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A 50 años del lunes que cambió la informática: primera demostración pública del mouse y la interfaz gráfica

Una foto promocional del NLS, el sistema diseñado por Engelbart, con el mouse, la pantalla con ventanas y una interfaz gráfica y, para la mano izquierda, una pedalera que no prosperó
Una foto promocional del NLS, el sistema diseñado por Engelbart, con el mouse, la pantalla con ventanas y una interfaz gráfica y, para la mano izquierda, una pedalera que no prosperó
Ricardo Sametband
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10 de diciembre de 2018  • 11:26

Es una demostración impactante: 90 minutos en los que un hombre presenta en forma pública, por primera vez en la historia, un sistema informático que incluye el mouse, la interfaz gráfica con ventanas, la videollamada, el procesador de texto, la edición colaborativa en simultáneo de un documento, el hipertexto que permite vincular dos archivos o contenidos. Fue el futuro desplomándose en bloque frente a los casi mil asistentes a la Conferencia Conjunta de Computación de otoño, organizada por el Instituto de Ingenieros en Electricidad y Electrónica (IEEE) y la Asociación para la Maquinaria Computacional (ACM).

El hombre en pantalla es Douglas Engelbart, y explica todo lo que puede hacer este sistema en el que trabaja hace casi una década, y que gira en torno a un dispositivo clave: el mouse, que creó junto con Bill English en 1964, tal como le contó a LA NACION en 2002. Pero no es lo único: en una época en la que la computación era algo exclusivo de universidades y empresas grandes, Engelbart y un puñado de investigadores idearon todo lo que hoy damos por sentado en una computadora convencional. Fue el principio de todo.

La demo puede verser en YouTube o, con anotaciones y un formato interactivo en el sitio que mantiene la hija de Engelbart.

Engelbart (que murió en 2013) quería usar la informática para elevar el intelecto humano, para ayudar a las personas a lidiar con una realidad cotidiana que veía cada vez más compleja. Durante la Segunda Guerra Mundial había usado un radar y había entendido que en ese tubo de rayos catódicos, en ese mapa que se generaba con cada barrida, había algo, una punta sobre la que trabajar. En 1957, con un doctorado como ingeniero electrónico, entró a trabajar a Stanford y a pensar cómo podía aportar ese grano de arena.

Así creó, hace más de medio siglo, el NLS, o oN-Line System: una sistema informático que, en una época en la que la mayoría de las computadoras no tenía pantallas (imprimían sus respuestas frente a comandos ingresados con un teclado) ofrecía algo que parecía de ciencia ficción: los rostros de varias personas dialogando en pantalla mientras editaban texto, con Engelbart cambiando el tamaño de las ventanas con información, moviendo el mouse, viendo información organizada en un árbol jerárquico al que se accedía con un clic, etcétera.

A la izquierda, Douglas Engelbart en 1968 ensayando para la demostración pública de su diseño; a la derecha, Engelbart en 2008, con el prototipo del mouse
A la izquierda, Douglas Engelbart en 1968 ensayando para la demostración pública de su diseño; a la derecha, Engelbart en 2008, con el prototipo del mouse

Esa computadora NLS, dicho sea de paso, se convirtió en el segundo nodo de Arpanet, la red antecesora de Internet: la oficina de Engelbart estaba del otro lado del pasillo de la de Leonard Kleinrock, que tenía la primera computadora conectada.

Y todo ese trabajo sirvió, unos años después, para que parte del equipo que trabajó con Engelbart creara (en el Palo Alto Research Center) la computadora Xerox Alto, que serviría de inspiración a Steve Jobs y Bill Gates unos años más tarde, y que ofrecía una interfaz gráfica controlada por un ratón.

El primer diseño del mouse, desarrollado entre 1964 y 1968; usaba unas ruedas para medir el movimiento; la bolita fue idea de unos ingenieros del Telefunken
El primer diseño del mouse, desarrollado entre 1964 y 1968; usaba unas ruedas para medir el movimiento; la bolita fue idea de unos ingenieros del Telefunken

La demostración pública de 1968, no obstante, requirió otra parafernalia: enlaces de microondas para conectar con usuarios remotos en Menlo Park, dos módems especiales de 2400 baudios (una locura de capacida para la época) y un camarógrafos siguiendo a los participantes. No era un sistema hogareño, los equipos ocupaban salas enteras y montar todo eso salió una fortuna: pero la semilla del futuro estaba ahí.

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