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Cuarenta años de La Galera Encantada

Hector Presa
Hector Presa Fuente: LA NACION - Crédito: Mariana Araujo
Juan Garff
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26 de diciembre de 2018  • 18:15

Hay unos pocos nombres que son inseparables del desarrollo del teatro para chicos en Buenos Aires en el último medio siglo. Ariel Bufano y el Grupo de Titiriteros, Hugo Midón. y Héctor Presa y La Galera Encantada, que, aun siendo el más joven de los tres proyectos, acaba de cumplir 40 años de creatividad escénica ininterrumpida. Y es, además, el único de los tres que conformó una troupe estable independiente con una sala propia que es punto de referencia, tanto para quien sale al teatro con sus chicos el fin de semana como para las escuelas que buscan ampliar horizontes de sus alumnos más allá de la enseñanza del aula.

Pero vayamos a los lejanos comienzos. Un dúo juvenil realiza en los años 70 recitales solidarios en los hospitales psiquiátricos Borda y Moyano. Una médica les pregunta si no se animan a ir también al lado, al psiquiátrico infantil Tobar García. "Fuimos, empezamos a cantar y no nos daban ni cinco de bola", cuenta Héctor Presa, entonces uno de los integrantes de ese dúo. "Ahí se me ocurrió invitarlos a cantar a los chicos, pensando en el Si lo sabe, cante de Roberto Galán, que estaba entonces en la tele. Y se vinieron a cantar, así que lo repetimos varias veces. Fue mi primer contacto con los pibes y me copó mucho la idea", rememora sus inicios quien se convirtiera, al tiempo, en fundador y director del grupo La Galera Encantada. "Se terminó de redondear el día que fui a ver La vuelta manzana, en el Teatro Estrellas, y Hugo Midón era el protagonista. Ahí me dije: 'Yo quiero hacer eso'. Me parecía tremendamente espontánea la respuesta de los chicos, que no era prefabricada, una cosa de sinceridad hasta cruel en algún momento, porque te chiflaban, te abucheaban. Me atrajo mucho, me pareció un desafío fantástico".

Pero de ahí no surgió aún La Galera Encantada. Con su hermana y un amigo armó una obra, Flor de batata, con la que se presentaron durante dos años en centros culturales barriales. En uno de ellos, en La Paternal, se encontraron con una integrante de la Comisión de Cultura, Dora Sterman, que les paró el carro. "Me dijo abiertamente que mi obra artísticamente era bárbara y pedagógicamente un desastre". No es que Presa fuese un improvisado sobre las tablas. Había trabajado en 1977 en el Cyrano de Bergerac que dirigió Osvaldo Bonet y protagonizó Ernesto Bianco en el San Martín, había estudiado con Rubens Correa y Javier Margulis, entre otros. "Pero de chicos no sabía nada".

Héctor Presa, en Romance de Trovadores, en el Museo Larreta (1979)
Héctor Presa, en Romance de Trovadores, en el Museo Larreta (1979)

"Esta mujer, Dora, hablaba un lenguaje del que yo no tenía la menor idea. Averigüé dónde vivía, en Parque Chas, y después de caminar media hora perdido por ese barrio le toqué timbre: '¿No querés armar un grupo? Vos te dedicás a lo pedagógico, yo me dedico a lo teatral.'". Ahí sí, en su asociación con la psicopedagoga Dora Sterman, a fines de 1978, Héctor Presa creó el elenco que dirige en forma ininterrumpida desde aquel entonces. "Primero le quería poner algo que tenía que ver con el bombín, por Chaplin, pero sonaba terrible, así que quedó La Galera Encantada".

Dora Sterman no solo aportó criterios pedagógicos, sino también el contacto con el músico Miguel Rur y la artista plástica y escenógrafa Elsa Carballo, cuyos aportes marcaron la primera etapa de La Galera. A los pocos meses estrenaban la primera obra del grupo: Musicando, en el húmedo sótano del Teatro de la Cortada, que luego se convirtiera en el mítico Parakultural. Con la siguiente, Callejeando, se impusieron a la ya célebre La vuelta manzana en el concurso que realizaba la Feria del Libro. Y ese mismo año, 1979, ganaron otros premios en Dinamarca, en el Festival Hans Christian Andersen, con una versión escénica de El traje del emperador. En esa compañía que apenas comenzaba se iniciaron varias carreras actorales destacadas: Andrea Tenuta, Tito Lorefice, Sandra Antman, Mónica Santibáñez, Ernesto Torchia, Virginia Lombardo.

