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Luka Modric completa un año con premios que no alcanzaron Messi ni Cristiano Ronaldo

Crédito: France Football
Claudio Mauri
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3 de diciembre de 2018  • 22:46

Después de una década, Lionel Messi y Cristiano Ronaldo dejaron de repartirse el Balón de Oro. Esa noticia es tan relevante como que el premio fue a las manos de alguien con pies rápidos, pulmones generosos y mente lúcida: Luka Modric. Más que el fin de una hegemonía, la sensación es que 2018 fue un año que abrió un paréntesis, representó una cuña en materia de distinciones. Ni el rosarino ni el portugués ya doblaron en la curva que conduce a la decadencia, ni el croata llegó para desplegar un reinado tan extendido como el de los otros dos. Ya treintañeros, Messi y Cristiano fueron creciendo y madurando como futbolistas a medida que acumulaban premios. Para Modric, de 33 años, el Balón de Oro es un punto de llegada más que un tránsito a algo superior.

Por cierto, si el trofeo también implica un reconocimiento a su carrera, la colección de Modric en estos 12 meses no pudo ser más unánime y rotunda. En un año calendario consiguió lo que ningún otro futbolista en la historia: Balón de Oro France Football, Balón de Oro en el Mundial de Rusia, The Best (FIFA) y Mejor Jugador de la UEFA. "Mi sueño de niño era jugar en un gran equipo. El Balón de Oro era más que un sueño", dijo el volante de Real Madrid tras ser condecorado en la ceremonia celebrada en el refinado edificio Le Grand Palais, que está ubicado en el corazón de París, se empezó a construir en 1897 y suele ser escenario de grandes acontencimientos.

Messi quedó en el quinto puesto en la votación que reunió los sufragios de 176 periodistas consultados por la publicacioón francesa. Por la Argentina participó Enrique Wolff, que eligió, en este orden, a Antoine Griezmann, Rapahel Varane, Messi, Modric y Cristiano. Del primero al quinto se asignaba una puntuación decreciente. Leo sumó 280, quedó por detrás de Modric (753), Cristiano (478), Griezmann (414) y Mbappé (347).

Por primera vez desde 2006, Messi salió del podio del Balón de Oro. Aquel año, se consagró Fabio Cannavaro (campéon mundial con Italia), seguido por Gianluigi Buffon y Thierry Henry. En 2018 también quedó quinto en The Best y el UEFA Player.

Algunos números individuales de Messi durante este año están lejos de mostrarlo en declive. Entre Barcelona y el seleccionado suma 45 goles y 23 asistencias en 50 partidos. Pero toda esa producción no quedó reflejada en las dos competencias que lo penalizaron en las consideraciones del ambiente futbolístico: su gris e irrelevante Mundial de Rusia y el desconcierto en la eliminación ante Roma en los cuartos de final de la Champions League, tras desperdiciar el 3-0 de la ida. Ni la Liga de España, en la que fue un actor determinante, ni la Copa del Rey ni la Supercopa de España atenuaron las dos grandes decepciones.

Modric es el primer croata en conquistar el Balón de Oro y el segundo en integrar el podio, luego del exdelantero Davor Suker en 1998. Su aporte futbolístico fue tan significativo en un club centenario y gigante como Real Madrid (campeón de la Champions League por tercer año consecutivo) como en un seleccionado que con 20 años de vida y un fuerte sentido de pertenencia terminó segundo en el Mundial tras disputar una gran final ante Francia. En este país quedó una sensación de frustración por no haber alcanzado ninguno de los grandes premios individuales en la época que el seleccionado de Didier Deschamps se abrazó con la gloria en Moscú. No pudo Varane, también campeón de la Champions League, ni Griezmann, decisivo en el título de la Europa League con Atlético de Madrid. Tampoco Mbappé, aunque quizá sea un presagio de lo que vendrá que haya ganado el Balón de Oro en la nueva categoría de menores de 21 años. El 20 de este mes cumplirá 20 y fue cuarto en clasificación general.

El premio mayor sigue siendo para jugadores curtidos, en la cancha y en la vida. De esto último puede dar fe Modric, nacido el 9 de septiembre de 1985 en Zadar, ciudad que por entonces pertenecía a Yugoslavia. Parte de su niñez fue en medio de la Guerra de los Balcanes, en la que su abuelo fue asesinado por rebeldes serbios, quemaron su casa y debió ir a vivir con su familia a un hotel de refugiados. También vio alistarse a su padre. "La guerra me hizo más fuerte, fueron momentos durísimos para mí y mi familia", dijo hace un tiempo.

Empezó a patear una pelota en el equipo NK Zadar, pasó por el dínamo de Zagreb, el Zrinjski Mostar de Bosnia, el Inter Zapresic. Tottenham le abrió las puertas grandes de Europa en 2008 y cuatro años más tarde desembarcó en Real Madrid. Siempre que vuelve a su pueblo visita la tumba de su abuelo: "Me da fuerza honrar su legado".

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