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Tres extraños casos de negocios falsos que se convirtieron en éxitos millonarios

Negocios "falsos"

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Sofía Terrile
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26 de diciembre de 2018  • 15:46

En los negocios , la mentira tiene patas cortas, pero a veces también tiene facturación larga: una influencer digitalizada, un holograma que baila y un restaurante que existía solamente en las plataformas de reseñas son tres ejemplos de cómo se puede monetizar el "engaño".

Lil Miquela tiene 19 años, vive en Los Ángeles y es robot. Así es su biografía en Instagram, la red social de las imágenes donde la siguen 1,5 millones de personas. La agencia estadounidense Brud creó esta imagen generada por computadora que ya publicitó contenido de las marcas Coach, Balenciaga y Prada.

Aunque sus creadores no quieren revelar si esta influencer digitalizada tiene un "fee" por las fotos esponsoreadas que sube a su cuenta, se conocen dos fuentes de ingresos de Lil Miquela: una serie de remeras con su sello que se venden a US$80, y también las visitas a algunas canciones que "compuso" y subió a YouTube.

En esa plataforma también están los videos de Hatsune Miku, el holograma del pop japonés que empezó su carrera en 2014 y fue telonera de Lady Gaga, entre otras hazañas. La estrella de la música nipona es en realidad la "cara" de un software que sintetiza voz creada por la compañía Crypton.

Sus videos en YouTube tienen más de 40 millones de visitas y, cuando hace shows en vivo por todo Japón, agota entradas.

El mundo digital no agota las posibilidades de "inventar" un negocio. Un periodista freelance, Oobah Butler, aprovechó la oportunidad y creó su propio engaño: su restaurante, The Shed at Dulwich, llegó a ser número uno entre 19.000 establecimientos londinenses puntuados en una plataforma de reseñas. El problema es que el espacio nunca existió.

Cuando creó el perfil de su restaurante en una plataforma de reseñas y les pidió a algunos de sus conocidos que reseñaran el lugar, empezó a recibir llamados y mensajes para pedir reservas. Finalmente, ambientó su casa como un espacio gastronómico, sirvió comida instantánea y reveló la verdad: el lugar no existía y solamente llegó a ser tan conocido por comentarios ficticios.

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