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La estrella que necesita dejar de serlo para entonar su propia canción

Dueña de una personalidad magnética y una voz muy personal, la artista británica cautivó con un repertorio repleto de soul y blues
Dueña de una personalidad magnética y una voz muy personal, la artista británica cautivó con un repertorio repleto de soul y blues Fuente: LA NACION
Lejos de la industria discográfica y en plena búsqueda personal
Sebastián Chaves
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5 de diciembre de 2018  

"Venimos muy tranquilos, y quiero que sigamos así". Ya pasó más de una hora de show y la cantante aún no levantó la voz. Aunque su caudal es enorme y su fraseo inevitablemente soul, ha logrado establecer un clima de intimidad con swing. Pide que se enciendan las luces, pero no demasiado, y cuando la sala queda pintada de ocre, le dice al iluminador que eso es lo que quiere. Metáfora perfecta de cómo se mueve hoy, por decisión propia: a media luz y a medio volumen. Una diva en colores pastel.

Joss Stone ya no está interesada en grabar discos. Afirma que si alguna vez vuelve a grabar canciones las compartirá, pero que por el momento no tiene ganas de pasar por todo el trabajo de exposición que requiere la promoción de un álbum. Solo quiere cantar y sumarse a proyectos colectivos que rozan la world music y se mueven por canales alternativos. Una Chris McCandless del mundo pop. Aunque bien pudo haber tenido todo eso que se supone es el jet-set, eligió escapar y hacer su camino al costado de la fama. A sus 16 años, el show business la había adoptado como la Janis Joplin para el MTV tardío. El nuevo milenio había comenzado -irónicamente- mirando hacia atrás y cualquier atisbo retro era bien recibido (de Amy Winehouse a The Strokes). Y ahí estaba ella, una pequeña inglesa de rulos platinados y voz excepcional que se reconocía fanática de Aretha Franklin. Era la participante soñada para cualquier reality que busque a la nueva estrella de la canción. Nadie tenía su carisma ni interpretaba clásicos como ella.

Quince años después solo cambiaron las formas. Joss Stone mantiene su gola de terciopelo, ya sin necesidad de demostrar nada. Cuando sube a escena, no la moviliza otra cosa que cantar y pasarla bien, hacer de cada concierto un evento con su propio devenir y la dinámica que corresponda. Cerca del cierre bromeó con el G-20 y advirtió que ya era hora de sonar un poco más fuerte. Y entonces lo hizo, no para cantar sobre sus triunfos amorosos, sino para el funk enérgico "(For God's Sake) Give More Power to the People". Pero el final devolvió a todos a sus asientos. A contramano del manual de cómo debe cerrarse un recital, pero en consonancia con su presente, eligió una balada. Más que nunca, Joss Stone está, como dice la canción, haciendo uso de su "derecho a equivocarse" y para eso "necesita cantar su propia canción".

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