Suscriptor digital

Ya es hora de que el Partido Republicano amenace con remover a Trump de la presidencia

Thomas L. Friedman
Thomas L. Friedman MEDIO: The New York Times
Donald Trump tiene todavía dos años por delante en la Casa Blanca y cabe preguntarse si el país podrá sobrevivir todo ese tiempo
Donald Trump tiene todavía dos años por delante en la Casa Blanca y cabe preguntarse si el país podrá sobrevivir todo ese tiempo Fuente: Reuters
(0)
28 de diciembre de 2018  • 18:17

NUEVA YORK.- Hasta ahora, nunca estuve de acuerdo con remover al presidente Trump de su cargo. Sentía con todas mis fuerzas que lo mejor para Estados Unidos era que se fuera como llegó: por la vía de las urnas. Pero la semana pasada fue un momento bisagra para mí, y creo que también para muchos estadounidenses, incluidos varios republicanos.

Fue ese momento en el que tuve que preguntarme si realmente podemos sobrevivir a dos años más de Trump en la presidencia, si el demencial comportamiento de este hombre -que no hará más que profundizarse cuando Mueller concluya su investigación- no desestabilizará nuestro país, nuestros mercados, nuestras instituciones más importantes, y por extensión, el resto del mundo. Por todo eso, su expulsión del cargo ahora debe ser una alternativa a considerar.

Creo que la única opción responsable que tiene actualmente el Partido Republicano es intervenir directamente para dejarle en claro al presidente que si no modifica radicalmente su comportamiento -algo que me parece improbable-, los dirigentes del partido no tendrán más remedio que presionar para que renuncie o sumarse a los pedidos de juicio político.

Tiene que empezar por los republicanos, debido tanto a los números en el Senado como a la realidad política. Sacar a este presidente debe ser un acto de unidad nacional hasta dónde sea posible, porque de lo contrario desgarraría aún más al país. Sé que es una movida muy difícil para el Partido Republicano actual, pero hace tiempo ya que debería haberse levantado para hacer frente a esta crisis de liderazgo que vive Estados Unidos.

El comportamiento de Trump se ha vuelto tan errático, sus mentiras tan persistentes, su falta de voluntad para cumplir con las funciones básicas de la presidencia -como leer los informes de los expertos antes de hacer cambios relevantes o de designar un gabinete competente- tan obvia, su facilidad para conciliar con Rusia y fustigar a los aliados de Estados Unidos tan inquietante, y su obsesión consigo mismo y con su propio ego por encima de cualquier consideración tan sistemática, que dos años más de Trump en la Oficina Oval pueden convertirse en una verdadera amenaza para el país. Es casi imposible que el vicepresidente Mike Pence sea todavía peor.

El daño que puede hacer un Trump fuera de control trasciende ampliamente nuestras fronteras. Estados Unidos es la piedra angular de la estabilidad global. El mundo de hoy es como es -un lugar que a pesar de todos sus problemas sigue gozando de mayor paz y prosperidad que en ningún otro momento de su historia- porque Estados Unidos es como es, o al menos, como era. Y Estados Unidos es una nación que en su mejor expresión siempre ha defendido los valores universales de la libertad y los derechos humanos, que siempre ha pagado una cuota extra para estabilizar el sistema global del que fuimos los mayores beneficiarios, y que siempre ha alimentado y protegido sus alianzas con naciones afines.

Donald Trump ha demostrado hasta el cansancio que no sabe nada de la historia o de la importante de Estados Unidos. Y eso quedó descarnadamente al descubierto en la carta de renuncia del secretario de Defensa, Jim Mattis.

Trump, con chaqueta militar durante su reciente visita a Irak, tras anunciar la salida de Siria y el recorte de efectivos de Afganistán
Trump, con chaqueta militar durante su reciente visita a Irak, tras anunciar la salida de Siria y el recorte de efectivos de Afganistán Fuente: AFP

Trump está encerrado en la delirante idea de que toda la red de instituciones globales y de alianzas construidas desde la Segunda Posguerra -que con todos sus defectos han generado el tejido conectivo que permitió esta era de paz y prosperidad sin precedentes- plantea una amenaza para la soberanía y la prosperidad de Estados Unidos, y que nos iría mucho mejor sin nada de eso.

Así que Trump se regodea con los problemas actuales de la Unión Europea (UE), apura a Gran Bretaña para que la abandone, y hasta deja entrever que evalúa abandonar la OTAN. Todas esas instituciones necesitan ser mejoradas, pero no desechadas. Si Estados Unidos se convierte en el depredador de esos tratados, instituciones multilaterales y alianzas que mantienen cohesionado el mundo; si Estados Unidos pasa de ser el ancla de estabilidad del mundo a ser el motor de su inestabilidad; si Estados Unidos deja de ser una democracia construida sobre los pilares gemelos de verdad y confianza para ser un país donde es aceptable que un presidente conspire diariamente contra la verdad y la confianza, entonces ¡cuidado!, porque las nuevas generaciones de norteamericanos no sólo crecerán en un Estados Unidos diferente: también crecerán en un mundo diferente.

La última vez que Estados Unidos se desacopló del mundo de una manera remotamente similar fue en la década de 1930, y ya sabemos lo que pasó a continuación: vino la Segunda Guerra Mundial.

