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El Patón Bauza y Pedro Troglio, la final que nació con Bilardo en el Mundial '90 y que se renueva en la Copa Argentina

El saludo entre Troglio y Bauza, dos amigos
El saludo entre Troglio y Bauza, dos amigos Crédito: Gza Diario El Dia
Ariel Ruya
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1 de diciembre de 2018  • 22:41

Gimnasia choca contra sus fantasmas, le pega de puntín y para arriba, pero no se resigna: va con lo puesto. Unión le gana por 1 a 0, en Santa Fe, el 30 de septiembre y solo faltan cuatro minutos para el final. De pronto, entra un perro en la escena. Lengua afuera, se arroja sobre el césped, panza arriba. Sorprendidos, los jugadores no saben qué hacer. Jan Carlos Hurtado, del Lobo, lo toma entre sus brazos y lo deja a un costado. Transcurren dos minutos, al menos. Gimnasia se relaja, Unión se alivia; el encuentro se enfría y se acaba. Ahora, es el Lobo el que queda tendido sobre el campo. Pedro Troglio se ríe. "Me gusta lo del perro, porque si no los que tenemos mañas somos siempre los mismos. Después dicen 'Bauza tiene mañas, Troglio tiene mañas'... Y todos tenemos", acepta el DT, un símbolo de Gimnasia. Es el folklore, detrás de una derrota. Lo intuye, con sensaciones, sin datos concretos: "Ese perro ya estaba siendo adiestrado en el primer tiempo para que entrara".

Peter tiene 53 años. Fue un volante de colección, acepta el legado de Carlos Bilardo, cree que la mejor defensa es un buen ataque -que empiece por defender-, es fanático de la pelota parada, lucha contra la demagogia de "la nuestra" y no cree que lo único que importa es ganar; sin embargo, es lo más importante. Tiene muchos amigos: Troglio es una persona de bien. Uno de ellos es Edgardo Bauza.

Troglio y Bauza, dos viejos conocidos desde el Mundial de Italia 90
Troglio y Bauza, dos viejos conocidos desde el Mundial de Italia 90 Crédito: Gza Diario El Dia

El Patón tiene 7 años más y es 17 centímetros más alto. Fue un defensor de colección, es ídolo de Rosario Central de pantalones cortos y piensa, más o menos, lo mismo que Troglio. Corazón y cerebro: lo que siente y lo que piensa cae en un mar de coincidencias. Será un choque de amistades y del mismo estilo, la definición de la Copa Argentina, la final de la que pocos hablan. El jueves próximo, en Mendoza, con un título en juego. Y la clasificación rumbo a la próxima Copa Libertadores.

Todo tiene un comienzo. El de Troglio y Bauza se traslada en un viaje al espacio de Italia 1990. El Mundial de la nostalgia para los argentinos. "Hay un ejemplo que lo recuerda con claridad. El Patón estuvo en el plantel de ese Mundial, fue el único que no jugó ni un minuto y, sin embargo, fue uno de los que más apoyó y que más disfrutó. Es fácil: hay que fijarse en los festejos de los partidos importantes, sobre todo, los que ganamos por penales y siempre era uno de los primeros que entraban en la cancha para festejar. Con Italia, fue una fiesta", recuerda Troglio. Allí se enamoró del método Bilardo. Allí fue cuando compartió horas de tácticas detrás de escena con Patón.

"Me llamó Bilardo y me dijo que tenía 'un 1 por ciento de posibilidades de ir al Mundial'. Voy, lógico que voy. El Cabezón Ruggeri siempre me recuerda que en esos tiempos el único que corría en los entrenamientos era yo, porque quería estar, no podía perdérmelo, algo que me había pasado en el 82. Sin jugar ni un minuto, para mí fue un premio haber estado. Compartir un Mundial con monstruos de mi generación fue terminar la carrera como quería. Yo me sentí subcampeón del mundo igual que todos, porque me rompí el culo. Hice mil cosas para estar", entiende Patón.

De aquel 5-3-2 a este 4-4-2, que también los une, pasó una vida. Como la finalísima perdida contra Alemania. "Después de la final, fue uno de los que más apoyó, estábamos todos destruidos", cuenta el DT del Lobo. Y el conductor del canalla se inclina por el recuerdo. "El vestuario estaba callado, dolido, sobre todo por el penal. Muchos llorábamos. Había reproches al árbitro, que es algo muy típico de nosotros. Pero la verdad, en el fondo (yo ya estaba grande), ya pensaba casi como técnico y comprendí algo en ese instante: el equipo sobrepasó las posibilidades que tuvo. Estuvo cerca de ganar ese partido decisivo. El Mundial me ayudó mucho para lo que se me venía, que era ser entrenador. Me sirvió por la idiosincrasia argentina de querer ganar siempre. El equipo parecía que se caía a pedazos, pero resurgió por el espíritu que tiene el argentino".

La última vez fue en el Bosque, el 23 de septiembre, un 1-1 que quedó fuera de foco por los insultos de un grupo de hinchas sobre Troglio. Bauza lo contuvo ("tranquilidad, Pedro, siempre hay algún boludo"), pero antes de que el DT platense ingresara en el túnel le pegó un puñetazo a la manga de contención.

Se pelean contra el sistema. Lo combaten. Troglio es pura efervescencia, Bauza es la imagen de la tranquilidad. "Hay una confusión enorme: seguimos hablando de 'la nuestra'. Al fútbol se juega con dos arcos, no con uno solo", se enoja Troglio. "Cada uno que escriba lo que quiera. Me chu... un huevo lo que dicen porque no entienden lo que es el fútbol, y mucho menos en la Argentina. Acá no hay partidos fáciles, se corre mucho, desde lo táctico todos los jugadores son inteligentes. Entonces a veces se puede ganar 1 a 0, a veces 2 a 0 y a veces hay que empatarlo y ganar en los penales", lo respalda Patón.

Gimnasia dejó fuera de carrera a Boca y River, los colosos que se desviven por la final de la Libertadores más escandalosa de todos los tiempos. Central eliminó a Newell's: una final en sí misma. Suerte de homenaje tardío al legado de Bilardo y lejos de la escuela de Estudiantes, la final tendrá al pizarrón como invitado estelar. "La pelota parada va a ser muy importante para los dos equipos. Pedro Troglio es duro y trabajador en eso", cuenta Patón. "Me causa un placer gigante enfrentar a un técnico como Bauza, pero el jueves no quiero que le vaya bien. Quiero ganar", acepta Troglio. "Porque ganar es lo más importante", interrumpe imaginariamente Bauza. Un pensamiento que se consolidó en la intimidad de un subcampeón del mundo. Todo un símbolo.

Por: Ariel Ruya

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