Suscriptor digital

Soltar duele: ¿qué necesitamos saber para que el momento fluya?

Andrea Churba
Andrea Churba PARA LA NACION
(0)
27 de noviembre de 2018  • 12:20

Como es casi inevitable en esta época, cuando se acerca el final del año, la cabeza nos empieza a zumbar con balances y proyecciones: ¿qué pude lograr?, ¿qué no pude?, ¿qué me propongo para el año que viene?

Hay tres preguntas que nos ayudan a armar un mapa de ruta desde donde estamos hoy -como individuos, equipo u organización-, y a imaginar y construir los pasos hacia el lugar al que queremos llegar:

  • ¿Qué necesito cambiar?
  • ¿Qué necesito mejorar?
  • ¿Qué necesito conservar?

Hay otra pregunta que muchas veces olvidamos, y que es igual de importante para lograr que el viaje sea más fluido y disfrutable, y el destino más alcanzable: ¿Qué necesito soltar?

¿Qué es lo que hoy me retiene? ¿Qué me distrae? ¿Qué sería bueno evitar, dejar de hacer, borrar de mi lista?

Sabemos con certeza que el contexto cambia constantemente. Aun así, muchas veces seguimos aferrados a ideas, actitudes, reglas y maneras de hacer que están oxidadas, o pronto lo van a estar.

Soltar con estrategia y "con contrato"

"Cuando me nombraron líder de proyecto no me imaginé que además de mis tareas como ingeniero tenía que reclutar y entrenar a las personas de mi equipo. Nunca había hecho nada parecido, no tenía idea de que me iba a consumir tanto tiempo. Tengo tantas cosas entre manos, y tanta responsabilidad, que me estoy volviendo loco. Sé que tengo que adaptarme, y aprender a hacerlo más dinámicamente, si quiero seguir mi carrera en esta compañía", me decía Matías, que trabaja en desarrollo de tecnologías de comunicación, seis meses atrás.

Son pocas las personas que hoy en día no sufren por la sobrecarga de trabajo. Los continuos cambios en las organizaciones nos desafían a transformarnos, a estar siempre aprendiendo, a reinventarnos. Todo eso, a la vez, implica tiempo y esfuerzo. Para mantenernos a flote y seguir surfeando tenemos que tener bien claras nuestras prioridades y estar organizados y enfocados. Por eso es importante que planifiquemos también qué y cómo vamos a soltar.

La semana pasada, Matías me contó lo que hizo para salir de la sensación de desborde que tenía, cómo pudo soltar algunas tareas y recuperar el tiempo y la concentración que necesitaba: "Hice una lista de todas las tareas y actividades de las que me ocupaba personalmente. Definí las que sólo podía hacer yo, en las que era vital que me enfocara, y aquellas que podía delegar. Planifiqué las etapas de la delegación, porque entendí que todo junto no se puede, sin olvidarme de reservar tiempo para ir formando y empoderando a las dos personas que se iban a hacer cargo de las tareas".

Tal vez tengamos que cancelar o postergar un proyecto que ya no es viable, eliminar reuniones improductivas o quitar pasos de un proceso para hacerlo más ágil. O quizás tengamos que dejar volar a ese colaborador "que nos soluciona la vida" para que pueda seguir creciendo en otra área o en otro rol. Sea lo que sea, soltar no debe ser un acto impulsivo, sino una estrategia pensada.

Soltar "con contrato" es asegurarnos el aval de quien nos lidera, de nuestro cliente y de otras personas de nuestro alrededor que estén involucradas en el objetivo. Si consultamos con ellos y les demostramos con argumentos que el cambio que tenemos pensado hacer es necesario y oportuno, si prevemos el impacto que nuestra decisión puede tener sobre otros y les avisamos con anticipación, tenemos más chances de que nos comprendan, sean colaborativos y no resistentes (¡y es un buen colchón por si nos caemos!).

Soltar duele

Dejar de hacer, sacar de la lista, dejar ir, evitar, despejar: soltar incita sueños de libertad, pero ¡cómo duele!

Nos cuesta salir de la costumbre, tenemos miedo de perder poder, de equivocarnos, de ser mal vistos. A veces lo que necesitamos es soltar "desde adentro", y eso es lo más doloroso: soltar el ego, la necesidad de tener razón, el decir siempre que sí para ser apreciados; dejar ir la necesidad de controlar todo y confiar en que otros pueden hacerlo igual o mejor que nosotros; soltar el miedo y animarnos a tomar algunos riesgos; poner entre paréntesis la bronca con un par o con un jefe y encontrar la manera de cooperar; dejar de culpar a otros y hacernos responsables de los resultados; soltar la espera del "mejor momento" y arrancar de una vez por todas; dejar de hacer un producto que hoy es exitoso, pero pronto puede dejar de serlo; liberarnos del perfeccionismo y aceptar que alcanza con que lo que hacemos sea "suficientemente bueno". Soltar, a veces, es dejar un trabajo que no nos hace felices y emprender un camino nuevo.

Este fin de año...

Al soltar,,en el corto plazo, es posible que nos sintamos incómodos, que nos cuestionemos, que no veamos las ventajas o que tengamos que aguantar algunas críticas y malas caras. Pero cuando logramos soltar lo que nos frena y nos distrae nos volvemos más efectivos, administramos mejor nuestro tiempo, ganamos concentración. Quizás algunas cosas no podamos soltarlas hoy mismo, pero sí podemos empezar a planificar desde ahora para hacerlo más adelante.

En estas semanas de balance y proyecciones, reflexionemos sobre lo que necesitamos soltar para seguir creciendo, para trabajar y vivir con más salud y bienestar.

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?