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Docentes universitarios: una apuesta a la jerarquización

Celebramos que se haya creado la UniCABA, apoyamos la profesionalización y elogiamos que se aliente a más personas a dedicarse a la noble tarea de educar
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3 de diciembre de 2018  

La creación de una universidad constituye una buena señal si el objetivo es la atención de una necesidad en la comunidad desde una visión de profesionalización rigurosa, seria y con proyección de futuro.

En la ciudad de Buenos Aires, donde, contrariamente a lo que sucede en otros distritos, faltan docentes para cubrir cargos, la creación de una casa de altos estudios para continuar y ampliar su formación debería ser recibida con beneplácito por la población en general, por los actuales y futuros profesionales y por los padres de los niños escolarizados.

Afortunadamente, buena parte de la comunidad así lo ha entendido cuando recientemente la Legislatura porteña sancionó la ley que crea la Universidad del Docente de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires (UniCABA). El proyecto inicial fue presentado a principios del corriente año por el jefe de gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta, y preveía el cierre de los centros de formación públicos terciarios y su reemplazo por la universidad. A lo largo de los meses, dicho proyecto fue incorporando parte de las demandas de quienes no coincidían con los preceptos de base para la creación de la universidad. Así, el texto primigenio fue reformulado y ampliado tras un acuerdo político entre los distintos bloques.

La iniciativa, largamente discutida en el recinto, con la presencia de rectores de distintos profesorados, fue aprobada integrando finalmente los dos sistemas. Se estableció que la articulación se realizará mediante ciclos de complementación curricular, de modo que los egresados de los institutos logren el grado universitario. Dispone, además, la realización tanto de evaluaciones internas de desempeño en los centros de formación docente como de exámenes externos.

Por otra parte, se definió que su rectorado funcione en el futuro Parque de la Innovación (hoy Tiro Federal) y que su responsable normalizador sea un especialista en cuya elección participará la Unesco. La universidad podrá comenzar a funcionar desde 2020, una vez obtenidas las aprobaciones correspondientes.

Fueron lamentables las reacciones violentas de quienes se oponían, tanto a la jerarquización universitaria de la carrera como a que los docentes fueran evaluados.

Las autoridades porteñas debieron vallar la Legislatura, pero eso no impidió desmanes y destrozos de todo tipo contra la sede parlamentaria y en las inmediaciones.

Se sumaron -como es habitual cada vez que se manifiesta un disenso en el tratamiento de un tema de fondo- grupos de izquierda radicalizados, más interesados por sembrar el caos que por dar un debate serio y constructivo.

Se estaba discutiendo nada más ni nada menos que la promoción del conocimiento desde la enseñanza, la investigación y la extensión universitaria. No hay razones valederas para apañar la barbarie gestada en contra de la jerarquización de un sector que merece todo el respeto, la consideración y el reconocimiento de la sociedad. Resultó tan inadmisible como angustiante la escena que conformaban grupos de personas dispuestos a conseguir por la fuerza lo que no son capaces de abordar con palabras.

Entre los opositores se escucharon consignas absurdas que ligaban la creación de la universidad a requerimientos del Fondo Monetario Internacional, que denunciaban que su objetivo era cerrar los 29 profesorados estatales sin darles ninguna solución o que deducían que se estaba usando el debate docente para habilitar y convalidar un meganegocio inmobiliario en tierras de Núñez. Ya no llama la atención -aunque debería preocuparnos, y mucho- que se reiteren las mismas consignas cada vez que desde el Estado se evalúa introducir mejoras en los temas más diversos, muchos de ellos con el consenso de una mayoría pacífica.

Que algunos pretendan instalar el enfrentamiento oponiéndose sistemáticamente a todo por el simple hecho de oponerse, busca convencernos de que lo anormal -la violencia- es la normalidad, de que el instrumento debe ser siempre la reacción feroz y de que el fin no debería ser otro que provocar el caos, garantizando de ese modo la preservación de un statu quo del que sacan provecho los mismos de siempre.

No ha habido argumentos fundados para derribar la necesidad de dotar a nuestros docentes de mayor prestigio y consideración. Tratar de impedir la sanción de una ley como la que nos ocupa es un recurso nefasto, a todas luces antidemocrático.

Celebramos que se haya creado la UniCABA, apoyamos la jerarquización de los maestros y elogiamos que se aliente a más personas a dedicarse a la noble e insustituible tarea de educar.

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