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Sudáfrica en tren: tres días sobre rieles

De Pretoria a las playas de Durban, sobre el Índico, el Rovos sale de safari y cruza sabanas y la llamada cordillera del dragón, el Drakensberg, para desvelar un condensado de África
De Pretoria a las playas de Durban, sobre el Índico, el Rovos sale de safari y cruza sabanas y la llamada cordillera del dragón, el Drakensberg, para desvelar un condensado de África
Pierre Dumas
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25 de noviembre de 2018  

En el sur de África se encuentra la red de trenes de lujo más asombrosa del mundo. Y lo más llamativo es que nació del sueño de un solo ferroaficionado. Se llama Rohan Vos y a mediados de los años 80 empezó a renovar trenes para hacerlos circular por estas vías. Como su sueño era también el de otros, en poco tiempo Rovos Rail creció y se convirtió en la principal empresa ferroviaria de lujo en el sur del planeta. Es una especie de Orient Express de las sabanas; refinados vagones que circulan sobre los territorios de caza de manadas de leones.

Los trenes de Rovos recorren todo el sur del continente por las vías que dejó el Imperio Británico. Desde una base en Pretoria llegan hasta Ciudad del Cabo y Durban en Sudáfrica pero también hasta Bulawayo y las cataratas Victoria en Zimbabwe; hasta Namibia, Angola, Zambia y el lejano puerto de Dar es-Salam, en Tanzania.

Una partida desde el siglo XIX

La empresa tiene su base, estación y talleres en la capital sudafricana. Y es también el punto de partida de los viajes. El predio queda a menos de dos horas de la gigantesca y bulliciosa Johannesburgo. Para llegar hasta las puertas bien custodiadas del recinto se pasa por barrios residenciales, avenidas bordeadas por embajadas y una colina desde la cual cañones victorianos siguen apuntando hacia un improbable enemigo.

Apenas se pasan estas rejas, se entra en el África de las postales de los imperios coloniales. El personal de servicio abunda. Lleva impecables uniformes y se dirige al público con una amabilidad algo obsequiosa. El gran salón está ambientado como el un club inglés. La única diferencia consiste en los grandes ventiladores que mueven lentamente el aire desde los techos.

Se entra en este mundo sin valijas: quedan en la puerta y reaparecerán directamente en la cabina. Se ingresa en la estación de Rovos como en las películas o las novelas de Karen Blixen. El siglo XXI se quedó del otro lado. El ritmo también es retro: de repente todo se vuelve más distendido y más apacible. Mientras se completa el grupo de pasajeros, se toma tés con scones, un desayuno victoriano. Finalmente, llega Rohan Vos en persona. Nunca falta a la partida de uno de sus trenes y recibe él mismo a sus pasajeros, dando las consignas esenciales que regirán la vida a bordo durante el viaje. Una de ellos es el código de vestimenta, estricto pero acorde al glamour que le dan al viaje las boiseries y los terciopelos de los vagones.

Vos es más un anfitrión que un empresario ferroviario. Por lo menos es la impresión que quiere dar, saludando a todos por su nombre e invitando a pasar a los talleres para conocer el lugar donde se refaccionan los vagones y las locomotoras. Cuenta en camino cómo nació este emprendimiento, que surgió de un primer viaje en el cual participaron solo cuatro personas. Actualmente la demanda supera la capacidad de los trenes y se están alistando nuevos convoyes.

PUNTO DE PARTIDA

En esta época del año, Pretoria tiene algo en común con Buenos Aires. Es el tono azulado que le dan a sus calles miles de jacarandas. En tiempos del apartheid era una ciudad reservada a las poblaciones blancas y es uno de los bastiones del idioma afrikáans, variante de holandés. Andries Pretorius fue un granjero y un militar bóer que ganó batallas contra los zulúes a mediados del siglo XIX.

Si el viaje en tren empieza temprano, se recomienda pasar la noche anterior en un hotel de Pretoria y no en Johannesburgo. Aunque las ciudades sean cercanas (70 kilómetros), el trafico es denso y el viaje suele demorarse en horarios pico por la mañana.

Si hay tiempo para un par de visitas, se pueden dedicar al centro histórico, edificios oficiales y algunos museos. Como el dedicado a Paul Kruger, conocido por el gran parque nacional en el este del país. Fue el último presidente del Transvaal y una figura histórica de la resistencia frente a los ingleses.

Para las compras (ayuda la devaluación del rand) el Mall of Africa, en las afueras de Pretoria, es el más grande del continente y uno de los más extensos del mundo.

UN MUNDO ENTRE CABINAS Y PASILLOS

El traqueteo de los vagones marca el ritmo regular de los tres días de viaje hasta Durban. El tren pasa por las estaciones de Germiston, Volksrut, Ladysmith y Pietermaritzburg, nombres exóticos que marcaron la historia sudafricana aunque digan poco a pasajeros de otros continentes. Los melómanos asociarán una de estas estaciones el conjunto coral Ladysmith Black Mambazo y quien haya leído la biografía del Mahatma Gandhi recordarán el episodio del "incidente del tren". El entonces joven abogado indio no quiso bajarse de la primera clase reservada a los blancos y provocó un escándalo en Pietermaritzburg. Por eso su busto está bien expuesto en la estación.

Un busto de Mahatma Gandhi en la estación de Pietermaritzburg
Un busto de Mahatma Gandhi en la estación de Pietermaritzburg

Entre una parada y otra (para las excursiones y para dejar dormir a los pasajeros por la noche), el tren se abre camino por las colinas del Transvaal, al sur de Pretoria, y cruza el Drakensberg, cadena de montañas bajas pero empinadas.

