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La conmovedora historia de Ian, el niño argentino que puede llegar a los premios Oscar

El corto retrata la experiencia de Ian

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Video
Dolores Moreno
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29 de noviembre de 2018  • 13:24

Ian está en la plaza y mira cómo el resto de los chicos se divierte. Hay avioncitos, subibajas, juegos para trepar y calesitas. Hay una pequeña cancha de fútbol. Hay tiros al arco. Mira hacia adelante, hay un banquito y uno de los chicos está tomando algo. Ian se acerca, se sienta e intenta acercar un vaso a su boca. Su mano no se mueve. Hay risas, hay bullying. Ian es un chico distinto, tiene una discapacidad con la que nació y que lo limita. Siente las risas en su cuerpo. El vaso cae e Ian se desintegra. Está hecho de partículas y esas partículas vuelven a formarlo, esta vez, en una silla de ruedas, del otro lado de la reja que lo separa del resto.

Ian es una persona real convertida en protagonista del corto Ian, una historia que nos movilizará, que se estrena mañana a las 19 en las señales Disney Channel Latin America, Cartoon Network, Discovery Kids, Nickelodeon, PakaPaka y YouTube Kids . El mismo fue estrenado en Cannes y desde entonces ganó tres premios a la Mejor Animación y al Mejor Cortometraje, y se encuentra en carrera para ser uno de los cortometrajes seleccionados para competir en los premios Oscar 2019.

Ian tiene 10 años y tiene encefalopatía crónica no evolutiva, un desorden generado por falta de oxígeno durante el parto. Por eso tiene dificultadas la movilidad y el lenguaje. Su madre, Sheila Graschinsky, dejó de trabajar para dedicarse a ayudar a otras personas que tienen enfermedades neurológicas o motrices similares a la de su hijo y creó la Fundación Ian. En ese camino visitó Mundo Loco, la productora de Juan José Campanella , para contar su idea.

Sheila -que consiguió tras mucho andar un dispositivo llamado Tobii, que le permite al niño manejar una computadora con los ojos para poder interactuar con su entorno- quería a través de un corto visibilizar la falta de información que existe sobre la discapacidad. Inspirada en lo que sucedía con su hijo cuando lo llevaba al centro de rehabilitación y veía como un grupo de niños de una escuela miraba a su hijo y se reía, Sheila escribió El regalo, un cuento que compartió e inspiró al equipo creativo.

Así, se puso en marcha el proyecto que duró dos años. Gastón Gorali estuvo a cargo del guion y Abel Goldfarb, de la dirección. "Tanto Sheila como Ian estuvieron muy presentes durante todo el desarrollo. En esos dos años pasó de guion en layout a dibujo como storyboard, se hizo después la animación simple, la animación en blanco y negro. El momento de sorpresa de ver el corto plasmado no lo tuvieron, porque vivieron paso a paso el proceso", contó Campanella, productor del corto, a LA NACION.

El corto trata de visibilizar cómo vive un niño con discapacidad la mirada de los otros
El corto trata de visibilizar cómo vive un niño con discapacidad la mirada de los otros

El tema de la integración fue lo que llamó la atención de Gorali, socio del director ganador del Oscar, y de ahí en más la idea fue encontrar la forma de contar la historia. Un niño que busca la aceptación y en su lugar encuentra la burla. Un niño que no puede expresarse con palabras pero, ante los estímulos negativos, llora y quiere desaparecer. Un niño excluido que necesita ser incluido. Un niño.

Con una estética dulce que combina stop motion y personajes diseñados en 3D y una musicalización a cargo de José Luis Díaz -en la que se destaca el trabajo al piano de Pablo Borghi combinado con una orquesta de cuerdas eslovaca-, se logra plasmar este desencuentro de forma poética. De esta manera, se le da una salida distinta, un mensaje esperanzador donde volar es posible y también cambiar la mirada del otro. Desaparece la reja. No hay palabras, solo imágenes que hacen que el mensaje se convierta en universal.

Campanella sabe de acoso infantil, lo vivió. "En la secundaria me tomaron de punto. En esa época no existía la palabra bullying. No fue por haber tenido alguna discapacidad ni nada, y así y todo es algo que uno sufre muchísimo. Por suerte pude cambiar de colegio, porque no sé qué hubiera pasado conmigo si no hubiera podido. Es horripilante", contó sobre su experiencia

Ian es un niño feliz, que concurre a un colegio inclusivo, pero entiende que contar su historia puede ayudar a otros como él.

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