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Instagram, el nuevo socio de los artistas

Alicia de Arteaga
Alicia de Arteaga PARA LA NACION
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26 de diciembre de 2018  

¿Pueden las redes desplazar a las galerías de arte ? ¿Será Instagram un arma letal para el sistema tradicional de comercialización? El cascabel al gato lo puso Arsty, una publicación online que actualiza contenidos vinculados con ventas, museos, ferias y bienales. No es una novedad que subir una foto a Instagram es una modalidad adoptada por miles de artistas en todas partes; en algunos casos lo hacen simplemente con la intención de mostrar lo que hacen y en otros con fines comerciales, con una estructura montada y la colaboración de especialistas. Esta suerte de galería virtual tiene un dinamismo que no tiene el sitio tradicional de la web, donde los artistas reúnen trabajos de su trayectoria, suben un CV y una historia personal. Al sitio hay que "buscarlo", Instagram llega al usuario de manera directa.

De hecho, ya ha puesto en jaque al mercado de arte tal como lo entendemos tradicionalmente. Grandes operadores tipo Sotheby's, Christie's y Philips se mantienen activos y alertas, al exhibir las obras que serán subastadas e informar de inmediato los resultados de las mismas. El alcance de la plataforma es creciente y global (lo puedo confirmar a diario como usuaria) y obliga a replantearse prácticas tradicionales que llegaron hasta acá como un non plus ultra para vender obras de arte. Por ejemplo, los catálogos de papel que circulan en el mundo entero para millones de clientes. Son publicaciones extraordinarias, en papel de primera y con fotos de alta calidad. Y cuestan una fortuna. Estos catálogos han sido los socios históricos desde que fueron fundadas las rematadoras en el siglo XVIII. Ahora compiten con el teléfono. Desde un móvil, cualquier persona en cualquier parte del mundo, sentada en una reposera mirando el mar en las Seychelles o en un bar de Purmamarca, puede abrir Instagram y ver el cuadro pintado por un old master en el siglo XVI, el último capricho lustroso salido del taller de Jeff Koons o el trabajo de un artista argentino contemporáneo. Es inmediato y simple establecer comparaciones, chequear precios, procedencia y ver qué opinan y cuántos son los f ollowers de turno. Todo suma.

Instagram es una plataforma democrática con mil millones de usuarios activos. La creciente cantidad de artistas que suben sus obras afirman que asumen el doble rol de creador y dealer, "bypassing" los tradicionales intermediarios del mercado.

El artista que se mueve solo puede ganar el 100%, pero debe estar activo las 24 horas del día.

Una estrategia para ganar clientes es compartir historias en Instagram, subir videos y profundizar la "experiencia" del arte, algo que valora especialmente el usuario, al poder compartir los secretos de la vida del artista y entrar en su taller. En general, las obras comercializadas vía Instagram por artistas neoyorquinos, australianos o canadienses, van de 500 dólares a 10.000. El 90% de los clientes se conecta directamente y el resto por galerías con las que están relacionados. Entre nosotros, por ahora, el fenómeno de difusión está en alza, el de comercialización es incipiente y, en general, se activa para obras de valores menores a los US$1000.

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