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La lectura en noches de insomnio

Daniel Gigena
Daniel Gigena LA NACION
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5 de diciembre de 2018  • 21:48

Para los que padecen insomnio, la literatura es una alternativa o vía de escape durante las horas vacías en que todos los demás dormimos. "Algunos de los grandes libros de mi vida me afectaron más porque los leí sin interrupción en las noches de insomnio", contó Antonio Muñoz Molina. Biografías, novelones bélicos, thrillers y melodramas del siglo XIX con una sola meta (el casamiento ventajoso para el ascenso social) acompañan no solo al autor español sino también a cualquiera que no pueda conciliar el sueño. Provocado por viajes largos, tribulaciones o simple estrés, el insomnio se vuelve, según Muñoz Molina, el "reino de las lecturas excesivas".

Para otros más modestos, los libros son como oasis en la lenta caravana de la noche al amanecer. Después se podrá decir que, una vez terminado el viaje de la noche hasta que asoma la luz del día, algo habrá pasado.

Célebres personajes literarios, como don Quijote, sufrieron insomnio. "Y así, del poco dormir y del mucho leer, se le secó el celebro", señala con malicia el narrador de la novela de Cervantes, al que no hay que dar crédito de manera constante. Para los escritores, el insomnio puede ser fuente de hallazgos estéticos. "En vano espero/ las desintegraciones y los símbolos que preceden al sueño", se lee en el poema "Insomnio", de Jorge Luis Borges, donde el poeta compara ese estado con la inmortalidad. En un irónico cuento breve del cubano Virgilio Piñera, el protagonista intenta, a toda costa, poner fin al insomnio. "El insomnio es una cosa muy persistente", concluye. Se dice que la obra de Franz Kafka, a veces asimilada a una pesadilla, es resultado de la falta de sueño del escritor checo. "Creo que este insomnio se debe únicamente a que escribo", anotó en su diario.

Este año, la editorial Bärenhaus publicó el segundo tomo de 25 noches de insomnio. Historias que te quitarán el sueño, con cuentos del escritor Marcelo Di Marco. Autor de varias novelas, libros de poemas y ensayos (algunos de estos en colaboración con Nomi Pendzik), Di Marco es muy conocido por sus talleres literarios. Desde 1979 forma a escritores. Hoy, muchos de ellos son voces reconocidas. José Supera, Carla Pravisani y Azucena Galettini pasaron por su taller, igual que Pablo Forcinito y Ariel Urquiza, premio Casa de las Américas 2016. Luis Cattenazzi y Martín Di Lisio, que ganaron premios del Fondo Nacional de las Artes en cuento, fueron al taller de Di Marco. Y Pablo Di Marco (Primer Premio en la Bienal de Novela de Colombia), Miguel Sardegna y Cristian Acevedo moldearon sus escrituras con ayuda del autor de Taller de corte & corrección, clásico manual para aspirantes a escritores.

Antes de llegar a la imprenta, los cuentos fueron testeados por el escritor con los que ahora asisten a su taller. "Les compartí y les comparto varios de mis relatos, y siempre los más avanzados me aportan mejoras. El rigor en las observaciones es mutuo, porque, si bien ninguno de nosotros se parece al otro, todos escribimos bajo el mismo implacable entrenamiento. Por ser el coordinador, con cada nuevo libro estoy bajo examen, así que debo cuidar con mucho celo mi propia literatura", dice Di Marco. En 2019, se publicará la tanda final de 25 cuentos de terror y misterio del escritor porteño.

Con humor negro, cultas referencias ocultas y comentarios ácidos sobre los valores del presente, los nuevos cuentos del maestro Di Marco bordean el terror psicológico, el género fantástico y el misterio de las ficciones ambientadas en una Buenas Aires macabra. La edición incluye comentarios sobre la "cocina" de escritura de los 25 cuentos.

Sin embargo, ninguno de los cuentos de Di Marco fue escrito en noches de desvelo. ¿Y el insomnio, entonces? "Uno queda bien proclamando que sufre de insomnio, pero lamento decepcionar a los lectores: no me cuesta dormirme, y con cinco horas y media de sueño ya estoy apto para el combate. Escribo cuando puedo: con más de cincuenta talleristas, necesito sacarle jugo al tiempo. Creo que el actual vaciamiento espiritual se debe a una condicionada falta de fe y de cultura, y esa carencia produce insomnio. Por ende, el cultivo serio de la literatura debería erradicar el mal. La disciplina lo es todo", revela el autor de los relatos que pueden quitarnos el sueño. Mientras otros consumos conspiran contra la lectura, la literatura promete vencer el insomnio; si no lo derrota, al menos lo transformará en un aliado.

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