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Jubilaciones de 10 dólares

Algunos movimientos sociales de la Argentina aún creen que las condiciones de vida de los carenciados mejorarían adoptando medidas similares a las de Cuba
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1 de diciembre de 2018  

Cuba aumentó la pensión mínima de los jubilados a 242 pesos mensuales en moneda nacional (10 CUC, o 10 dólares) por primera vez en diez años. Como ese monto no alcanza para vivir, el gobierno ha hecho ajustes olvidando las ideologías. Además de extender la edad jubilatoria , las reformas de Raúl Castro autorizan a los "pensionados por edad" a reincorporarse al trabajo. Pero no al trabajo en el Estado, sino en el sector privado. Cuba pretende reducir el empleo público, sobrecargado de burócratas, eliminando 500.000 puestos. Para darles salida, les ofrece la alternativa de "trabajar por cuenta propia", o sea, convertirse en capitalistas, palabra antes prohibida. De esa forma, se empujó a los oficinistas a trabajar en serio, como cuentapropistas, y se alentó a los jubilados a hacer changas para sobrevivir las penurias de los 10 dólares mensuales. Fue en 2010 cuando se permitió el trabajo privado para 178 actividades. Ya supera el medio millón la cantidad de personas que trabajan en el sector privado de la isla.

El problema de fondo en Cuba, como ocurre en todo el mundo, es la extensión de la expectativa de vida de la población, con una baja tasa de natalidad. Pero con características "cubanas" que agravan esa ecuación perversa: el comunismo no crea incentivos para generar riqueza y sin los subsidios de la URSS o el petróleo de Venezuela no hay dinero para nadie. Solo existe justicia social cuando hay una economía dinámica, impulsada por la iniciativa privada. Por eso, muchos jóvenes emigran al exterior buscando oportunidades, lo cual reduce aún más la base de quienes trabajan y aportan a la seguridad social.

La Cepal y la OIT señalan que el trabajo por cuenta propia es la principal fuente de ingresos entre los jubilados que pretenden comer hasta fin de mes en el paraíso de la "igualdad socialista". O sea, miseria para todos y todas. Igual que en la Argentina, se sugiere otorgar pensiones no contributivas a los ancianos para que trabajen menos y disfruten de una vejez digna. Pero nada se puede distribuir, ni aquí ni allí, cuando un país no crece por falta de inversión.

Cuba tiene doble moneda: la moneda nacional, que es el peso cubano (CUP), y el peso convertible en divisa (CUC), con un valor artificial equivalente al dólar y que, según la tasa oficial de cambio, equivale a 25 CUP.

El salario medio, el año pasado, era de 740 pesos CUP (30 dólares), que deberían servir para que una familia viviera normalmente. En teoría, esos CUP sirven para canjear por productos esenciales subsidiados, que se entregan contra presentación de una libreta de abastecimiento. El subsidio le cuesta al gobierno aproximadamente 1000 millones de dólares por año. Por eso, cada vez hay menos productos en las estanterías: unos cuantos huevos, un poco de aceite de cocina, arroz, azúcar, frijoles, pan, pollo y café. Actualmente, los cupos solo alcanzan para alimentarse durante diez días. El resto hay que comprarlo con moneda dura (CUC) en los supermercados, que cotizan en dólares.

Nadie puede recorrer tiendas oficiales hasta encontrar los productos que faltan en otras. Está prohibido adquirirlos en otros "almacenes de barrio", solo en aquellos asignados a cada familia por las delegaciones del Consejo para la Defensa de la Revolución, en cada manzana. Las libretas son el símbolo duradero de la igualdad y... la escasez.

En nuestro país, cuando se pretendió introducir la reforma previsional en diciembre último, al igual que cuando se discutió el presupuesto nacional el mes pasado, agitadores de izquierda, oportunistas K, activistas de Barrios de Pie, del Partido Obrero y del Movimiento Socialista de los Trabajadores desplegaron banderas en contra del "ajuste", con encapuchados arrojando piedras, luciendo banderas rojas e imágenes del Che Guevara.

El "ajuste" del régimen previsional argentino no implicó cambios estructurales, sino la forma de actualizar los haberes en un país con la segunda inflación entre las más altas de América Latina, después de Venezuela. Sin embargo, los movimientos sociales de la Argentina continúan creyendo que es posible mejorar las condiciones de vida de los más vulnerables adoptando políticas similares a las de Cuba, en 1959. En la misa interreligiosa celebrada en Luján en octubre último, con la consigna "Pan, paz y trabajo", motorizada por dirigentes del Frente Sindical como Hugo Moyano (Camioneros), Ricardo Pignanelli (Smata) y Sergio Palazzo (Bancarios), además de múltiples dirigentes políticos, sociales e intendentes del peronismo, se pretendió utilizar a la Iglesia Católica como escudo frente a los embates judiciales por la corrupción sindical.

En su homilía, el obispo de Mercedes-Luján, Agustín Radrizzani, rodeado de curas que pregonan la "opción por los pobres", fue muy claro y lapidario al denunciar el "sistema globalizado de avaricia" y convocar a "cambiar el modelo". En su arenga política, el obispo denunció, entre otras cosas, que "las jubilaciones no alcanzan por un sistema económico en clave egoísta que prioriza la especulación financiera en detrimento del trabajo".

Solo cabría recordarle al obispo que en el sistema cubano, cuya Constitución instaura la entera dignidad del ser humano a través de la eliminación del capitalismo, la jubilación es de 10 dólares por mes. En la Argentina, la jubilación mínima es de 8637 pesos, equivalente a 223 dólares, y en Chile, modelo de economía de mercado, la pensión básica solidaria de vejez o invalidez alcanza 107.304 pesos chilenos, equivalente a 200 dólares por mes. En ambos casos, 20 veces más que en Cuba.

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