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El plan de Menotti y la carpeta de Pekerman, la savia de la era digital

Andrés Eliceche
Andrés Eliceche LA NACION
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30 de noviembre de 2018  • 23:59

La historia de la selección argentina registra dos revoluciones. Una tuvo el sello de Menotti, que con el proyecto del Mundial '78 a la vista consiguió que ese combinado que se reunía de apuro de tanto en tanto, con entrenadores de ocasión y jugadores que a veces sí y otras no, se convirtiera en una idea estable, un fin en sí mismo. Su influjo fue determinante: organizó lo que no existía y después, solo después, trazó un estilo. El título, que siempre ayuda a ratificar cualquier intento, lo terminó de validar. Pero la huella ya estaba marcada.

La segunda revolución tuvo la voz calma de Pekerman. Sin laureles de otros, la carpeta que le presentó a Grondona en 1994 arrasó: había método, conocimiento, claridad y metas. Con él, las selecciones juveniles vivieron años que nunca antes. Campeonatos, premios individuales, fair play en su máxima expresión. Pekerman fue (es) un maestro impar que la dirigencia supo ahuyentar. Quedó su impronta, que llegó hasta acá: los últimos futbolistas surgidos de su escuela terminaron su tiempo en la selección en el Mundial de Rusia, o como mucho están en sus últimas horas de vuelo.

La era digital, pródiga en eso de acceder a información con apenas hacer clic, tiene la ventaja de la democratización: todo está al alcance. Así, por ejemplo, cualquiera puede saber hoy cómo entrena Guardiola, qué come Ronaldo, cuán rápido corre Mbappé. Esos datos son pequeñas grajeas que hacen a un todo ambicioso: el plan a 10 años que la AFA escribió, pensando en una refundación tan necesaria como postergada. Ahora falta lo más importante: dirigentes que respalden con su cuerpo semejante proyecto, resultados al margen. Tarea para Claudio Tapia más que para nadie: no habrá mayor legado que ése, si tiene la convicción necesaria para ponerle el cuerpo.

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