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La reunión en Conmebol: D'Onofrio y Angelici, un duelo de dos políticos en Asunción

Fuente: LA NACION
Sebastián Fest
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27 de noviembre de 2018  • 00:47

Podrían ser el yin y el yang, el día y la noche, lo frío y lo caliente, pero son solo -y ni más ni menos- River y Boca . Rodolfo D'Onofrio y Daniel Angelici parecen a primera vista muy diferentes, aunque viéndolos de más cerca, escuchándolos una y otra vez y siguiendo sus caminos se llegue a una conclusión: tienen mucho más en común de lo que ellos mismos quisieran admitir. Empezando por la irresuelta necesidad de ambos clubes de modernizar sus estadios o directamente construir uno nuevo. O, también, por el pasado futbolero de los padres de ambos. El de D'Onofrio, Raúl, llegó a ser interventor de la AFA y el de Angelici, Remo, trabajó con Alberto J. Armando.

D'Onofrio, de 71 años, y Angelici, de 54, se verán las caras hoy en Asunción para un partido que dejó el cesped y se juega ahora en los escritorios. ¿Volverá el superclásico al césped? De ellos depende, en buena parte.

No es sencillo, claro, porque la relación, que en algún momento pudo calificarse de razonablemente buena, está otra vez fuertemente herida. "El punto de mayor empatía se pudo ver antes de los tres clásicos de mayo de 2015", recordó el periodista Federico Yáñez en un libro de inminente aparición, "Los dueños de la pelota" (Aguilar). "Dieron una entrevista conjunta al diario La Nación donde se hicieron bromas, reconocieron qué jugadores rivales querrían tener, hablaron de la seguridad en los estadiosy que el fútbol no puede tomarse como un drama. Fue la calma que antecedió a un huracán", añade Yáñez en referencia al infame partido del gas pimienta en mayo de 2015.

Si D'Onofrio se crió en Ramos Mejía, Angelici lo hizo en Villa Soldati. Si el futuro presidente de River estudio en el Colegio Nacional de Buenos Aires y jugaba al fútbol con el líder de Montoneros, Mario Firmenich, Angelici se recibió de abogado en la UBA y se enamoró del discurso político de Raúl Alfonsín. D'Onofrio, economista, necesitó tiempo para asimilar los crímenes de Firmenich y Montoneros. "Durante muchos años se negó a creer que habían sido los asesinos de Pedro Eugenio Aramburu", recuerda Yáñez. Hoy, D'Onofrio recorre su segundo período al frente de River, pero mira más allá: está obsesionado con que se trabaje para mejorar la educación. Y, en una reciente entrevista con LA NACION, se definió políticamente: "Soy peronista, radical y socialista, pero sobre todo desarrollista".

Angelici se dice alfonsinista, pero fue un soldado leal de Mauricio Macri en el camino a la jefeatura de gobierno de la ciudad, primero, y del gobierno de la Nación, luego. Niega ser un operador en la Justicia, pero Elisa Carrió lo tiene en la mira. "¿Qué es el poder, para usted?", le preguntó el año pasado LA NACION. "Una herramienta para hacer un cambio. Alguien te lo da. Así como te lo da, te lo puede quitar".

D'Onofrio y Angelici arrastran una historia que va más allá de ellos, porque el distanciamiento es entre los clubes y sus hinchas. Muy lejos quedan los aplausos de los hinchas de River en su cancha a los jugadores de Boca al ganar el Nacional de 1969. Décadas después, el Mauricio Macri que presidía Boca dijo que el Monumental era una "heladera espantosa", a lo que José María Aguilar, por entonces al frente de River, respondió con que el hoy presidente de la Nación "no sabe nada de fútbol".

Parece a esta altura inevitable que la relación entre D'Onofrio y Angelici caiga en periódicas crisis. Forma parte de la representación que ambos encarnan y de la sombría realidad del fútbol local. Pese a ello, el presidente de River cree que una alianza entre ambos clubes es no solo posible, sino deseable: "No te quepa ninguna duda".

Pero hoy, en una sala de reuniones de Asunción, ambos se juegan demasiado. Y ninguno quiere perder la pulseada en la Conmebol.

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