La vida a bordo se organiza al ritmo de las comidas y en los espacios públicos al final del convoy. Varios vagones sirven de salones y bares y el último tiene una terraza abierta para aprovechar mejor los paisajes.

Las mesas se ocupan por parejas, de cuatro en cuatro, lo que hace de las comidas la mejor ocasión para conocer a los demás pasajeros, en su mayoría europeos, norteamericanos y sudafricanos. Los mozos cuentan sin embargo que reciben regularmente a pasajeros argentinos.

La misma diversidad se encuentra entre el personal: hay zulús, tswanas o miembros de las demás etnias del país; y también descendientes de bóers y colonos ingleses. Otros son hijos de colonos portugueses que se mudaron, siempre dentro de Africa, cuando se independizaron Angola y Mozambique.

LA LLEGADA A DURBAN

Al final del tercer día, el tren llega finalmente a destino. Desde la estación de Pietermaritzburg hasta Durban, el viaje es largo por rieles pero corto por carretera (menos de una hora). Por esta razón, Rovos Rail da la opción de terminar antes el viaje, a bordo de un bus, a quienes tienen conexiones de avión u horarios ajustados.

En Durban, Sudáfrica muestra otra de sus múltiples caras. Por razones de seguridad (es una de las ciudades con mayor tasa de criminalidad del país) el turismo se confina a la costanera, a lo largo de la Golden Mile, una playa y costanera parquizada con juegos y jardines. Los hoteles forman una skyline junto a algunas torres corporativas en segundo plano.

A diferencia de Johannesburgo o de los pequeños pueblos del Drakensberg que el Rovos Rail acaba de cruzar, Durban tiene una población muy cosmopolita y se evidencia enseguida la importante comunidad de origen indio que vive allí.

La Golden Mile Beach termina en el Durban Point, que marca la entrada al puerto, cerca del Acuario. Es uno de los mayores atractivos de la ciudad y uno de los más importantes en el sur del planeta.

SIN MOVERSE

El segundo día se programa la primera parada; un safari de avistaje de animales en la reserva privada de Nambiti
El segundo día se programa la primera parada; un safari de avistaje de animales en la reserva privada de Nambiti

La gracia del viaje en tren está en esa sensación de moverse sin moverse, viendo el mundo por las ventanas de los vagones. Aparecen y desaparecen tan pronto pueblos de casitas redondas y techos cónicos de paja como pequeñas ciudades de chapa, como barriadas empobrecidas de América Latina y otras de chalets floridos que parecen injertos de la lejana Europa. Se ven niños en uniformes escolar que saludan desde las rutas, y otros que miran el tren con dureza en los ojos… Atajos de un país complejo y herido por una historia cruenta que se dejan apenas entrever.

Las paradas no dan mayores acercamientos a la realidad. El tren es un mundo artificial y de la misma manera que su ambientación enmarca la vida a bordo entre códigos victorianos, su realidad es una burbuja que cuida y aísla celosamente a los pasajeros.

La meta es cumplir con el ritual de los Big Five, tratar de ver durante una sola salida a las cinco especies de grandes mamíferos que eran un peligro para los cazadores de antaño: el léon, la pantera, el búfalo, el rinoceronte y el elefante.

Es como en los álbumes de figuritas: algunas son más fáciles de conseguir que otras. Y muchas veces falla el encuentro con las panteras, el más escurridizo de estos cinco.

El mismo día, por la tarde, se programa la segunda parada y es a elección: otro safari (que no se recomienda por la hora, en el momento de más calor vespertino) o una charla con un historiador local frente a las montañas donde se libraron batallas entre bóers e ingleses a principios del siglo XX.

La tercera parada, en Pietermaritzburg, ocupa la mañana del tercer día. Es una visita al taller Ardmore Ceramics, cuyas figuras de animales se venden en las tiendas de decoración de Johannesburgo y del Cabo. Su creadora, Fée Halsted, recibe en el gran salón de venta y recuerda su trayectoria desde Zimbabwe hasta esta región de colinas y arroyos del Natal. Habla de los artistas que recibe en formación como de sus "negritos", con un tono paternalista, aunque reconoce que la fama de su taller se la debe principalmente a ellos y sus inspiradoras culturas.

Detalles y calidez en uno de los camarotes
Detalles y calidez en uno de los camarotes

Antes de salir

El representante de Rovos Rail en la Argentina es la agencia mayorista Essential Travel, que comercializa los viajes a través de agentes de viajes. Contacto: 52741100, www.essentialtravel.tur.ar y en Facebook: @elmundoentren

El viaje de tres días entre Pretoria y Durban cuesta US$ 2400 por persona, en fórmula all inclusive (comidas, bebidas, excursiones, traslados).

Para tener en cuenta:

Wi-fi: no hay a bordo del tren. Y las conexiones son escasas durante las paradas. Hay que tomarlo como otro toque retro.

Vestimenta y comidas: durante el día se recomienda ropa cómoda. Pero de noche las mujeres deben vestir robes de soirée y los hombres saco y corbata.

Moneda: como otras monedas emergentes, el rand fue devaluado recientemente y actualmente se cotiza a AR$ 2,50.

Electricidad: Sudáfrica tiene un sistema peculiares y hay que equiparse con adaptadores que tengan fichas D o M.

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