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J Balvin cantó con Duki y Anitta en el Luna Park

Anitta, J Balvin y Duki en el Luna Park después de cantar "Machika".
Anitta, J Balvin y Duki en el Luna Park después de cantar "Machika". Crédito: Mono Gómez/Gentileza Lauría
Lucas Garófalo
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25 de noviembre de 2018  • 11:44

El show de J Balvin empezó hace menos de un minuto, pero el público ya está a 30 centímetros del piso, saltando por encima de las butacas del Luna Park y haciendo ruido para recibir a Anitta , la cantante brasileña, que aparece sin avisar y le pone perreo, sensualidad y melodía al beat guerrero y machacante de "Machika", el reggaetón apocalíptico que cierra Vibras, el último disco del colombiano. Treinta segundos más tarde el que entra por el costado del escenario es Duki, en su tercera performance en el Luna Park del año: estuvo acá como invitado de Bad Bunny en mayo, dio el show consagratorio del trap argentino con entradas agotadas en octubre, y ahora desbloquea un nuevo nivel de euforia de los fans de Balvin, que están recibiendo demasiada información en apenas la primera canción del setlist. Nada de ir construyendo el clima de a poco: en el show de la máxima estrella latina de la música urbana no hay tiempo que perder.

El espectáculo está pensado alrededor de la idea de un parque jurásico. Durante el primero de los cuatro bloques del show, el único acompañante fijo de Balvin es un tiranosaurio inflable de diez metros, y hay más dinosaurios corriendo y ¿bailando? en la pantalla que ocupa todo el fondo del escenario. Después de "Machika", siguen "Cuando tu quieras", "Ambiente" (en la que el colombiano ensaya un freestyle y menciona a Cazzu, Khea, Duki y Paulo Londra, los cuatro jóvenes argentinos que están rompiendo fronteras en la región) y el clásico "Ginza" ("Si necesita reggaetón, ¡dale!"), una seguidilla eufórica de reggaetón estricto que establece el tono de la noche.

Si bien se nota que detrás de la pantalla hay una banda de apoyo que le da mayor contundencia a los beats de DJ Pope (ubicado en la consola de sonido), Balvin está solo en el escenario a lo largo de casi todo el set, con la eventual colaboración de un grupo de bailarines y bailarinas en estado de twerk furioso. No es el más vistoso de los performers: no tiene la mejor voz, no baila particularmente bien ni es un virtuoso de las melodías... pero tiene los hits. De "X", su colaboración de este año con Nicky Jam, a "Downtown" (durante la cual Anitta vuelve a subir para una performance ultra hot sobre una silla), pasando por "Ahora dice", "Sensualidad", "Si tu novio te deja sola", "Mi gente" y más, la lista de temas se termina imponiendo. No hay otro artista del género que haya contribuido con tantos éxitos al sonido de la radio mainstream de los últimos cinco años, y eso le da a su show una efectividad casi inevitable.

Pero, además, hay algo en la soltura y la autenticidad del colombiano que le permite conectar con el público de una manera que otras estrellas no logran. Balvin parece genuino: no vende algo que no es. Su amor por el reggaetón se ve sincero, algo que queda claro en "Reggaetón", el tema que editó hace diez días, en cuyo video sale con una remera con la tapa de Barrio fino (el disco clásico de Daddy Yankee), y les agradece a Tego Calderón, Yaviah y otros pioneros del género. Esta noche en el Luna Park, de hecho, se queda con una frase de la canción en loop y le pide al público que lo acompañe. "Dios bendiga al reggaetón, amén", repite Balvin como un mantra, predicando para un coro de convencidos.

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