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Anuario LA NACION 2018

Un llamado al humanismo para terminar con el drama de los inmigrantes en el Mediterráneo

Elisabetta Piqué
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21 de diciembre de 2018  • 00:56

"Es inútil armar el pesebre navideño si no volvemos a encontrar ese sentido de humanidad del cual no podemos prescindir. No nos dejemos derrotar por el odio y la barbarie". Son palabras de Domenico "Mimmo" Lucano, ex alcalde de Riace, un pequeño pueblo del sur de Italia que se volvió modelo de ayuda e integración de los inmigrantes. En otro año marcado por el drama de miles de desesperados que le escapan a miseria, violencia, guerras y mueren en el Mediterráneo intentando alcanzar Europa –más de 2200 personas, según la Organización Internacional de las Migraciones-, la historia de Lucano es emblemática. Refleja el drástico cambio que ha habido en Italia ante la inmigración desde África, Medio Oriente y Asia, en un fenómeno que no se detiene pese al cierre y a los muertos. Y que está siendo utilizado para alterar ese humanismo que ha caracterizado desde siempre Europa.

Lucano saltó a la fama porque logró hacer revivir Riace, un pueblo que se estaba muriendo, despoblado por la emigración de su gente a las grandes ciudades, hospedando a cientos de refugiados. Su intuición nació en 1998, cuando comenzaron los primeros desembarcos de refugiados del Kurdistán. Entonces, se le ocurrió la idea de hospedarlos en las casas abandonadas del centro histórico, dando pie a una serie iniciativas que luego fueron creciendo y marcando el renacimiento de Riace. Además de repoblar el lugar, también creó empleo para los locales. Riace llegó a tener 1600 habitantes, de los cuales 700 inmigrantes.

Lucano –que en 2016 la revista estadounidense Fortune incluyó en la lista de los 50 personajes más influyentes del mundo, junto a Jeff Bezos, el presidente de Amazon, la canciller alemana Ángela Merkel, el papa Francisco y la líder birmana y Nobel de la paz Aung San Suu Kyi, entre otros–, en octubre pasado fue acusado de "favorecer la inmigración clandestina". Fue puesto bajo arresto domiciliario, luego suspendido de su cargo y exiliado de Riace. ¿Su culpa? Haber ayudado a una mujer africana a no ser deportada, facilitando su casamiento.

"Si fue posible Riace quiere decir que es posible en cualquier lado. Por eso este modelo molestaba", dice ahora Lucano, que intenta, en seminarios y conferencias, hacerle propaganda a su "modelo" de ayuda e integración.

Para él, "la ecuación migrantes/drama social ha sido científicamente construida para producir consenso electoral y no sólo en Italia". Sueña con regresar a Riace, pueblo que ahora volvió a ser fantasma -sólo quedaron 600 habitantes, de los cuales 100 son refugiados– al que postula para el Nobel de la Paz: "Sería un premio a quien no se resigna al egoísmo, al odio racial y a las discriminaciones".

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