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En Italia, la deuda per cápita es casi 5 veces mayor que la de la Argentina

Orlando J. Ferreres
Orlando J. Ferreres PARA LA NACION
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5 de diciembre de 2018  • 02:04

La deuda pública de Italia en 2018 se ubica en 130 % del PIB, cuando, para cumplir las Normas de Maastricht, que son los límites establecidos para ser parte de la Unión Europea, la deuda pública de cada miembro no debería exceder el 60 % del PIB. En 1990, el tamaño de la deuda pública italiana era del 99% del PIB y en 2000 había llegado al 105 % de su PIB. Dado este crecimiento del peso de la deuda se viene registrando un cierto nerviosismo sobre deuda pública italiana. Esto se refleja en la suba de su tasa de interés, la que ha aumentado hasta el 3,3 % anual en euros.

En términos absolutos, el total de deuda en Italia asciende a EUR 2.292.386 millones o EUR 38.200 per cápita. En comparación, la Argentina tiene una deuda de USD 398.019 millones o EUR 7.842 por persona. Es decir que en Italia, la deuda por persona es 4,9 veces mayor que la de Argentina (o 6,6 veces mayor si se calculan los montos totales de la deuda publica en igual moneda)

¿De qué depende que Italia mantenga tan elevado nivel de deuda pública respecto del producto? Si bien casi toda la deuda está denominada en euros, lo que ocurre es que los tenedores de la misma serían principalmente residentes italianos. Tampoco tienen ellos problemas con la relación euro-dólar. En cambio, en nuestro caso, tenemos problemas con el valor peso-dólar, dado que la moneda americana es la unidad monetaria que usamos para ahorrar a un plazo mayor a un año.

Si bien la tasa de los bonos italianos a 10 años ha aumentado hasta 3,3 % anual en euros (versus una tasa de interés 4,3 % en Grecia), en el caso de la Argentina, la tasa de interés es mucho más alta. Por ejemplo, la tasa de interés del bono Bonar 24 (a 6 años), está en 11 % anual en dólares, lo que equivale a algo más del 10 % anual en euros. Esto lleva a preguntarse por qué el "riesgo país" de la Argentina se ubica en 700 puntos básicos y está muy alto comparado con el de Italia, que es de 20-40 puntos básicos contra Estados Unidos.

¿Qué pasa con la Argentina, que inclusive hemos tenido que recurrir al FMI como prestamista de última instancia en este año? Si bien hay explicaciones muy válidas como nuestra sequía de la cosecha gruesa que implicó cerca de USD 8.000 menos de exportaciones, la recesión en Brasil de los últimos 3 años que frenó nuestra industria, el incremento de la tasa de interés de Estados Unidos que nos dejó sin liquidez internacional y la fuerte rebaja de ese país de los impuestos a las corporaciones, que bajaron del 35 % al 21 % y, entre otras cosas, nos quitaron eventuales inversiones. Pero nuestros problemas de deuda pública se deben, en la práctica, a que hemos llegado a un nivel de la misma que los agentes financieros internacionales consideran alto para la Argentina.

Este es el verdadero problema económico de nuestro país, a lo que se suma la incertidumbre política, con la difícil pregunta: ¿Quién puede ganar las elecciones de 2019? Este interrogante dificulta mucho los préstamos al país. Por suerte, no necesitamos pedir nada en el exterior hasta 2020.

La deuda pública de la Argentina en 2018 llega al 81 % del PIB, lo cual está lejos del nivel óptimo para que la economía funcione adecuadamente. Sobre la base de nuestro libro 200 años de Economía Argentina, y analizando cifras históricas de 1810 hasta ahora, el nivel óptimo de deuda pública es del 25 % del PIB. Niveles más alto de este porcentaje empiezan a ser un problema, tal como ocurrió en los últimos 70 años donde hemos tenido varios default, o no pago de las deudas a su vencimiento.

A partir de 2020, tenemos que bajar esa deuda, que es alta en función de nuestro "track record" o historia, aunque a muchos no les parezca tan alta. ¿Qué es lo que hay que hacer? Tenemos que disminuir la deuda de 81 % del PIB al 25 % del mismo y mantenernos aproximadamente en ese nivel, salvo motivos circunstanciales. En otras palabras, tenemos que tener un fuerte superávit fiscal en la próxima década, del año 2020 a 2030.

Por supuesto, un resultado así parece imposible, e incluso aún peor pues además hay que bajar los impuestos. Lamentablemente, esto es lo que hace falta para tener una moneda sana, con una inflación no mayor del 2,5 % anual y para tener un país sin riesgo de default en forma permanente, un país que no presente incertidumbre para el futuro. Hace falta una Argentina así, que pueda de esa manera atraer fuertes inversiones, tanto locales como internacionales. Si queremos salir de la difícil situación económica, política y social actual hay que seguir el camino difícil, ese es el camino de lo que hay que hacer, bajar la deuda pública en relación al PIB.

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