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Central tiene un héroe: el Patón Bauza volvió a su casa para reinventarse como entrenador

La imagen esperada en Rosario: Bauza con la Copa Argentina
La imagen esperada en Rosario: Bauza con la Copa Argentina Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Aguilar
Pablo Casazza
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6 de diciembre de 2018  • 23:59

Rosario Central ha sido su casa, su formación, su despegue. Allí aprendió a ser líder, a ser protagonista, a ganarse el pan de cada día en el fútbol con responsabilidad y presencia. Como jugador tuvo grandes logros. Ese es Edgardo Bauza, el Patón, el entrenador que volvió a su casa para ser campeón.

Formó parte de grandes equipos que fueron los que le dieron las últimas alegrías a nivel local al canalla. Dos "equipazos", que bajo la conducción de tal vez el máximo prócer de Arroyito, "Don" Ángel Tulio Zof, deleitó a propios y ajenos. El Nacional del 80, ganando la final a Racing de Córdoba del Coco Basile, y luego el campeonato 86/87 junto con Omar Palma.

Como DT la suerte le fue esquiva, si esto puede medirse con esa vara. Dirigió a un gran equipo en el Apertura 98 con Juan Antonio Pizzi como estandarte: sumó 43 puntos producto de catorce victorias y un empate, y debió conformarse con el segundo lugar, detrás de un demoledor River dirigido por Ramón Díaz. En ese mismo año, perdió la final ante Santos, de Brasil. Cayó en la ida en tierras brasileras y el empate en cero en el Gigante no pudo revertir la situación. En el 2001 alcanzó las semifinales de la Libertadores quedando eliminado por Pachuca, de México. Cerca, Bauza siempre estuvo cerca.

Bauza llegó a Rosario Central de manera casi sorpresiva. Sus últimos trabajos fueron tropezones en su carrera, como si el cercano cierre de la misma, por edad claro, le hubiera minado las fuerzas. Su paso por la selección Argentina en las eliminatorias fue caótico, y su salida desprolija. Luego llegaron Arabia Saudita y Emiratos Árabes. Las frustraciones fueron casi las mismas.

Cuando en Ecuador, donde reside junto a su esposa y su hija, lo esperaban, el amor por Rosario Central pudo mas. Ningún dinero pudo competir con el corazón auriazul de Bauza, un símbolo histórico, aunque suene repetitivo del club de Génova y Cordioviola. Vino a buscar revancha y otro pedazo mas de gloria. Las consiguió.

El presente en la Superliga no es el mejor. Tras un inicio arrasador cayó en un pozo futbolístico, que se contrapuso con el andar de la Copa Argentina, que ofició de bálsamo. En esta competencia, y sin jugar bien, fue ganando, por goleada a Juventud Antoniana, por penales ante Talleres y Almagro, sufriendo mucho en ambos partidos. Luego la resonante victoria en el clásico ante Newells jugando regular, la pésima actuación ante Temperley en semifinales, en donde otra vez mas fue certero a la hora de desempatar por penales. Y la final... Ya todos saben qué pasó en la final. Ya todos vieron al Patón Bauza con la copa en sus manos.

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