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Escritores del Brasil

ESCRITOS ANTROPÓFAGOS Por Oswald de Andrade-(Corregidor)-Traducción: A. Laera, G. Aguilar, F. Fragasso-238 páginas-($ 11) VIDAS SECAS Por Graciliano Ramos-(Corregidor)-Traducción: F. Garramuño, D. Klinger-174 páginas-($ 12)
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12 de diciembre de 2001  

La circulación internacional de la literatura no deja de asemejarse a la del cine: los libros escritos en países centrales llegan a nuestras librerías con abundancia impensable en autores de países más cercanos. No se trata de lamentar la abundancia de unos, sino la escasez de los otros y de festejar iniciativas como ésta que nos acerca, bajo el sello de Corregidor, títulos de importantes autores brasileños.

Oswald de Andrade (1890-1954) y Graciliano Ramos (1892-1952), cuyas obras son casi ignotas entre nosotros, representan los dos polos basales de la literatura brasileña contemporánea: el "modernismo", vanguardismo que hizo explosión pública en la Semana de Arte Moderno de San Pablo (1922), y el "regionalismo", encarnado en narradores nordestinos que indagaron nuevas formas de mirar su entorno. Como los polos de las baterías, éstos no se excluyen sino que en su contacto generan energía (no del todo extraña a la de otros países latinoamericanos por entonces). Del primero formaba también parte Manuel Bandeira, más conocido entre nuestros lectores de poesía; del segundo, Jorge Amado.

Lo que en Amado solía haber de colorido y proliferante, lo hay de austero y conciso en la magnífica novela breve de su amigo Graciliano Ramos, significativamente titulada Vidas secas . La estructura de capítulos casi autónomos (que ya habían sido publicados separadamente como cuentos) se abre y cierra en anillo con la migración de una familia a través del semiárido sertón asolado por la sequía cíclica. Entre medio se suceden episodios desarrollados en un campo donde ellos se radican y en la población próxima. Todo se narra en tercera persona, pero alternando la perspectiva interior (mediante el discurso indirecto libre) de los distintos miembros de la familia, incluyendo una perra. El paisaje, dador y quitador de vida, es siempre una proyección interior de esas vidas secas. Seco es también el lenguaje en que se plasma la narración, seca la comunicación verbal entre los personajes. Pero esa sequía de palabras con las que pensar y manifestarse está llena de expresividad. El encuentro, sutilmente elaborado, de la pobreza léxica con la riqueza humana subyacente, como el choque de dos piedras sobre un montón de hojas secas, produce una chispa que enseguida se hace llama, nada ruidosa pero segura de su efecto.

El volumen se completa con un prólogo de la traductora de Vidas secas, Florencia Garramuño, más dos artículos del propio Ramos y dos ensayos breves sobre su obra traducidos por Diana Klinger. El prólogo es solvente e ilustrativo del autor, su época y su obra, aunque cierto tono académico puede alejar a lectores poco habituados al lenguaje de la crítica. Los breves artículos de Ramos constituyen un aporte de interés para la comprensión de su geografía literaria. Por último, sendos ensayos de críticos brasileños ofrecen enfoques sobre la obra de esta figura señera de las letras de su país, que nació en los campos nordestinos, estudió la gran literatura occidental desde la adolescencia y comenzó a escribir desde entonces, aunque publicó su primera novela a los cuarenta y un años. Fue también funcionario estadual y, en sus últimos años, militante del Partido Comunista Brasileño.

Escritos antropófagos reúne heterogéneos escritos publicados por el poeta, novelista, dramaturgo, ensayista y periodista Oswald de Andrade a lo largo de su vida. Coexisten allí la autobiografía y la polémica, el manifiesto y el reportaje, la declamación y la argumentación. Vanguardista de principio a fin, el autor pretende ubicarse siempre en la primera línea de fuego del debate estético-ideológico. Y lo hace con coherencia: su pensamiento encuentra nuevas fuentes donde abrevar, nuevas vías para expresarse, nuevos matices, pero no cambia de senda.

"Pau-Brasil", el árbol de donde toma nombre el país, es el título de un manifiesto publicado en 1924. Otro, el "Manifiesto antropófago", da a conocer en 1928 una vuelta de tuerca. Ambos postulan las bases de una vertiente central del modernismo brasileño, en estilo petardista, tanto por la explosividad como por la brevedad de sus cláusulas, aunque su pólvora no es insustancial, es causa de vida para el propio de Andrade, que seguirá desarrollando las mismas ideas mediante una argumentación heterodoxamente filosófica en "La crisis de la filosofía mesiánica", de 1950.

Los antropófagos (a los que alude el título, Escritos antropófagos ) eran los tupíes, hallados en esas tierras por los conquistadores. Una práctica que la posterior cultura local nunca pudo digerir muy bien. "Pau-Brasil" proponía un modernismo tallado en la madera propia, dándole lugar al habla brasileña y a nuevas técnicas de composición, hermanas del montaje sintético; la "antropofagia" propone el "devoramiento ritual" del otro para apropiárselo. La afiliación de Oswald al comunismo lo llevó a un exilio interior, del que no lo sacó del todo su posterior renuncia al partido. En su madurez, acudió a la dialéctica para formular su utopía: civilización originaria, sociedad matriarcal sin clases (tesis); pasaje a una sociedad patriarcal de clases (antítesis); nuevo matriarcado, el hombre natural tecnificado, liberado del trabajo (síntesis).

Si su anecdotario paulista y parisino, poblado de celebridades, resulta casi siempre colorido, sus postulados y argumentos resultan a veces tan ricos y sugerentescomo superficiales o discutibles otras. Recorrerlos, a diferencia de lo que ocurre con la escritura de Graciliano Ramos, tiene mucho de visita al pasado. Un pasado, con todo, no carente de encantos e inquietudes perdurables, y enmarcado por una cronología y un excelente postfacio de Alejandra Laera y Gonzalo Aguilar, traductores de casi todos los textos, quienes también prepararon para cerrar el volumen un bello collage de textos literarios del antologado.

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