Héctor Presa y Virginia Lombardo, en Callejeando, de 1979
Héctor Presa y Virginia Lombardo, en Callejeando, de 1979

La inclusión de una psicopedagoga era habitual en los grupos de teatro para chicos de fines de los años 70, más allá de la ignorancia confesa de Presa en lo que respecta a la infancia. "Tenías que tratar de acomodarte a los programas de estudio". Las autoridades educativas calificaban las obras como aptas para niños de cuatro años o para niños de cinco, con cierta rigidez más acorde con los tiempos militares que corrían que con los criterios piagetianos que esgrimían. "Te contrataban para una función para la sala de cuatro y no permitían que fuera la de cinco".

Un día, después de casi una década de trabajo conjunto, Dora Sterman le dijo a Héctor Presa que se retiraría del grupo. "Ya no tengo nada que decirte -le explicó-. Hasta ahí firmábamos juntos los libros. Yo los escribía y ella los corregía en función de su mejor recepción por parte de los chicos, pero llegó el momento en que le pareció que no había que cambiar ni agregar nada", recuerda Presa.

Habían cambiado también los tiempos. Héctor Presa y La Galera Encantada comenzaron a centrarse más en lo que querían contar como artistas, antes de lo que fuera necesario para el desarrollo intelectual de los chicos. Consolidado como grupo independiente, La Galera se trasladó hace ya dos décadas desde el espacio alquilado en el Teatro de la Ciudad, en la zona del Abasto, a su sala propia en Palermo: el teatro La Galera (Humboldt 1591). En esa precursora salida al barrio se afirma también en las funciones diarias vendidas a escuelas, a la vez que ya en el primer año se triplicó la asistencia de público familiar los fines de semana. "Creo que entendimos cómo comunicar nuestras propuestas, manteniéndonos visibles a lo largo del tiempo", explica Presa sobre la vigencia del grupo. "Por otra parte buscamos mantener siempre un nivel de bueno para arriba", agrega Presa. Para lograr ese objetivo contó con la solidez de su escritura, siempre ingeniosa para darle una vuelta de tuerca reinterpretando las historias y los tópicos del imaginario infantil, sin olvidar al adulto que acompaña al chico al teatro.

Héctor Presa y Carlos de Urquiza, en El Hado de Pistacho
Héctor Presa y Carlos de Urquiza, en El Hado de Pistacho

¿Cambió el público infantil a lo largo de las cuatro décadas de permanencia? "Los pibes siguen siendo pibes, siguen teniendo la misma capacidad de asombro", dice rotundo el director. La influencia de los medios contemporáneos se percibe en todo caso, señala, en que van al teatro niños más pequeños y que los grandes solo se encuentran en las funciones para escuelas. "Pero ahí falta una política cultural de las diversas instancias del Estado, que promueva el teatro entre los más grandes y también entre los que están marginados del teatro. Los pibes que no tienen acceso siguen siendo los mismos pibes que no tienen acceso".ß

Los hitos

En el extenso repertorio de La Galera Encantada hay algunas obras que marcaron la historia del teatro de los chicos. Callejeando (1978) y Romance de trovadores (1980) señalaron el rumbo del musical lúdico y entreverado de humor. Nueve meses en un ratito (1982) avanzó con una poética singular sobre los temas de la concepción y el nacimiento, entonces difíciles de abordar en el teatro para chicos. Yo así no juego más (1984), en el Teatro San Martín, protagonizada por el mismo Presa y con música de Lito Nebbia, fue un grito de protesta profundo contra las restricciones impuestas a la infancia. La puesta en escena de Malas palabras (2010), de Perla Szuchmacher, le dio una vuelta de tuerca de gran sutileza a la obra sobre los secretos de familia de la dramaturga argentina que vivió en México. Robin 4x4 Hood (2001) es un exponente ejemplar de la capacidad de Presa para reinventar historias del imaginario popular y escenificarlos con una sorprendente resignificación de los objetos cotidianos. Y María Elena (2008), una indagación sobre la creatividad que hace más honor a la obra de María Elena Walsh, protagonizada con maestría por Lali Lastra, que muchas recreaciones literales.

Maria Elena, por Lali Lastra
Maria Elena, por Lali Lastra

Los músicos de La Galera

"La música es fundamental", subraya Presa al explicar cómo funcionan sus obras. Y nombra a los músicos de sus obras, empezando por el que sigue acompañándolo en sus puestas más actuales: "Ángel Mahler es un pilar de nuestros espectáculos. Su gran mérito es fundir la música con el contenido de la obra, no superarlo, sino ponerse a la par, de modo que todo lo que esté sobre el escenario tenga sentido. A mí me preocupa cuando dicen 'qué linda música' en una obra teatral, entonces no tenía sentido lo que se escribió como texto". Miguel Rur, Lito Nebbia, Diego Lozano, Carlos Gianni y Martín Bianchedi completan la lista de quienes le pusieron canciones a La Galera Encantada.

Malas Palabras, con Luli Romano Lastra y Guillermina Calicchio
Malas Palabras, con Luli Romano Lastra y Guillermina Calicchio

Por: Juan Garff

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