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Balance 2018: Cinco pinceladas para resumir el año del fútbol argentino

Diego Latorre
Diego Latorre LA NACION
La conquista de la Copa Libertadores de River, uno de los acontecimientos del año
La conquista de la Copa Libertadores de River, uno de los acontecimientos del año Fuente: AFP
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22 de diciembre de 2018  • 23:59

La despareja participación de River en el Mundial de Clubes -con la desilusión inicial, la seriedad para afrontar el encuentro por el tercer y cuarto puesto, y el pequeño dolor final de saber que estaban dadas las circunstancias para hacer algo más- cerró el 2018 del fútbol argentino, un año que ha dejado muchos temas abiertos. Los siguientes pueden valer como resumen.

1. La Superliga. Se nota que hay una intención de generar cambios definitivos en la Superliga; también, que existen un montón de obstáculos. Fueron muchos años de una estructura donde primaron la desorganización, la irresponsabilidad, los desfasajes; es lógico que no pueda haber una transformación rápida, pero persisten problemas de base que la dificultan aún más.

No existen las instituciones y los cargos sin las personas, y lamentablemente continúan las disputas y la desunión. Resulta imposible que convivan en armonía dirigentes con objetivos en otros ámbitos e intereses personales opuestos. No se piensa en el bien común y nadie quiere quedar como un ingenuo ante su gente. En el comportamiento social -y futbolístico- de los directivos debería residir el primer cambio para que las cosas no sigan básicamente igual, y para lograr que el nombre Superliga no sea, como hasta ahora, poco más que un maquillaje.

2. El juego. Manda la tensión exagerada y no abunda la jerarquía. Pero aun así, el aire fresco que ha renovado nuestro fútbol en los últimos años se prolonga con la llegada de más entrenadores que trabajan con audacia para dominar el juego con mirada ofensiva.

Hay técnicos como Marcelo Gallardo, Eduardo Coudet o Ariel Holan que han demostrado su habilidad para manejarse en arenas movedizas y dotar a sus equipos de estilos bien marcados. Gabriel Heinze es una buena noticia, promocionando chicos y dotándolos de una idea de trabajo en la cual creer. Y también hay que hablar de Gustavo Alfaro, cuyo pase de Huracán a Boca lo convierte en un caso aparte. Es un técnico metódico y estructurado, que ha sido eficaz en muchos de los equipos que dirigió y parece preparado para dar el salto a un club como Boca, que como novedad en su carrera le demandará grandes objetivos incluso antes de asumir. Aunque su llegada a la entidad de la Ribera no haya sido de la mejor forma posible.

Hasta ayer mismo Alfaro parecía una excepción en nuestro fútbol, casi un outsider que criticaba de modo muy crudo el status quo, la deslealtad o la falta de cumplimiento de la palabra empeñada. La aceptación de la oferta de Boca cambiará la mirada sobre él. Los hechos no coinciden con las palabras y de alguna manera ha quedado deslegitimado.

3. Los nombres propios. No hubo demasiados futbolistas sobresalientes que me llamaran la atención. Con algunas pinceladas, Darío Benedetto dio la sensación de ser un futbolista de otro nivel. Y Rafael Santos Borré, con sus desmarques continuos, sus diagonales y su energía supo ganarse su lugar a pulso y convertirse en un jugador valioso en River.

Del resto -y dentro de un panorama muy terrenal- vale destacar el liderazgo de Lisandro López en Racing, un jugador que sirve como nexo de identidad entre el público y el equipo. Sin olvidar a algunos de los chicos de Vélez, como Thiago Almada, Vargas, Robertone o Giménez.

4. Argentina en Sudamérica. No deberíamos engañarnos. River y Boca son un poco la excepción de nuestro fútbol, pero aun contando con planteles numerosos y de mayor nivel que los demás llegaron a la final de la Copa Libertadores sin sobrarles nada. La realidad es que no existen diferencias sustanciales con el resto. Junto a Brasil y Colombia somos países exportadores de futbolistas y eso nos empareja. Nos queda el gen y el significado histórico, dos valores intangibles y cada vez más relativos.

5. La selección. Era obvio que después de lo ocurrido en el Mundial de Rusia se necesitaba oxígeno, y como en todo proceso nuevo los jugadores deberán acostumbrarse a vestir la camiseta de la selección. Pero las claves pasan por otro lado. Poner las bases de un proyecto no es para cualquiera. Es necesario que lo haga gente idónea, que verdaderamente sepa de fútbol y considere una serie de variantes que hoy no parecen ser tenidas en cuenta. Desde la trayectoria necesaria para acceder a determinados puestos como el de entrenador principal al sentido pedagógico para enseñar en los equipos juveniles, pasando por la indispensable coordinación con las divisiones inferiores de los clubes, que es donde se forman los jugadores.

Pensarnos todos nosotros como fútbol argentino es la tarea principal para mejorar en 2019. Queda mucho por hacer.

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