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Temor y fe: los últimos días del misionero norteamericano que murió a flechazos en una isla remota

El diario de John Allen Chau revela una personalidad decidida a evangelizar a los cazadores-recolectores de Sentinel del Norte con la certeza de que se estaba jugando la vida
El diario de John Allen Chau revela una personalidad decidida a evangelizar a los cazadores-recolectores de Sentinel del Norte con la certeza de que se estaba jugando la vida Fuente: AP
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23 de noviembre de 2018  • 14:08

NUEVA DELHI.- Ya la noche anterior a su última visita a la remota isla Sentinel del Norte, John Chau temía una muerte inminente.

"Tengo miedo", escribió el estadounidense de 26 años del estado de Washington, que había viajado a la isla en una misión clandestina para evangelizar a sus habitantes y convertirlos al cristianismo. "Miro la puesta del sol y es hermosa. Lloro un poco. Me pregunto si será el último atardecer que vea".

Sus contactos iniciales con los sentineleses, una minúscula tribu de cazadores-recolectores que rechazan todo contacto con el mundo exterior, no habían salido bien. Un adolescente le había lanzado una flecha que perforó su Biblia, resistente al agua.

Pero John decidió regresar a la isla y probar suerte otra vez, movido por el sentimiento de que era un instrumento de Dios.

"Señor, ¿será esta isla el último bastión de Satanás, donde nadie ha escuchado ni ha tenido siquiera la oportunidad de escuchar tu nombre?", escribió en los últimos días en un diario que su madre compartió con The Washington Post.

Los sentineleses mantienen intacto su estilo de vida desde el principio de los tiempos bajo la protección de las leyes indias
Los sentineleses mantienen intacto su estilo de vida desde el principio de los tiempos bajo la protección de las leyes indias Fuente: AFP

John les dejó esas 13 páginas escritas en lápiz y birome a los pescadores que lo habían trasladado a la isla. La mañana siguiente al viaje final de John a la costa de la isla, los pescadores encontraron su cuerpo enterrado en la arena.

La policía de la ciudad de Port Blair, capital de las Islas Andamán y Nicobar, envió días atrás un helicóptero y un equipo de oficiales en bote para evaluar si era posible recuperar el cuerpo. En Port Blair también hay diplomáticos estadounidenses para brindar asistencia.

El diario de John nos muestra el retrato de un joven obsesionado con la idea de llevar el cristianismo a los sentineleses, que son apenas unas decenas de indígenas que hace siglos viven básicamente sin contacto con el mundo exterior, protegidos de los visitantes por la ley india.

El diario también revela que John sabía que su misión era ilegal. Hay notas sobre las maniobras que hizo para evitar a las autoridades indias que patrullan las aguas cerca de la isla Sentinel del Norte.

"Dios mismo nos escondía de la guardia costera y de muchas patrullas", anotó en una descripción de su viaje en bote.

John no le había contado a nadie sobre su plan de contratar a pescadores locales para llevarlo a la zona de la tribu porque "no quería poner en riesgo a otros amigos", según le comunicó a su madre Bobby Parks, uno de sus compañeros, tras la muerte de John.

La paradisíaca isla Sentinel del Norte, sobre el Océano Indico, se convirtió en una obsesión para el misionero Chau
La paradisíaca isla Sentinel del Norte, sobre el Océano Indico, se convirtió en una obsesión para el misionero Chau Fuente: AP

La funesta expedición de John causó indignación generalizada en una India con mayoría hindú, donde los evangelistas cristianos muchas veces son vistos con bronca y suspicacia. Los críticos dicen que la violación descarada de la ley india fue una decisión egoísta y puso a la frágil tribu en riesgo, exponiéndola potencialmente a las enfermedades modernas, contra las que no son inmunes.

John, un ávido viajero graduado en la Universidad Oral Roberts, ya había visitado las Islas Andamán y Nicobar cuatro veces y estaba fascinado por la belleza natural y el aislamiento de la zona.

En el bote rumbo a la isla Sentinel del Norte -de noche, para evitar ser detectado por las autoridades-, John escribió haber visto plancton bioluminiscente bajo el cielo estrellado, mientras los peces saltaban y volvían a sumergirse en el agua como "sirenas punzantes".

Tras remar en un kayak hasta la isla, John intentó interactuar con los habitantes regalándoles pescado, tijeras y alfileres de gancho, y cantando "salmos de alabanza". En su diario, hay una sección dedicada a sus impresiones de los sentineleses: anotó detalles de su lengua ("muchos sonidos agudos") y gestos.

Hacia el final del diario, John se preguntó si debía abandonar su misión o volver a la isla y jugarse la vida.

"Creo que sería más útil estando vivo. pero tuya es, Señor, toda la gloria de lo que pueda suceder", escribió John. Y le pidió a Dios que perdonara "a cualquiera de las personas de la isla que intente matarme, especialmente si logran hacerlo".

(Traducción de Jaime Arrambide)

The Washington Post

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