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El consuelo a Pablo Pérez y los abrazos: por fin, River y Boca estuvieron a la altura de una final

El abrazo de Scocco a Pablo Pérez, después del partido.
El abrazo de Scocco a Pablo Pérez, después del partido. Crédito: Imagen de TV
Diego Morini
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9 de diciembre de 2018  • 20:18

¿Por qué esperaron tanto? ¿Qué necesidad había de dar un espectáculo tan triste y llegar a Madrid? Si pudieron en el Bernabeu hacerlo con la historia ya resuelta... No les costaba nada mostrar gestos a la altura como los que expusieron cuando el árbitro Andrés Cunha terminó el partido. River se volvió loco en el festejo, Boca lo sufrió, pero estuvieron lúcidos en ese instante de tanta adrenalina. Todos los jugadores supieron comportarse como corresponde. Los dirigentes también. Los entrenadores se sumaron. La angustia de Pablo Pérez no quedó sólo en una imagen, lo que resultó significativo de esa situación fue el gesto que tuvieron los futbolistas del conjunto millonario que se acercaron a saludarlo y con mucho respeto. Salud por eso, porque de esas actitudes se trataba esta final tan trascendente.

El saludos de los jugadores de River a Pablo Pérez. Fuente Fox Sports

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Demasiadas acusaciones cruzadas, muchas palabras desafiantes, interminables declaraciones poniendo en duda absolutamente todo. Por suerte tras el 3-1 de River todos comprendieron que ya no era tiempo de miserias, Guillermo Barros Schelotto aceptó amablemente el saludo del presidente de River, Rodolfo D' Onofrio, de la misma manera que Lucas Pratto demoró un instante su festejo para cruzar unas palabras con el entrenador de Boca. Por suerte, entendieron cuál era el mensaje que había que dar.

River es campeón de la Copa Libertadores de América y será histórico. Nadie podrá quitarle ese privilegio al conjunto de Núñez. Pero tampoco es un detalle menor que el plantel de Boca, con el alma partida se quedó a la entrega de premio a su rival de toda la vida. Es cierto que es lo que corresponde, que el los xeneizes no hicieron nada extraordinario, pero el fútbol argentino tiene tan pocos momentos de cordura...

La histeria finalmente quedó sepultada por un poco de sensatez y una pizca de sentido común. Incluso, hasta se lo vio a D'Onofrio salir de la euforia del momento, apelar a su inteligencia y salir al cruce de Darío Benedetto para decirle unas palabras: "¿Puedo decirte algo? Sos un gran jugador", se alcanzó a leer en los labios del presidente de River.

Era tiempo de dar muestras de madurez y sucedió. River, Boca, sus jugadores, los cuerpos técnicos y los dirigentes supieron darle el mejor cierre a una final que será recordada por siempre. Al menos, en el desenlace, se comportaron como adultos.

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