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May se aferra a Gibraltar para terminar de venderle el Brexit al Parlamento

Los legisladores británicos deberán votar el 11 de diciembre el pacto de salida de la UE
Silvia Pisani
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27 de noviembre de 2018  

MADRID.- Con cuenta regresiva fijada en el 11 de diciembre para la decisiva votación en el Parlamento, la primera ministra Theresa May lanzó su ofensiva final para la compleja aprobación del Brexit.

Para ello se valió de armas tales como el pánico por lo que podría pasar si no se aprobara -"abriríamos la puerta a más división y más incertidumbre"- o la pretendida derrota diplomática de España en la puja por Gibraltar.

"España no ha conseguido lo que quería" respecto de Gibraltar "y eso es muy importante", sostuvo May.

Para ella, "no queda duda" de que el "mensaje" que se dio a los habitantes del Peñón es: "Estamos detrás de ustedes. No los hemos abandonado. Gibraltar es y seguirá siendo de soberanía británica".

Así, en su nueva comparecencia en el Parlamento, May volvió a usar la disputa con España por ese pequeño enclave recostado en la costa mediterránea como un arma de venta para lograr el necesario y esquivo respaldo del Parlamento para su plan de salida de la Unión Europea (UE).

Se sabe ahora que el tramo final del debate comenzará el martes próximo y que la votación se producirá el 11 de diciembre. Hasta ahora, los números son esquivos para May. Necesita una mayoría simple de 326 legisladores sobre los 650 que componen la Cámara de los Comunes.

Pero nada puede darse por seguro en un sistema como el británico, en el que pesa mucho más el criterio personal de cada legislador que la disciplina de partido.

Los cálculos son complejos, pero hasta ahora los números inquietan a May. Dentro de su propio partido, el Conservador, más de 90 legisladores se manifestaron en contra al entender que el acuerdo "deja a Gran Bretaña en peor situación" que no tenerlo.

El pequeño Partido Democrático Unionista (DUP) ya anticipó su voto en contra y para May eso es grave: son sus diez diputados de Irlanda del Norte los que le permiten a su gobierno disponer de una frágil mayoría en el Parlamento.

Para Arlene Foster, líder de la decisiva agrupación, queda claro que lo propuesto por May y aprobado ya por la Unión Europea "es un documento vinculante que trata a Irlanda del Norte de una manera diferente al resto del Reino Unido".

Desde su perspectiva, eso es algo que pone en peligro el vínculo del territorio norirlandés con el resto de Gran Bretaña. Es decir, con Escocia, Gales e Inglaterra.

La cuesta del voto a favor se vuelve así muy empinada para May, que el domingo pasado logró que el Consejo Europeo aprobara por unanimidad su plan de salida del bloque continental.

El voto, indispensable para dar luz verde, se produjo luego de que España lograra "garantías" de que tendrá la "última palabra" sobre cualquier negociación futura entre Bruselas y Londres referentes a Gibraltar.

Esas "garantías", que pomposamente el socialista Sánchez tildó de "históricas" y "jamás conseguidas en el pasado", fueron la moneda de pago para que Madrid desistiera de entorpecer el consenso con un voto en contra en el decisivo pronunciamiento europeo.

Lo que Madrid obtuvo fueron dos compromisos de la UE y un tercero de Gran Bretaña, firmado por su embajador ante el bloque continental.

"Esto es histórico", se entusiasmó Sánchez.

Horas después, sin embargo, la guerra del relato se impuso y May aseguró en el Parlamento que Madrid "no había conseguido nada de lo que buscaba" y que Gibraltar "forma parte de Gran Bretaña y de cualquier acuerdo futuro".

La afirmación de la primera ministra fue en respuesta a la denuncia de "traición, desastre y humillación" que, en pleno debate, le enrostró el diputado del independentista UKIP Gerard Batten.

Como no podía ser de otra manera, el canciller Joseph Borrell sostuvo exactamente lo contrario. Es decir, que el acuerdo es vinculante y que "ningún compromiso internacional firmado por la UE y Gran Bretaña es papel mojado".

Del tamaño de seis canchas de fútbol, Gibraltar es un territorio peninsular cedido a Londres en 1713 y cuya soberanía reclama España. Se convirtió en una de las armas en la difícil tramitación de la propuesta de salida de Gran Bretaña del bloque.

Con todo, el principal escollo ahora es saber si el Parlamento británico aprobará o no ese plan.

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