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Francia y los "chalecos amarillos"

Ola de protestas en el centro de París
Ola de protestas en el centro de París Fuente: Archivo
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27 de noviembre de 2018  

Decenas de miles de enardecidos franceses, ataviados con los típicos chalecos amarillos reflectores que las leyes de tránsito galas los obligan a llevar en sus automóviles, salieron a las calles a lo largo de los últimos días, espontáneamente, para protestar ruidosamente contra los continuos aumentos de los impuestos que gravan los combustibles que utilizan sus vehículos. Para ello, recurrieron a una metodología ilegal, cuyo peligroso uso se ha arraigado desgraciadamente también entre nosotros, como la de los ilegales cortes de rutas y calles, hartos de una irresponsable presión impositiva, que califican de insoportable y contra la que se revelan.

Más de quinientos activistas quedaron heridos y una mujer resultó muerta en diversos incidentes violentos que los manifestantes protagonizaron con automovilistas que no toleraron ser víctimas de sus ilegales "cortes de ruta", como abusiva forma de protesta, respondiendo entonces a la ilegalidad con más ilegalidad, llevándose por delante a los manifestantes y echando leña al fuego en lugar de apaciguar los ánimos.

La ola francesa de protestas callejeras -que se ha trasladado a la ciudad de París e incluido los depósitos de combustible- tiene a la policía y a la gendarmería francesas en estado de alerta y al gobierno del presidente Emmanuel Macron -cuya popularidad está sensiblemente en baja- preocupado por la posibilidad de que las protestas en cuestión caigan en manos de extremistas de izquierda o de derecha y se radicalicen. Tal como sucedió ya tanto en Calais como en Bordeaux y en otros lugares del país galo.

La Justicia francesa, como corresponde, ha actuado sin demoras y con toda diligencia y celeridad. En apenas cuestión de horas, ha dictado fuertes sanciones contra quienes -a ambos lados de los cortes de rutas- decidieron recurrir a la violencia o pusieron en peligro las vidas de terceros. Centenares de personas han debido comparecer por ello, como corresponde, ante los tribunales correccionales, enfrentando las responsabilidades que caben a quienes, equivocados, procuran hacer justicia por cuenta propia.

No obstante, las protestas continúan realizándose y seguramente no se acallarán si el gobierno del presidente Macron no advierte que, como en tantas cosas, en materia de creciente presión fiscal, los exasperados ciudadanos franceses tienen sus límites. Por esto, los llamados "chalecos amarillos" difícilmente podrán ser acallados solamente con palabras o sermones.

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