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Diez años de una usina cultural en Caballito

Las directoras Camino y Bonifetti
Las directoras Camino y Bonifetti Fuente: LA NACION - Crédito: Rodrigo Néspolo
La sala Oeste funciona con teatro y danza, en el Mercado del Progreso
Leni González
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14 de diciembre de 2018  

Roberto Arlt quiso que el protagonista de su novela El juguete rabioso vendiera papel de diarios a los puestos de carne y pescado del Mercado del Progreso, genealogía literaria que los comerciantes del histórico centro comercial de Caballito, fundado en 1889, reconocen como una señal que no podía ignorarse. Uno de ellos, el carnicero Alfredo Andrada, actor, filósofo y milonguero, más de diez atrás motorizó el sueño de reciclar para el arte el abandonado primer piso del Mercado. El ofrecimiento estaba pero había que animarse. Y las directoras y docentes de teatro Graciela Camino y Emilia Bonifetti se animaron a levantar su propia sala, Oeste Usina Cultural, en el corazón de Primera Junta, entre negocios y líneas de colectivos.

"Cuando llegamos, esto era Kosovo", dice Camino y mira alrededor de su lugar: dos salas amplias y un living que dan al pasillo balcón, en damero blanco y negro, que rodea el gran pabellón central del mercado. La entrada individual, la escalera metálica, el piso de madera, la tapicería de los sillones ni imaginan el ruido mañanero de la feria. "En 2007, cuando buscábamos dónde ubicar nuestra sala, tuvimos la suerte de encontrarnos con esto, un espacio que se había construido como vivienda para los puesteros, en su mayoría inmigrantes, pero después fue descuidado y abandonado", dice Bonifetti que comenzó como asistente de dirección de Camino. Ambas trabajaron juntas mucho tiempo en El Excéntrico de la 18, la sala de Cristina Banegas, una de sus referentes.

"Alfredo Andrada es nuestro carnicero ángel guardián, el puente que permitió que fuera posible. Sacamos un crédito, nos dieron un año de gracia y en 2008, largamos. Somos las segundas en ocupar este piso porque el primero, en el otro extremo del pasillo, es el historietista Marcelo Dupleich con la escuela de dibujo La ola", dice Camino, directora de Formas de hablar de las madres de los mineros, Hechas contra el decoro, Ranqueles y, entre otras, la última, Pavlovsky en fuga.

Integrantes del colectivo Escena (Espacios Escénicos Autónomos), el off del off, fuera de circuitos teatrales tradicionales, las dos defienden la sustentabilidad del teatro independiente, la autogestión y la cooperativa como estrategias para salir adelante. "Hay formas dinámicas de gestión y negociación para ganar terreno y lograr continuidad. Buscamos que esta sala sea un lugar de encuentro, de discusión, de generación de contenidos y experimentación, sin esperar que nos llamen. También definición sobre esa búsqueda porque mostramos nuestras producciones o aquellas que conocemos o seguimos. No porque esté mal lo contrario sino porque no podemos elegir o juzgar lo de otros si no seguimos ese proceso creativo", dice Bonifetti, directora de Los subalternos, de Diego Morán Vera, y docente en la Universidad Nacional de San Martín.

Fuera de las lógicas comerciales, en Oeste además de la programación teatral, hay talleres de formación actoral y de literatura, encuentros musicales, poesía, charlas y todo lo que permita reflexionar sobre la mirada de los artistas.

"Es una decisión hacer un teatro en este lugar. No todo está en el Abasto. La visibilización es muy difícil con los medios que contamos. Queremos que los vecinos se acerquen, que sepan que esta puerta es un teatro que aspira a la excelencia trabajando con elementos básicos", dicen las gestoras de Oeste, a media cuadra del subte una invitación para escapar del centro y sus caras rutinas sin sorpresa.

Oeste Usina cultural

Del Barco Centenera 143, Primera Junta.

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