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Carlsen-Caruana: reflexiones sobre otro mundial parejo y cómo el ajedrez espera a quien rompa los moldes

Fuente: Archivo
Pablo Ricardi
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6 de diciembre de 2018  • 15:02

El reciente match entre Carlsen y Caruana, ganado por el primero, da pie para una mirada retrospectiva hacia los campeonatos mundiales de ajedrez, que permite darse cuenta que los encuentros parejos y el equilibrio entre los mejores ha sido la norma, y no la excepción. Siendo más raro que un campeón haya ejercido un dominio claro sobre sus rivales.

Encuentros empatados ocurrieron varias veces. Tomando como referencia a los tiempos de Botvinnik, señalado por muchos como el comienzo del ajedrez moderno, vemos que el citado empató dos matches por el título en la década del cincuenta, uno con Bronstein, y otro con Smyslov.

En esa época, el campeón gozaba de formidables ventajas dado que además de favorecerlo el empate, también tenía derecho a una revancha si perdía el título, cosa que Botvinnik aprovechó al recuperar el trono ante Smyslov y Tal en sendas revanchas luego de haber perdido el primer match.

Los campeones que le sucedieron, Petrosian y Spassky, tampoco mostraron una superioridad clara sobre sus contemporáneos. Se decía que eran "Primus interpares". Supremacía neta exhibieron Fischer, cuando ganó la corona; Karpov, en su match con Korchnoi de Merano (1981), y Kasparov en sus encuentros con Anand y Short. Pero estos momentos fueron breves y tienen matices. Fischer no quiso jugar con Karpov en 1975 cuando era probable que este le planteara una dura resistencia; el mismo Karpov tuvo serios problemas para imponerse a Korchnoi en sus dos primeros matches, pese a ser veinte años más joven; y Kasparov, si bien mostró una clara superioridad durante unos cuantos años, sobre todo en torneos, cuando perdió con Kramnik en Londres (2000), no pudo ganar ni una sola partida.

Cuando Carlsen ganó y defendió el título ante Anand se produjo un recambio generacional, pero también empató sus dos últimos encuentros frente a Karjakin, y Caruana, jugadores de su misma edad, y sólo ganó en los desempates a partidas rápidas. Está claro entonces que la lucha entre los mejores tiende siempre a la paridad.

Por otro lado, un dato inquietante del último match es que se trata de la primera vez que se empatan todas las partidas de un match por el Campeonato del Mundo. Una idea que me parece interesante, aunque no ataca la cuestión de fondo, sería que el campeón jugara el torneo de Candidatos. Allí participan los ocho mejores a doble ronda. Y podrían jugar el match los dos primeros del torneo.

Pareciera que el mundo del ajedrez esté necesitando la irrupción de un jugador que rompa los moldes y dé nueva vida a elite mundial. Como hicieran en su momento inolvidables campeones como Misha Tal o Bobby Fischer.

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