolfo. No sé cuántos cigarrillos habrás fumado en tu vida, pero me estás dando una gran voz, una voz maravillosa", dice micrófono en mano, auriculares en los oídos.

El presidente del club de Núñez, que jamás dio un reportaje en otro idioma que no fuese en español y que entiende las preguntas pero que de todos modos recurre a un intérprete para que sus respuestas sean más precisas, se ríe a carcajadas. A veces, confundido por la mezcla de lenguas, suelta sus ideas en anglosajón. Mani sonríe como un niño frente a una vidriera repleta de chocolates.

Sus preguntas buscan al humano detrás del presidente. No quiere títulos rutilantes. No le importa saber si River va a construir un nuevo estadio o si Marcelo Gallardo continuará como entrenador el próximo año. A Mani le importa descubrir al hombre que llega a su casa y se desprende de su función, al señor ansioso que combate la ansiedad porque debe mostrar calma, al tipo que apenas duerme cinco horas por noche.

El confort se acaba un rato más tarde en La Bombonera. Pasmado por la cantidad de hinchas que en un día laboral fueron a presenciar un entrenamiento, aturdido por los fanáticos que trepan rejas desesperados por ingresar al estadio y despedir al plantel antes de la final, no deja de ocuparse de su trabajo. Pregunta todo el tiempo qué ocurre y pide que graben videos con su celular para subir en sus redes sociales. A pesar del esfuerzo, de una caminata de diez cuadras para llegar a la puerta de prensa, no pudo entrar al estadio. Desbordada e ineficiente, la seguridad le impidió la entrada. Los dirigentes más influyentes tampoco lo ayudaron a conseguir un lugar. Se irá, entonces, con una foto de la fachada del templo Xeneize.

Mani es un reportero de una escuela que parece acabada, que va contra la corriente de la inmediatez. La vocación por el periodismo apareció como el único plan: "De niño miraba noticieros enteros. Me gustaba contarles las noticias a mis padres. Entonces entendí qué quería hacer para vivir: contarle las noticias a todo el mundo. Así empecé como freelance: sin trabajo y sin plan B. No tuve más opción que seguir", relata. Y siguió. Ahora trabaja en el departamento de deportes que BBC montó en Manchester. Viaja doce semanas al año. Estuvo más de un mes en Rusia durante el Mundial, hace pocos días fue a Sudáfrica para cubrir el clásico de Johannesburgo, y el próximo destino es Abu Dhabi, pero no para cubrir el Mundial de Clubes, sino para seguir la Copa de Asia.

Sin embargo, no siempre fue fácil. Sus padres, su hermano y Mani dejaron Irán cuando él tenía cuatro años. Se fueron a Inglaterra en búsqueda de la solución a su ceguera inminente. Se fueron sin nada. Sin hablar inglés. Sin trabajo. Sin más aspiraciones que operarse y pasar dos semanas en Cambridge. Pero la operación falló. Mani jamás recuperó la visión. Se quedaron en Inglaterra porque consiguieron un colegio especial para chicos con su condición. Mientras tanto, su padre empezó a pintar obras de arte, su madre cuidaba de él.

-A veces creo que fue una bendición. Si la operación salía bien, hubiésemos vuelto a Irán, donde había guerras y armas nucleares. No sé si allí hubiese tenido las oportunidades que tuve.

Las oportunidades lo trajeron al partido de sus sueños: "Siempre soñé con este River-Boca. Soy muy fanático del fútbol sudamericano porque aquí es donde el fútbol se quita el maquillaje, viste algo cómodo y puede ser él mismo. Es el último sitio donde el fútbol sigue siendo genuino, donde los futbolistas juegan como lo harían los hinchas. Y eso es brillante", dice.

La imaginación es una herramienta clave para Mani a la hora de construir sus relatos e historias
La imaginación es una herramienta clave para Mani a la hora de construir sus relatos e historias Crédito: Rodrigo Néspolo

Mani recuerda cuando Guillermo Barros Schelotto y Marcelo Gallardo eran figuras de Boca y de River. Recuerda el pasado, y sigue el presente con entusiasmo. Describe el gol que falló Darío Benedetto en la última jugada del partido de ida y sabe que Exequiel Palacios está pronto a irse al Real Madrid. Habla del posible rol de Carlos Tevez en la revancha y se esperanza con el talento de Gonzalo Martínez. Lo dice todo como si lo viera con sus ojos.

Mani ve a través de Stuart, su acompañante terapéutico. Si no dispone de una radio, Stuart es un actor estelar para construir el engranaje con el que Mani comprende los partidos. Primero le da a su acompañante una lista con las formaciones y datos de los futbolistas. A los cinco minutos de juego, le pide que le explique cómo están parados tácticamente ambos equipos. Y necesita que le nombren todo el tiempo al jugador que tiene la pelota para así vislumbrar en qué sector del campo de juego se está desarrollando el encuentro. "El resto sucede en mi imaginación", suelta.

- ¿Y qué tan importante es la imaginación para vos?

- Muy importante, como para todos. Es que sin la imaginación es imposible empatizar con la gente.

Djazmi en el repechaje de Perú a Rusia 2018

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