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A pesar del bloqueo, Qatar regresa fortalecido a la escena global

Un desfile militar en Doha
Un desfile militar en Doha Fuente: AFP
Juan Landaburu
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22 de diciembre de 2018  

DOHA.- Qatar no piensa rendirse. Un año y medio después del bloqueo total que les impusieron Arabia Saudita y sus aliados, el próximo organizador del Mundial de Fútbol parece más fuerte que nunca.

Confiado todavía en convertirse en una potencia regional con vuelo propio, el emirato escenificó su regreso triunfal a la escena global el fin de semana pasado con la organización del Doha Forum, una plataforma en la que se debatieron los principales problemas del mundo.

Fue una demostración soberbia del plan calculado que tiene Qatar para proyectar su imagen de un país árabe abierto al mundo. Una manera de decir "seguimos de pie pese al bloqueo", justo en momentos en que a su mayor enemigo, Arabia Saudita, le llueven críticas por sus atropellos a los derechos humanos.

El foro, que duró dos días y en el que participaron 1800 personas de 70 países, fue también un reflejo de las nuevas alianzas que se están tejiendo tras la imposición del bloqueo, y que pueden tener un impacto duradero en la dinámica de Medio Oriente.

Dos de los invitados estrella fueron los cancilleres de Turquía e Irán, dos países a los que Qatar se siente más cerca que nunca, y que están formando un eje de contrapeso a la influencia regional que pretende ejercer la familia real saudita con la venia de Donald Trump .

"Las relaciones diplomáticas con otros países fueron esenciales. Qatar se volvió más global y más abierto tras el bloqueo", explicó el ministro de Comercio e Industria qatarí, Ali Ben Ahmed al-Kuwari.

Pero no solo estuvieron presentes delegaciones de países aliados. Hubo congresistas norteamericanos, presentadores de la CNN y académicos de think-tanks influyentes de Washington, como la Brookings Institution, y hasta Sean Spicer, exvocero de Trump . "Lo que une a todos los participantes es su odio a Arabia Saudita", ironizó el editor general de un importante medio norteamericano.

Ese no fue el caso de otros dos invitados estrella, la última Nobel de la Paz, la yazidi Nadia Murat, y el secretario general de la ONU, Antonio Guterres, que estuvo a cargo del cierre y se llevó de manos del emirato un generoso cheque por 500 millones de dólares. Otra muestra del soft power qatarí.

Todo transmitido por Al-Jazeera, la cadena más influyente del mundo árabe, que para muchos analistas fue la verdadera razón por la que Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Bahrein y Egipto impusieron hace 18 meses un bloqueo por mar, tierra y aire al emirato, que tiene apenas 2,4 millones de habitantes, de los cuales solo cerca del 10% es de origen qatarí. El resto, en muchos casos, son tratados como ciudadanos de segunda.

Liderados por la familia real saudita, esos países árabes argumentaron que Qatar patrocinaba el terrorismo, al tiempo que pidieron que corten la transmisión de Al-Jazeera. Los líderes absolutistas de esos países tienen pánico de que la visión del islam político que promueve la cadena se convierta en un factor de desestabilización interna, tal como quedó demostrado durante la llamada "primavera árabe".

Pero gracias a sus inmensas reservas de gas, que le permiten tener uno de los PBI per cápita más altos del mundo, Qatar pudo sortear con éxito el bloqueo. Lejos de sentirse víctimas de un complot internacional y echarle la culpa a las potencias extranjeros por sus desgracias, el emirato adaptó su economía, forjó nuevas alianzas comerciales y hasta creó algunas industrias de cero.

"Qatar exitosamente convirtió la crisis del bloqueo en una ventaja", sintetizó Jocelyn Sage Mitchell, profesora de la sede de la Northwestern University en Qatar.

La exitosa adaptación al bloqueo no debería sorprender en una ciudad como Doha, que en pocas décadas pasó de ser un pueblo de pescadores a un moderno centro global gracias a la ambición de su familia real de salir de la sombra de las potencias regionales. Las torres de cristal se levantan una al lado de otra y hasta el típico mercado de toda ciudad árabe, el Souq Waqif, fue reconstruido hace pocos años respetando su diseño original y hoy parece el set de filmación de Indiana Jones.

Apenas dos cosas parecen haber cambiado en esta ciudad tras el bloqueo. Una imagen del emir Al-Thani, con un estilo icónico a lo Che Guevara, hoy está omnipresente en fachadas de edificios y en las ventanas de los autos. Un coletazo nacionalista del hombre que se supo parar ante el temible príncipe Mohammed. Lo otro es que en las vidrieras de los comercios hay leyendas que piden a los clientes "comprar productos de países amigos de Qatar".

La Copa del Mundo 2022, la joya de la corona del abanico de recursos que tiene Qatar para proyectar su imagen de potencia, tampoco está sufriendo. "Tuvimos que cambiar nuestra estrategia, pero fue para mejor porque encontramos materiales con mejores costos", explicó el secretario general del comité organizador, Hassan al-Thawadi, con la confianza de un país que sabe imponerse a fuerza de dólares.

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