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El cruce sobre el Niágara: el desafío de volver a creer en la magia

Jazmín Carbonell
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30 de noviembre de 2018  

El cruce sobre el Niágara / Libro: Alonso Alegría / Intérpretes: Adrián Navarro y Álvaro Ruiz / Iluminación: Sebastián Crasso / Vestuario: Martina Petersen / Escenografía: Sabrina López Hovhannessian / Dirección: Eduardo Lamoglia / Sala: El Tinglado, Mario Bravo 948 / Funciones: viernes, a las 20 / Duración: 60 minutos / Nuestra opinión: buena

Por diferentes razones, dos hombres de almas abandonadas se cruzan en la vida. Ese encuentro se convertirá para cada uno de los dos en un motor fundamental para continuar con sus solitarios y por momentos tristes días. Ese fantástico y necesario encuentro les permite volver a confiar, recuperar la magia, esa chispa vital. ¿Quiénes son estos hombres? Charles Blondin y Carlo, y aunque aquí se trate de un hecho ficticio, estos dos seres existieron realmente en el siglo XIX en Francia. Blondin, un famoso equilibrista y funámbulo que se atrevió a cruzar en varias oportunidades las cataratas del Niágara sobre una cuerda a 50 metros del agua. Carlo es a quien llevó en sus espaldas como prueba máxima en una de esas oportunidades.

Esta obra escrita por Alonso Alegría e interpretada en más de cincuenta países, vuelve a subirse a escena de la mano de Eduardo Lamoglia. La puesta es austera pero eficaz, le alcanzan algunos elementos escénicos, una camisa con mangas anchas, unas sogas colgando y una melodía precisa y certera, para transportarnos al clima circense. El diseño lumínico de Sebastián Crasso hace un juego interesante en este tránsito de sensaciones. Ambos actores, Navarro en la piel de Blondin y Ruiz en la de Carlo, desempeñan un trabajo prolijo, lleno de matices para retratar a estos hombres que aunque sumergidos en el descreimiento absoluto logran reencontrarse con la vida y volver a creer en la magia. "Me salvaste la vida", le dice finalmente el hosco Blondin a Carlo.

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