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La previa de la reunión en Paraguay: la Conmebol quiere que las copas se ganen en la cancha

Fuente: Archivo
Alejandro Casar González
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27 de noviembre de 2018  • 00:36

De un lado, Rodolfo D'Onofrio . Del otro, Daniel Angelici . Ambos presidentes, rodeados por sus abogados. En terreno neutral: Asunción del Paraguay. E invitados por el dueño de casa, Alejandro Domínguez, presidente de la Conmebol. En la agenda, un solo tema: fijar fecha y hora del partido que consagrará al nuevo campeón de América. O sea, terminar la final más larga del mundo.

Cuando el dirigente paraguayo -que quizás esté acompañado por el exfutbolista argentino Gonzalo Belloso y la abogada Monserrat Jiménez, dos personas de su máxima confianza- hable del día, la hora y la sede del partido, River y Boca explicitarán sus posturas, enfrentadas desde el domingo al mediodía. Boca (Angelici llegará hoy a primera hora luego de abordar un avión privado desde el aeropuerto de San Fernando) remitirá al reclamo que presentó ante el Tribunal de Disciplina, y que acompañó con un expediente de 15 páginas, además de pruebas documentales sobre las agresiones que recibió el micro del club el sábado pasado.

Durante todo el día de ayer -y más allá de la profusión de videos sobre los piedrazos y botellazos a la delegación xeneize- Boca se esmeró en demostrar que su plantel fue víctima de una emboscada, y que los objetos contundentes volaron desde Lidoro Quinteros y Libertador hasta el mismísimo ingreso en las entrañas del Monumental. El objetivo era desmontar aquello de que el micro había recibido "un piedrazo" y "fuera del anillo de seguridad" del estadio, tal como quedó asentado en el acta que suscribieron Domínguez, Angelici y D'Onofrio pasadas las 19.30 del sábado, cuando postergaron el partido para el día siguiente.

River, que llegó ayer a la tarde a Asunción, pondrá el acento en las fallas del operativo de seguridad, contratado -y pagado dos veces- por el club. Por más que el reglamento hable de la responsabilidad del club local en hechos de violencia, River entiende que no hay ninguna analogía con lo sucedido en 2015, que derivó en la desclasificación de Boca luego del gas pimienta en la Bombonera. D'Onofrio aterrizó en la capital paraguaya dispuesto a cumplir con la agenda que le diga la Conmebol. Está convencido de que el partido se jugará en el Monumental. Y con público.

River, entonces, querrá avanzar en el calendario. Boca, en cambio, esperar a lo que decida el Tribunal de Disciplina. A última hora de ayer, Conmebol todavía no había definido cuál de los cuatro integrantes de ese órgano quedaría al margen de la definición. El expediente disciplinario, con todas las pruebas y la información del caso, ya había sido creado. Una fuente con acceso al caso confirmó que en los pasillos de la Conmebol se habla de una "solución equilibrada". Es decir, que la Libertadores no tenga un campeón de escritorio. No en su última edición con doble final.

Un campeón en los despachos le provocaría a la confederación un doble perjuicio: por un lado, estropearía la reputación de su competencia más tradicional. Por el otro, debería pagarle igual el premio a campeón y subcampeón, pese a no transmitir el partido más convocante de todo el torneo: la finalísima. Con el perjuicio económico que eso implica. Y justo antes de un nuevo ciclo comercial: entre 2019 y 2023 la Conmebol avisó que los premios para los clubes "se duplicarán", gracias a los mejores ingresos televisivos provenientes de un nuevo contrato, firmado con Fox Sports y Facebook. Una paradoja: el Consejo de la Conmebol aprobó el viernes la venta de los derechos televisivos para su otra competencia, la Copa Sudamericana. Con otra mejora en los números, pensaba anunciarlo hoy. La violenta superfinal trastocó sus planes.

"Es la misma situación que después del primer partido con Gremio. Nosotros programamos el partido más allá de lo que decida la Unidad Disciplinaria, que es independiente", resaltó una fuente de la Conmebol, fuera de micrófono. Así, el mensaje de la confederación es preparar el escenario para organizar el partido. Si se tiene en cuenta el compromiso para jugar un sábado -una idea de Domínguez que Mauricio Macri aceptó desde un primer momento-, el único hueco disponible en el calendario es el 8 de diciembre. El sábado próximo, las fuerzas de seguridad estarán al servicio del G-20. Y para el 15 del mes próximo la Conmebol deberá tener definido a su campeón: el 12 de diciembre comienza el Mundial de Clubes en Emiratos Árabes Unidos.

Despejada la postura de Conmebol sobre jugar o no, la incógnita es la sede del partido. Más allá de que River confíe en volver a ser local en su estadio, hay quienes dudan. Abogados especialistas en derecho deportivo creen que el Monumental debería ser castigado. Y hay un antecedente cercano: la final de la Sudamericana del año pasado, entre Flamengo e Independiente. En Río de Janeiro, simpatizantes de Flamengo apedrearon el micro de Los Rojos y hubo gases lacrimógenos. El partido se jugó por una cuestión de puntería: no hubo heridos de gravedad en el plantel argentino. Hubo un expediente administrativo. Y un fallo: dos partidos a puertas cerradas y US $ 300 mil de multa.

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