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Brigitte, el cable a tierra de Emmanuel Macron puertas adentro del Elíseo

Brigitte y Emmanuel Macron al arribar a Argentina
Brigitte y Emmanuel Macron al arribar a Argentina Fuente: LA NACION - Crédito: Santiago Filipuzzi
Luisa Corradini
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28 de noviembre de 2018  • 17:39

PARIS.- "Sin ella, yo no sería yo", dijo Emmanuel Macron hace un año y medio, la noche de su triunfo en la primera vuelta. A su lado, cohibida por el homenaje, Brigitte, "Bibi" -como la llaman sus íntimos- parecía esforzarse en aceptar la idea de convertirse en primera dama de Francia a los 64 años para "acompañar" los sueños del hombre de 39 años que comparte su vida desde hace casi un cuarto de siglo.

Desde entonces, esa mujer -con su elegancia, su estilo, su discreción y sus rasgos devorados por una sonrisa luminosa- se ha convertido en símbolo del glamour à la française, auténtica estrella de las revistas de moda y del corazón.

"Cuando Brigitte aparece en una tapa, la publicación -cualquiera sea- vende el doble", reconoce un responsable editorial francés.

Brigitte y Emmanuel Macron al arribar a Argentina
Brigitte y Emmanuel Macron al arribar a Argentina

"La vida de Brigitte Macron es una novela, cuya trayectoria ningún autor podría haber imaginado: de profesora en una secundaria provincial al Palacio del Elíseo", dice una voz en off al comienzo de un documental realizado por Virginie Linhart y difundido en Francia poco tiempo después de la llegada de Macron al Elíseo.

Pero la mujer que llegó esta noche a Buenos Aires acompañando al jefe del Estado francés es mucho más que un personaje de novela o un fenómeno de moda. Es -como el mismo Macron lo reconoció- su musa, su cable a tierra y, sin exagerar, hasta se podría decir que es su alma mater.

Gabriela Michetti charlando con la primera dama de Francia

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Exprofesora de francés, latín y teatro, Brigitte es madre de tres hijos, abuela de siete nietos y, desde que Macron decidió lanzarse en política, también es su "coach personal".

Nacida Trogneux en el seno de una familia de acomodados chocolateros del norte de Francia, esa mujer cálida, aparentemente tímida, pero dotada de una fuerza de voluntad capaz de mover montañas, se enamoró perdidamente de Emmanuel -su alumno, por entonces menor de edad- y decidió hacer frente a la indignación de una burguesía de provincia escandalizada.

Brigitte conoció Macron cuando era profesora de un colegio secundario provincial
Brigitte conoció Macron cuando era profesora de un colegio secundario provincial Fuente: Reuters

Renunció para ello a su trabajo y a una cómoda vida de esposa de banquero para viajar a París -cerca de él- y esperar que fuera mayor de edad para poder casarse.

Pero sería un error pensar en ella como en la parte sumisa de la relación, que se sometió dócilmente a la ambición de su marido.

"Brigitte es la gemela del personaje principal, exactamente igual de ambiciosa. La que abre puertas y le permite acceder a un mundo que él desconoce", reflexiona la profesora de literatura Marie Bourgeon.

Desde entonces, son inseparables. El resto, es historia conocida. Pocos saben, en cambio, que esa mujer cultivada y atenta a los vaivenes del mundo, es la única que puede ponerle los puntos sobre las íes al fogoso y a veces demasiado impulsivo presidente francés.

Así sucedió en pleno "escándalo Benhala" -por el nombre del responsable de seguridad del presidente, filmado agrediendo a unos manifestantes el 1° de mayo-, que Macron defendió con uñas y dientes, pagando su actitud con un derrumbe de su popularidad, que hasta hoy no consigue recuperar. Los allegados a la pareja dan cuenta de una primera dama consternada por la situación, que no dudó en increpar a su marido con un terminante: "¡Ahora se terminaron las estupideces!". Y Macron se pliega.

Consciente de que los 25 años de diferencia que la separa de su marido despierta curiosidad e ironías, Brigitte prefiere reír: "Es necesario que gane ahora. Porque en 2022 su problema será mi cara", bromeaba durante la campaña presidencial.

En ese sentido, y decidida a dar batalla contra los efectos inexorables del tiempo, la primera dama se impone una disciplina de hierro: dieta rigurosa, vida sana y una hora de gimnasia todas las mañanas de su vida, esté donde esté. Dotada de una silueta envidiable, su look siempre impecable es responsabilidad de mejores casas de alta costura de París.

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