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Hacer patria educando

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4 de diciembre de 2018  

El censo de 2010 reflejó que uno de cada cuatro jóvenes del ámbito rural no puede acceder al secundario. La provincia que supera el promedio general del país en analfabetismo es Neuquén: más de 10.000 neuquinos son analfabetos.

Desde hace 39 años, la Fundación Cruzada Patagónica (FCP) ( http://cruzadapatagonica.org/webfcp/) lleva adelante una inestimable labor en favor de la educación y del desarrollo rural de aquellos pobladores ubicados en el oeste de la Patagonia argentina. Hoy cuenta con dos centros de formación integral en Junín de los Andes (Neuquén) y Cholila (Chubut), que acogen a alumnos de un radio de 500 kilómetros a la redonda, que reciben educación con formación agrotécnica, alojamiento, alimentación, transporte y práctica profesional.

Las abnegadas maestras son ellas mismas la escuela que viaja para acercarse a los alumnos. El aula es así una casa en la que se atiza el fuego para dar clase. Abuelos, padres o jóvenes dispuestos a aprender, a terminar la primaria. O a realizar cursos de formación profesional. La FCP ha iluminado en ellos la conciencia respecto de la educación como trampolín hacia una mejora en su calidad de vida.

La FCP encuentra la forma de hacerse presente saliendo al encuentro de quienes quieran sumarse a su propuesta educativa en distintos rincones de la Patagonia.

El Centro de Educación Integral San Ignacio funciona desde 1982 y brinda primaria para adultos, secundario agrotécnico a 200 alumnos y capacitaciones especiales en oficios con cursos de construcciones e instalaciones eléctricas.

El Proyecto Educativo del Centro Educativo Agrotécnico Valle de Cholila arrancó en 2008 y ya va por la quinta promoción de técnicos agropecuarios. Habiendo instalado molinos en las casas de algunos alumnos en 2015, promueven las energías alternativas con la construcción de generadores eólicos. Se interesan también por desarrollar y ver crecer sus plantas nativas en un invernadero.

Ambos centros cuentan con residencias para varones y mujeres, indispensables considerando las enormes distancias que separan a muchos de sus hogares, muchos de las comunidades mapuches.

La práctica productiva desde la escuela les da una experiencia y una confianza que los empoderan para su futuro y que, de manera indirecta, alcanzan también a sus padres. En trabajos de huerta, corrales, establos, tambos, reproducción controlada de especies porcinas o bovinas, van adquiriendo responsabilidades, aprenden a optimizar recursos en cuestiones agropecuarias, algo ciertamente vital en parajes aislados. La educación permite a los pobladores salir de la economía de subsistencia para pasar a una rentable y sustentable. Un ejemplo lo constituye el desarrollo de la apicultura, que se ha metido en la vida de quienes viven en Cholila, una novedad que desde la escuela se enseña y que se extiende a la producción hogareña.

Con un palenque en la localidad de Florida, provincia de Buenos Aires, la FCP despliega incansablemente su labor con la ayuda de amigos, empresas y organizaciones locales e internacionales que realizan donaciones, en dinero, servicios y especie. De vacas a servicios de logística que acorten las enormes distancias en el sur, pasando por pasajes, servicios de conectividad, sistemas de detección de incendios, etc. Enormes necesidades para dar cobertura educativa a un enorme territorio con la invaluable ayuda de muchísimos voluntarios.

Merecen también destacarse la prolijidad y la transparencia en la rendición de cuentas. Participan, por ejemplo, del evento gastronómico Bariloche a la Carta vendiendo productos en un stand. Año tras año, también la tradicional Noche de la Patagonia propone una cena a beneficio. Este encuentro ha sumado un Espacio Joven con alrededor de 300 participantes, capaces de acercar redes de contactos frescos, proponiendo nuevos e innovadores métodos dirigidos a la expansión, inaugurando una nueva etapa. Serán esas nuevas generaciones las encargadas de continuar con la antorcha. Un desafío que convoca a corazones tan grandes como nuestra Patagonia.

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