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Drama, lirismo y redención: los diarios de Sylvia Plath

La poeta bostoniana
La poeta bostoniana
Daniel Gigena
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1 de diciembre de 2018  • 17:00

En 2007, la publicación casi completa de los diarios de Sylvia Plath a cargo de Karen V. Kukil no solo permitió aclarar ciertas dudas sobre la vida de la poeta bostoniana sino también, en especial, iluminar su método y proceso creativo. Sin embargo, esa edición no incluía los diarios escritos entre agosto de 1957 y noviembre de 1959 porque su esposo y heredero, el poeta inglés Edward "Ted" Hughes, había establecido que esos diarios debían abrirse recién en 2013. Diarios completos, publicado en Santiago de Chile por Ediciones Universidad Diego Portales, contiene todos los diarios de la autora de Ariel.

Perdidos para siempre, no se conocerán los cuadernos destruidos o extraviados por Hughes. Muchos dedujeron que el autor de Cartas de cumpleaños, al descubrir que aparecía mal representado en los escritos de Plath, se deshizo de los cuadernos después del suicidio de su esposa. El poeta inglés, que acusó a la prensa de haber creado una fantasía en torno a los textos privados de Plath, admitió que solo había destruido el cuaderno con las anotaciones que su mujer había hecho días antes de su muerte.

Diarios completos, editado por Juan Antonio Montiel y traducido por Elisenda Julibert, abarca un gran periodo de la breve vida de la escritora: va de julio de 1950 a julio de 1962. Son casi 900 páginas que abren una ventana al mundo de Plath, que se quitó la vida en 1963, a los treinta años. La edición es una transcripción de los 23 manuscritos originales adquiridos por el Smith College, donde Plath se formó y dio clases de literatura inglesa.

Entrada de los diarios de Plath (enero de 1958)
Entrada de los diarios de Plath (enero de 1958)

En carne viva

Había nacido el 27 de octubre de 1932 en un barrio de Boston y, desde niña, mostró sensibilidad por la escritura. Publicó su primer poema a los ocho años y, desde entonces, no abandonó la literatura. De niña quedó huérfana de padre (Otto Plath era biólogo y profesor en la Universidad de Boston) y quedó al cuidado de su madre y los abuelos maternos. Sylvia escribía cuentos, dibujaba (en los diarios incluso aparecen algunas viñetas), tocaba el piano y publicaba poemas en revistas literarias. Y en simultáneo, desde los once años, escribió diarios sin interrupción. Como suele ocurrir en ese "género" que cultivaron y cultivan tantos escritores, combinaba relatos de anécdotas, apreciaciones literarias, interpretaciones de recuerdos de infancia y también recomendaciones a sí misma expresadas en segunda persona: "Consuélate leyendo a Hopkins".

En las páginas de los primeros años de los diarios publicados de Plath (antes de que ella conociera a Hughes) se evidencia la tensión entre ser la mujer sumisa que la sociedad estadounidense de los años 50 esperaba que fuera y la feminista que anhelaba ser. Según se percibe en los diarios, la madre de Plath estaba del lado de la sociedad. "Mi gran tragedia es haber nacido mujer", anotó la poeta en su juventud.

"Fue una mezcla maravillosa de lirismo y sinceridad; fue a la que quiso ocultar Hughes; fue desesperadamente sincera y brutal: jugó en sus versos con la muerte hasta que la convocó tras dejarles el desayuno prepaprado a sus hijos. Fue alguien en carne viva", dice a LA NACION la poeta y traductora Cristina Piña. Nicholas, uno de los hijos del matrimonio de Plath y Hughes, fue profesor de Ciencias del Mar en la Universidad de Alaska Fairbanks. Se suicidó en 2009. Frieda Hughes es poeta, escritora para niños y pintora. "Los hijos quizás me humanicen, pero no debo depender de ellos para nada. La fantasía de que los hijos te cambian la existencia y el carácter es tan absurda como la de que el matrimonio lo hace", escribió Plath en su diario, en 1959.

Cuando estudiaba en el Smith College, Plath tuvo el primero de sus intentos de suicidio. Así lo recrea en su novela La campana de cristal, que publicó en Inglaterra por consejo de Hughes, y con seudónimo, poco antes de suicidarse, en 1963. En Estados Unidos, esa obra se publicó luego de su muerte y de la aprobación de la madre de la poeta (que no queda bien parada en esa obra si se la lee en clave autobiográfica). Luego de ese episodio, Plath inició una terapia y, en 1955, pudo graduarse con honores. Su poesía empezaba a adquirir un fuerte sesgo dramático; sabía ser cínica sin perder la huella en pos de una redención por el arte. Publicó El coloso, su primer libro de poesía, en 1960. "El verano envejece, madre fría,/ y los insectos son raros y escuálidos./ En este hogar palustre solamente/ graznamos, nos ajamos", se lee en uno de los poemas de ese volumen.

