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Qué es el poco conocido "síndrome del impostor"

Alejandro Melamed
Alejandro Melamed PARA LA NACION
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25 de noviembre de 2018  

En reiteradas ocasiones se observa la situación en la que un profesional, ejecutivo o funcionario se auto interroga si realmente está lo suficientemente preparado para la posición que ocupa. Para poder comprender en profundidad del fenómeno, la invitación es a sentarnos en un espacio íntimo y hacernos las siguientes preguntas con tranquilidad y con sinceridad para poder direccionar apropiadamente nuestra trayectoria profesional en este contexto ágil, dinámico, de transformación digital y tecnologías exponenciales.

1. ¿Temés que descubran que no estás capacitado para ocupar el lugar profesional en el que estás?

2. ¿Tenés miedo que en algún momento tus colegas, clientes o colaboradores se den cuenta que no sabés lo que decís que sabés?

3. ¿Pensás que hay personas que podrían hacer tu trabajo mucho mejor que vos?

4. ¿Sentís que la suerte fue el factor crítico de tus logros profesionales?

5. ¿Te molesta que te feliciten por esos logros, porque pensás que no te corresponde?

Este cuestionario, basado en el trabajo de los psicólogos Pauline R. Clance y Suzanne A. Imes, busca descubrir si padecemos de lo que se denomina el "Síndrome del Impostor". Si alguien responde positivamente a tres o más de estas preguntas, está posiblemente sufriendo el mismo.

El "impostor" -que no es en realidad un impostor, sino alguien que a través de este síndrome piensa que lo es- cree y siente que ocupa un lugar profesional que no le corresponde, que no está capacitado para hacer su trabajo, y que tarde o temprano será descubierto.

Desde este punto de vista, la persona que lo sufre, vive y trabaja bajo la creencia de que no se está preparado para un puesto o un determinado trabajo, o que no es lo suficientemente inteligente o formado, más allá de que las evidencias muestren lo contrario. Este "falso impostor", piensa que lo que logró es pura obra de la casualidad y la suerte mas no de su talento y esfuerzo. Paradójicamente, la mayoría de los "impostores" (que sólo creen que lo son), suelen ser personas de altísimo rendimiento profesional ("High achievers") y suelen lograr resultados extraordinarios.

Un comportamiento muy habitual cuando alguien se siente un "impostor", es trabajar en exceso, estudiar exageradamente, prepararse mucho más de lo necesario. Ello podría conducir al estrés por exceso, agotamiento y otro síndrome cada vez más -lamentablemente- habitual: el burnout (o estar "quemado"). Los "impostores" tratan de compensar la supuesta falta de competencia con la sobreabundancia de preparación. Además, hay un riesgo también cierto, de crear una profecía autocumplida: tanto se siente que uno es un impostor, y tanto lo transmite, que se termina haciendo que así suceda. Esa imagen proyectada, finalmente se convierte en realidad.

Las razones por las que se genera son múltiples; se suelen identificar a la baja autoestima, la presión excesiva de padres, docentes o colegas entre muchas otras.

¿Qué podemos hacer si nos encontramos detectando este síndrome en nosotros mismos? En primera instancia - y lo más importante-, es admitirlo. Compartirlo con personas de nuestra confianza es el siguiente paso. Las acciones posteriores incluyen ser realistas y aceptar el error como parte de nuestro proceso de aprendizaje, escuchar a otros, considerar que el camino de aprendizaje es permanente; poner en perspectiva nuestros logros y las oportunidades de mejora; fijarnos expectativas acordes con la realidad, que nos hagan crecer y avanzar paso a paso, desafiantes pero alcanzables. Ser honestos, transparentes y justos con nosotros mismos es un desafío diario, que nos conducirá a generar un contexto más humano, donde mejores personas impulsen mejores organizaciones y sociedades más vivibles.

Consultor en Innovación Disruptiva

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