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Adolfo Cambiaso, los secretos para ser un fuera de serie del polo a los 43 años

Fuente: Archivo
Alejo Miranda
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17 de diciembre de 2018  • 23:59

Juancarlitos Harriott, uno de los dos mejores polistas de todos los tiempos, se retiró de la Triple Corona a los 43 años, campeón de Palermo y con 10 goles de handicap. Adolfo Cambiaso, el otro hombre en cuestión, también tiene 43 años, 10 goles de handicap y el domingo ganó otra vez el Abierto con La Dolfina. La diferencia: hay Cambiaso para rato.

Por reiterativos, ya no asombran los récords que quiebra año tras año en el polo. La singularidad de la copa levantada con la victoria ante Las Monjitas, la 15ª de su carrera, es la preponderancia con que Cambiaso sigue dominando el polo a su edad, algo inusual para la gran mayoría de los deportes, y aun para éste.

El domingo, Cambiaso fue amo y señor de la cancha. Apareció cuando el equipo más lo necesitaba tras un comienzo apremiante, marcó varios golazos, tuvo 100% de efectividad en penales, asistió a sus compañeros y hasta evitó dos tantos del rival a boca de jarro. También luchó como si fuera la última vez. De seguro habrá más funciones del crack en instancias definitorias en la cancha 1 de Palermo, pero él mismo sabe que no quedan muchas.

"Ganar seis años seguidos con este equipo es una cosa increíble. Para mí todavía más, que no sé cuántas finales me quedan, obviamente por la edad", reconoce Cambiaso. "En esta final estaba nervioso, porque sé que no tengo tantas más. Entonces uno tiene que prepararse de forma distinta. Mis competidores tienen 10 o 15 años menos que yo. Tenía que prepararme porque sabía que era de las últimas".

Es mucho el sacrificio que hace Cambiaso para mantenerse en plenitud. "Me preparo mucho mental y físicamente", acepta. "Hay mucha gente para agradecer: el Paidu que es mi preparador físico; Walter Mira, mi médico; mi kinesiólogo, Manu; el Pelado... Hay un grupo grande de gente atrás mío que trabaja durante tres meses mi cabeza, mis malhumores, mis buenos y malos momentos para estar donde estoy. Hoy el resultado es éste."

Más que el deterioro físico, lo que aqueja a un deportista de primer nivel es el costado mental. La presión por ganar. Harriott siempre dijo que con el correr de los años cada final de Palermo se le hacía una carga y terminaba jugando más para no perder que para ganar. "Mi retiro tuvo que ver con el amor propio de no querer perder", confiesa la gloria de Coronel Suárez. "Llega un momento en que después de dedicarse veintipico de años a algo uno pierde un poquito el hambre de jugar y de ganar. No es lo mismo a los 25 que a los cuarenta y pico".

Cambiaso no es ajeno a esta realidad: "Se me hace muy pesado. Cada vez estoy más grande, soy muy exigente conmigo mismo, pero esto es una caricia. Ganar justifica todo."

La final del domingo, para colmo, tuvo un par de condimentos extra para Cambiaso, como el intenso calor y, sobre todo, la presencia de su hija Mía en la final del Abierto Femenino, que terminó una hora y media antes en la cancha 2. "Hacía calor, pero el viejo se la aguantó", bromeó. "Llegué a la cancha 1 a las tres y pico de la tarde con muchos nervios por el partido que viví de Mía. Tuve que tomar un Ibupirac después del partido de mi hija porque me dolía la cabeza. Y después tuve que enfocarme en mi partido. Fue un esfuerzo enorme preparar este partido mental y físicamente."

Porque al fin de cuentas, más allá de la demanda obvia de un deporte de alto rendimiento, las piernas de los polistas son los caballos. Esto permite que la vida útil de un polista sea más larga que en otros deportes, pero en absoluto es un factor extrínseco: la calidad de los montados es un mérito de cada polista. Y en materia de cría, Cambiaso también es el número 1. Pionero en materia de clonación, su réplica B09 de la Cuartetera ganó los premios Susan Townley y el de Criadores (AACCP) al mejor caballo de la final por segundo año consecutivo.

"Este premio ratifica la idea que tuve desde un principio de que la clonación funciona", afirma, orgulloso. "Que los clones hayan ganado dos años seguidos es algo muy lindo, sobre todo sabiendo que esta es una yegua muy precoz: en marzo cumple siete años."

Arriba de ese clon, Cambiaso marcó tres goles decisivos en el tercer chukker para pasar de 3-6 a 6-6, y en el cuarto marcó otros tres para adelantarse 9-6 y nunca más volver a mirar hacia atrás. Él se quita méritos: "Jugamos muy bien. Metimos los goles que teníamos que meter. Yo estuve derecho para los penales y eso ayudó bastante."

¿Qué le depara el futuro? "Ahora descanso y voy acompañar un poco a María [Vázquez, su mujer] y a mi familia, porque esto te lleva mucho tiempo afuera del día a día", responde. "Después empezar a organizarnos un poquito mejor para el año que viene, para seguir dando pelea. El objetivo sigue siendo Palermo. Obviamente cuando éramos más jóvenes queríamos ganar la Triple Corona. Hoy ganamos dos de las tres, no está mal. Mi carrera deportiva ya está. Todo lo que viene es de yapa."

Lo mismo dijo tras ser premiado con el Olimpia de Oro en 2014. Y siguió ganando.

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