"Plath es una de esas poetas que anuncian la muerte a través del deseo y una fina exquisitez que se desliza en la poética confesional de la palabra como línea de una respiración contenida -señala la escritora y psicoanalista Alicia Digón-. 'En otros lugares el paisaje es más franco,/ las luces mueren súbitas, cegadoramente', escribió. ¿Qué pasa con el hilo de una poeta que hace equilibrio entre su finitud y su infinitud? ¿Qué extraños mensajes recibe desde el Otro que mora en su voz? Hay una constante y sinuosa línea que lleva a Plath a decir lo que no está. Lo que mora distante en sus intentos a ¿vivir? Su poesía nos remite al universo brillante de imágenes que solo el viento entiende, acepta y lleva a otros universos impensados".

Portada de "Diarios completos", volumen publicado en Chile este año
Portada de "Diarios completos", volumen publicado en Chile este año

Aprendiendo con los grandes

Gracias a una beca Fulbright, Plath viajó como graduada a Inglaterra para estudiar en la Universidad de Cambridge. Allí conoció a Hughes. Enamorados, se casaron en junio de 1956. Ambos vivieron y trabajaron en Estados Unidos desde julio de 1957 hasta octubre de 1959; ella daba clases en el Smith College (a veces, con poco ánimo, como dejan en claro los diarios de esos años). "Estoy agotada, así que me llevaré un vaso de leche caliente a la cama y leeré un rato más a Hawthorne. Tengo los labios resecos y agrietados, y me los muerdo hasta dejármelos en carne viva. Soñé que tenía unos arañazos largos que me escocían en el dorso de la mano derecha, pero al bajar la mirada veía mis manos blancas e indemnes, sin el menor rastro de sangre seca", anotó en febrero de 1958.

A los dos años de casados, Plath descubrió que Hughes mantenía romances con estudiantes. Eso determinó un nuevo período de crisis. En 2003, el film Sylvia, de Christine Jeffs, cuenta la difícil relación de la escritora (interpretada por Gwyneth Paltrow) y Hughes, a cargo de Daniel Craig. Poco después se mudaron a Boston, donde Plath asistió a seminarios con el poeta Robert Lowell. Esos cursos ayudaron a que la escritura de Plath empezara a distanciarse de las influencias de su pareja y ella encontrara una voz propia. Otra autora que marcó a Plath de manera notable fue Anne Sexton. Con acentos variados en cada caso, la clase de poesía confesional que cultivaban Lowell y Sexton alimentó las posibilidades poéticas de Plath.

Entrada de los diarios de Plath con un dibujo de la poeta (junio de 1960)
Entrada de los diarios de Plath con un dibujo de la poeta (junio de 1960)

Luego, ella y Hughes se mudaron a Londres. Allí, luego de sufrir un aborto, la escritora inició un tratamiento psicoanalítico con la doctora Ruth Beuscher, donde revivió la relación con su madre y le permitió iniciar la escritura de La campana de cristal, donde creó a Esther Greenwood, su álter ego. Los problemas matrimoniales retornaron y la pareja se separó poco tiempo después. "Parecía errática y pensé que era porque se estaba quedando dormida. Pero entonces su tono cambió y habló con enojo sobre Ted y Assia Wevill, la mujer por quien la había dejado", contó la escritora Jillian Becker, amiga de Plath, una de las pocas personas que la vio antes del suicidio. Cuatro años después de ese hecho, Wevill también se suicidaría. Hughes murió en 1998.

Para vivir con sus hijos, la poeta había alquilado un departamento donde había vivido W. B. Yeats; en ese momento, consideró la coincidencia un buen presagio. En el invierno de 1963, enferma, angustiada y con poco dinero, Plath dejó abierta las llaves de gas de la cocina, metió la cabeza en el horno y murió asfixiada. Su sepultura, en la que crece un rosal, se encuentra en el cementerio de Heptonstall, un pequeño pueblo al norte de Inglaterra. Varias veces manos anónimas intentaron borrar el apellido de Hughes de la lápida.

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