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Clásica 2018: Barenboim, debut y visita marcada a fuego

Con una versión memorable de Tristán e Isolda, de Wagner, dirigió por primera vez ópera en la Argentina
Pablo Gianera
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28 de diciembre de 2018  

En una temporada lírica que se caracterizó para el Teatro Colón por la moderación (salvo el estreno, postergado desde 2017, de Tres hermanas, de Peter Eötvös) y los títulos seguros, el debut de Daniel Barenboim como director de ópera en la sala (ya de por sí un hecho insoslayable) adquiere un brillo particular.

Era una deuda del maestro argentino con el público de su país y acaso también consigo mismo. El título no podría haber sido mejor elegido: Tristán e Isolda, de Richard Wagner. Barenboim conoce ese drama wagneriano del derecho y del revés. Más todavía: domina el pasado de Tristán, y también su futuro, y es posible que a esta altura no haya otra manera de dirigir esta obra.

El dato histórico del debut, con todo lo importante que es, se vuelve así irrelevante en comparación con el triunfo artístico que tuvo en julio. El suyo fue realmente un Tristán para toda la vida; una gloria para el teatro y, más íntimamente, una de esas experiencias estéticas que no se olvidan nunca más.

Verdaderamente, nadie puede haber salido indemne después de escuchar este Tristán, aun si se toma en cuenta el flojo rendimiento del tenor Peter Seiffert en el último acto.

Apenas poco tiempo después de que eso sucedía, se distribuía en Buenos Aires Diálogos sobre música y teatro: "Tristán e Isolda", las conversaciones de, justamente, Barenboim con el director de escena Patrice Chéreau, muerto en 2013, con quien el maestro argentino colaboró en La Scala. Después de lo visto, el libro se lee de otra manera. No sabemos si volveremos a escuchar un Tristán así; tampoco si Barenboim estará otra vez en el foso del Colón. Esa doble condición torna inolvidable esta visita.

Y no solo por Tristán. También con la Staatskapelle Berlin, Barenboim (en otro debut, el suyo en la Sala Sinfónica del CCK) entregó también una lectura inolvidable de las cuatro sinfonías de Brahms. El maestro no deja nada librado al azar, y únicamente a él se le ocurre combinar el drama anárquico de Wagner con la expresividad formalmente ordenada (aun no menos desesperada) de Brahms. Una visita que queda marcada a fuego.

La tendencia: instrucciones de uso para renovar el formato de concierto

Nuova Harmonia tomó la delantera y cruzó la música con el teatro y el cine

No son pocos los que coinciden en que el formato tradicional de concierto parece haberse agotado, por lo menos para generaciones formadas con otro tipo de espectáculos. Es posible que se trate de una simple superstición, pero en cualquier caso esa superstición viene alentando intersecciones de la música con otras variedades. Muchos recordarán cuando, hace casi diez años, en 2009, el Mozarteum presentó (entonces en el Teatro Coliseo porque el Colón estaba cerrado) una versión de la Sinfonía fantástica y Lélio, de Hector Berlioz, dirigida por Philippe Herreweghe y -aquí estuvo la novedad- una puesta en escena a cargo de Jean-Philippe Clarac y Olivier Deloeuil.

Durante 2018, Nueva Harmonia hizo una fuerte apuesta en esa dirección, por lo menos con dos de sus espectáculos. Por un lado, la cantata para narrador, soprano y orquesta La vita nuova, de Nicola Piovani, basada en la obra homónima de Dante Alighieri. La fuga del concierto al teatro la explicó el propio Piovani: "La orquesta conversa con una voz recitadora y con una voz de soprano que canta". El otro caso fue el dúo de pianos de Karin Lechner y Natasha Binder, con imágenes de Mariano Nante y puesta en escena de Leonardo Kreimer.

El hecho: Buenos Aires, la ciudad de los pianistas

Esto no es del todo nuevo, pero lo de veras sorprendente es que el fenómeno no mengua. Año tras año -ya sea por el Teatro Colón, el CCK o las asociaciones privadas- llegan a la ciudad los mejores pianistas del mundo. 2018 no fue la excepción. Martha Argerich ofreció dos conciertos de alto vuelo: uno dedicado a Bach y otro en dúo con Graciela Reca. Volvieron Jan Lisiecki -con un recital completamente fuera de serie, de esos para guardar- y Sergio Tiempo.

Sobre todo, hubo dos debuts algo postergados y muy diferentes entre sí. La china Yuja Wang -una star de la clásica- deslumbró con su virtuosismo y con su audacia para presentarse en escena. En el otro extremo, el inglés Paul Lewis fue el "tapado" de la temporada. Como todo lo mejor, llegó al final.

Los top 5

Por Virginia Chacon Dorr

1. Tristán e Isolda, de Wagner. Dirección: Daniel Barenboim

Teatro Colón

2. Staatskapelle Berlin. Dirección de D. Barenboim

Teatro Colón (en el CCK)

3. Martha Argerich y Graciela Reca

En el CCK

4. Powder her face, de Thomas Adès

Teatro Colón

5.?Anna Netrebko y Yusif Eyvazov

Teatro Colón

Por Pablo Kohan

1. Staatskapelle Berlin. Dirección: D. Barenboim

Teatro Colón (en el CCK)

2. Yuja Wang (piano).

Teatro Colón

3. Anna Netrebko (solita, sin Eyvasov)

Teatro Colón

4. Martha Argerich y Graciela Reca, dúo de pianos

En el CCK

5. Filarmónica de Viena. Dirección: Gustavo Dudamel

Teatro Colón

Por Pablo Gianera

1. Staatskapelle Berlin. Dirección: D. Barenboim (las sinfonías de Brahms)

Teatro Colón (en el CCK)

2. Tristán e Isolda, de Wagner. Dirección: Daniel Barenboim

Teatro Colón

3. Jan Lisiecki (piano)

Mozarteum Argentino

4. Bachakademie Stuttgart. Director: Hans-Christoph Rademann

Mozarteum Argentino

5. Tres hermanas, ópera de P. Eötvös

Teatro Colón

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