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La memoria de un país

Delfina Bunge fue sin duda una mujer especial para su época. A 50 años de su muerte, su obra sigue ofreciendo un testimonio lúcido y profundo sobre la vida nacional
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27 de marzo de 2002  

Hace cincuenta años, el 30 de marzo de 1952, moría en Alta Gracia Delfina Bunge de Gálvez. La escritora, casada con Manuel Gálvez, pertenecía a una tradicional familia porteña, con un abuelo extranjero (el alemán Karl August Bunge) y los otros tres de vieja raigambre hispanocriolla. Sus dos abuelas, Genara Peña y Lezica de Bunge y Luisa Sánchez de Arteaga, eran muy amigas de Mariquita Sánchez, quien habla de ellas en cartas a su hija Florencia.

Nacida en diciembre de 1881, Delfina empezó a escribir los treinta cuadernos de su diario cuando tenía 15 años y lo siguió haciendo, casi sin interrupciones, hasta su edad madura. Es éste un testimonio lúcido, profundo y a la vez ameno de esos años cruciales en que se fue gestando la nueva Argentina. Su niñez está relatada en Viaje alrededor de mi infancia , encantador libro de memorias que agotó cuatro ediciones (la última de Peuser en 1956). El diario, que abarca el período de 1897 a 1920, es un documento excepcional en la literatura argentina no sólo por su extensión (10.000 páginas) sino por las descripciones de usos y costumbres de fines y principios de siglo y la profundidad de sus observaciones. Igualmente atractiva es la pintura de personajes de la época (famosos o anónimos) como los viejos hermanos Anchorena, el general Mitre, sus amigas (entre las que Victoria Ocampo ocupó un lugar especial, reflejado en más de cincuenta cartas) o sus propios hermanos: Carlos Octavio, el escritor, Augusto, el futuro diputado socialista, Alejandro, el economista precursor del Mercosur, Jorge, el fundador de Pinamar.

El debut literario de Delfina se realizó en forma casi accidental en 1904, cuando unas páginas de su diario, donde retrataba a jóvenes amigas, traducidas por ella misma al francés, resultaron premiadas en el certamen de Fémina , revista parisina muy leída por la sociedad porteña. Este primer éxito le valió casi tantos elogios como críticas cuando quisieron publicar su foto en la revista Caras y Caretas . "Esto hunde a una niña en sociedad", fue el comentario de alguno.

La consecuencia más perdurable de aquella distinción recibida en Francia fue conocer a Manuel Gálvez, tímido muchachito provinciano de 22 años, que fue a visitarla y pedirle el artículo premiado para publicarlo en la revista Ideas que él dirigía. El mutuo enamoramiento hizo desistir a Delfina de una pretendida vocación religiosa, pero el noviazgo fue largo y difícil: mientras ella se reponía de una tuberculosis en distintos lugares de las sierras de Córdoba y empezaba a escribir sus primeras poesías en francés, Gálvez viajaba a Europa y luego recorría el país por su cargo de Inspector de Enseñanza Secundaria. Todo este noviazgo está ampliamente tratado en el diario de Delfina y en la abundante correspondencia que ambos mantuvieron. Se ve allí la lucha entre el puritanismo victoriano de fin de siglo y los genuinos sentimientos que debían ser reprimidos o sublimados de acuerdo con los códigos de la pacata moral imperante.

¿Fue Delfina Bunge una rebelde para su tiempo? En cierto sentido sí, como lo demuestra su ensayo Las mujeres y la vocación , escrito y publicado en la década del veinte, o los artículos escritos para LA NACION y otros periódicos, donde critica los usos y costumbres de la época. Mantuvo sin embargo intactas su fe religiosa y su devoción por la vida de familia a la que asignó un papel fundamental en la formación del intelecto y el espíritu. Casamiento y maternidad no fueron un obstáculo para su vocación literaria. Por el contrario, recién después de casada comenzó a escribir y publicar sus primeros ensayos. De soltera sólo había escrito poesía en francés y cuatro libros de lectura para primaria en compañía de su hermana Julia Valentina. Después de su casamiento, la imprenta Lemerre publicó en Francia en 1911 su primer libro, Simplement , que recibió elogiosos comentarios de poetas como Rubén Darío quien en una carta la llama "la prodigiosa señora de Gálvez". Algunas poesías de este libro fueron traducidas al castellano por Alfonsina Storni y publicadas en 1920 con prólogo de José Enrique Rodó.

La experiencia de la maternidad le inspiró El alma de los niños , libro que tuvo dos ediciones. En 1922 su ensayo Las imágenes del infinito fue premiado en el concurso literario municipal. Esta obra dejó asombrado al filósofo Alejandro Korn, quien no podía creer que su autora no tuviera formales estudios universitarios. Ese mismo año había publicado con éxito Las mujeres y la vocación y al año siguiente, El tesoro del mundo . En 1924 escribió el libro de cuentos Oro, incienso y mirra , ilustrado por Guillermo Butler y en 1926, Los malos tiempos de hoy . Les sucedieron otros ensayos sobre temas diversos, como La vida en los sueños , Viaje alrededor de mi infancia , En torno a León Bloy y Cura de Estrellas .

Pero lo que más repercusión tuvo fue el artículo sobre el 17 de octubre publicado en el diario El Pueblo . Cantidad de suscriptores se borraron, el director debió renunciar y algunos conocidos llegaron a negar a Delfina el saludo por su actitud de comprensión hacia el nuevo fenómeno de masas iniciado en 1945. Según Félix Luna, su voz fue la única sensata. En ese momento de descontrol político-emocional, ella habló con total objetividad sobre lo que estaba viendo desde su balcón de la calle Santa Fe: allí no había violencia ni resentimiento, sólo rostros humildes, cansados y felices de ser protagonistas, por primera vez, en la gran ciudad que les volvía la espalda.

Junto a su amiga Guillermina Achával, Delfina Bunge puso todo su entusiasmo y esfuerzo en la construcción de la gruta y capilla de Nuestra Señora de Lourdes, en las sierras de Alta Gracia, que reúne actualmente a millares de devotos el 11 de febrero y es visitada por cantidad de turistas durante todo el año. En esas sierras que conocía y amaba desde su juventud, murió repentinamente, el sábado 30 de marzo, durante las celebraciones por los 25 años de la consagración de la Capilla de la Gruta.

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