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Valores del pugilismo y la sorpresa: vuelve La Hiena Barrios

Osvaldo Príncipi
Osvaldo Príncipi PARA LA NACION
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7 de diciembre de 2018  • 01:22

Las confesiones de distintos boxeadores en las últimas horas resaltaron la valía espiritual del pugilista que, para la opinión pública, aparenta ser vacía e ínfima. Sin embargo, su naturaleza destaca sensibilidad y altruismo permanente; con un corazón tan grande como el que ponen a prueba cada vez que suben al ring. Pero todo esto no suele ser prioritario en la actual expansión noticiosa, reservada para una segunda selección informativa que llama poderosamente la atención.

El polémico empate entre el estadounidense Deontay Wilder con el inglés Tyson Fury y los millones por repartir en el presente y el futuro de ambos, ocasionó decena de titulares deportivos. La situación del haitiano Adonis Stevenson, en coma inducido, tras perder su corona en Canadá, alimentó a las redes sociales con todo tipo de pareceres. Finalmente, y con solo una frase, el excampeón mundial Jorge Rodrigo La Hiena Barrios , definió su momento vida y la vuelta a los rings a los 42 años.

El británico Fury, quien hace dos años pedía, en modo desequilibrado, que alguien le quitara la vida antes de tener que hacerlo por sus propios medios, declaró: "Soy un boxeador y no un hombre de negocios. ¡Qué puedo hacer con los 10 millones de dólares que gané! No sabría cómo cuidarlos o cómo gastarlos y nunca vi nada tan duro y penoso como la gente que duerme en las calles de Los Ángeles. Los homeless y los drogadictos, a merced de cualquier cosa, me llevan a poder construirle refugios o una casa comunitaria con este dinero. Quiero crecer, hacer el bien y recuperar el tiempo perdido. Donaré mi bolsa a los que no tienen nada". Para reflexionar, ¿no? Se trata de un hombre recuperado ahora de su depresión y exultante por lo expuesto, el sábado último, en el ring del Staples Center de Los Ángeles, con un gran desempeño ante Wilder que capturó la admiración de los norteamericanos.

Los médicos del Centro Hospitalario Universitario de Quebec, Canadá, intentarán mañana sacar del estado de coma inducido a Adonis Stevenson, que sufrió un sangrado cerebral en la pelea perdida por KO frente al ruso Olek Gvozdyk, por el título mundial semipesado. A los 41 años y luego de cambiar el cruel destino de su vida, desde la pobreza en Haití hasta la riqueza en Canadá, reaparecía para escenificar "su última pelea". Y todo salió mal.

El Consejo Mundial de Boxeo, a través de su devoción por la Virgen de Guadalupe, expandió desde México una plegaria universal por el campeón lesionado que halló eco unánime en una comunidad dividida como pocas: la del boxeo. Se debió tocar fondo para conseguir un abrazo generalizado.

Por último, con 42 años, volverá a combatir el bonaerense Jorge Rodrigo La Hiena Barrios, ex campeón liviano junior (OMB). Favorecido por su libertad asistida, lograda en 2017, tras estar más de tres años en prisión por culpabilidad en un accidente de tránsito en la ciudad de Mar del Plata que determinó la muerte de Yamila González, una joven embarazada, en 2010.

Peleará lejos de los principales focos de atención: en Villa María del Río Seco, en Córdoba, ante el brasileño Adailton de Jesús, el 14 del mes actual.

La Hiena compartirá la cartelera con su hijo Mauro, también boxeador profesional, sin estridencia alguna. Solamente vertió una afirmación, casi amarga dentro de una tibia ilusión: "Trato de ser mejor persona de lo que fui. Eso motiva mi regreso. Nada más".

Lo legal parece concluido. Lo social seguirá encendido, y con cargas constantes por un buen tiempo.

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