Nadie tiene idea de lo rápido que instituciones como la OTAN, la UE, la Organización Mundial de Comercio, o simplemente las reglas globales más básicas - como no asesinar y descuartizar a un periodista en tu propio consulado- pueden desintegrarse cuando Estados Unidos hace mutis o se hace el loco bajo el mando de un presidente aislado y desvergonzado.

Pero no se trata simplemente de lo que le pase al mundo, sino del mínimo decoro y estabilidad psíquica que uno espera de su presidente. Si el CEO de cualquier empresa privada de Estados Unidos se comportase como Trump en los últimos dos años -mintiendo constantemente, desechando colaboradores como pañuelos descartables, tuiteando como un adolescente a toda hora, ignorando el consejo de los expertos- habría sido despedido hace tiempo por el directorio de la empresa. ¿Por qué esperar menos para nuestro presidente?

Y esa es la pregunta que se están haciendo ahora los mercados financieros. Durante los dos primeros años de gobierno de Trump, los mercados tomaron esas mentiras y delirios como un ruido de fondo, mientras las ganancias y las acciones de las corporaciones se disparaban a las nubes. Pero ya no es así: ahora, Trump inquieta a los mercados.

La inestabilidad generada por Trump - incluidos sus ataques contra el presidente de la Reserva Federal-, está haciendo que los inversores se pregunten cómo evolucionará el manejo económico y geopolítico en medio de la actual desaceleración económica. ¿Qué pasaría si caemos en una crisis económica y tenemos un presidente cuyo primer instinto es echar las culpas afuera y que ya se ha desprendido de los colaboradores más adultos y sobrios dispuestos a decirle que esas "corazonadas instintivas" de las que se jacta no guardan relación alguna con el funcionamiento de la economía, de la ley, ni del sentido común? Y Mattis era el último que quedaba.

Trump ganó los votos de sus seguidores como un "disruptor" del sistema político. Pero nunca reemplaza las cosas que desarma
Trump ganó los votos de sus seguidores como un "disruptor" del sistema político. Pero nunca reemplaza las cosas que desarma Fuente: AFP

Ahora quedamos en manos del equipo de la B, toda gente muy dispuesta a tomar los cargos a los que renunciaron los primeros colaboradores de Trump -ya fuese porque no podían consentir sus mentiras, su caos o su ignorancia-, o fueron despedidos por esas mismas razones.

Tengo mis serias dudas de que alguno de esos jugadores de la B hubiese sido contratado por cualquier otro gobierno. No sólo no inspiran confianza en medio de una crisis, sino que van por ahí sabiendo perfectamente que Trump les clavará en cualquier momento un puñal por la espalda vía Twitter, y cuando más le convenga. Y eso los vuelve mucho menos eficientes.

Por cierto que muchos repiten que Trump es un "disruptor", un presidente de otro tipo. Bueno, yo respeto a quienes votaron por Trump porque pensaron que el sistema necesitaba "un disruptor". Yo mismo lo pensaba, en ciertos aspectos. Y coincido con Trump en la necesidad de provocar una disrupción en el status quo de las relaciones comerciales con China, en repensar la presencia norteamericana en lugares como Siria y Afganistán, y en eliminar algunas de las regulaciones que asfixian la inversión y los negocios.

Pero la mayoría de las veces Trump genera disrupciones sin tener un plan para lo que viene después. Se abocó a destruir el programa de salud Obamacare sin tener idea de lo que pasaría al día siguiente. Anunció el retiro de tropas de Siria y Afganistánsin siquiera consultarlo con los integrantes del Estado Mayor Conjunto, ni con los altos asesores del Departamento de Estado, y mucho menos con los países aliados de Estados Unidos.

La gente quería una disrupción, pero la mayoría de las veces Trump nos ha dado destrucción, distracción, degradación y pura ignorancia.

Y si bien es cierto que necesitamos disrupciones en algunas áreas, también es cierto que lo que se necesitan desesperadamente en otras áreas es innovación. ¿Cómo lidiar con esas gigantescas redes sociales? ¿Cómo integrar la inteligencia artificial a cada aspecto de nuestra vida social, como lo está haciendo China? ¿Cómo llevamos capacitación y actualización permanente a todos los norteamericanos? En tiempos en los que deberíamos construir puentes hacia el siglo XXI, de lo único que habla Trump es de levantar un muro en la frontera con México, una estratagema política para congraciarse con su base electoral, en vez de la reforma migratoria integral que realmente necesitamos.

De hecho, la mayor disrupción introducida por Trump ha sido el socavamiento de las normas y los valores que asociamos con la presidencia y los presidentes norteamericanos. Y ahora que Trump se ha liberado de todo freno que pudiese ponerle su equipo de gobierno, su gabinete y su propio partido -para que "Trump pueda ser Trump", según nos dicen-, tiene las manos más libres que nunca para rehacer Estados Unidos a su imagen y semejanza.

¿Y qué imagen es esa? Según la última encuesta de The Washington Post, en los 700 días de mandato desde que asumió el cargo y hasta el 20 de diciembre de este año, Trump hizo 7546 afirmaciones falsas o erróneas. Y todo eso fue antes de que tuviésemos que "dejar que Trump sea Trump".

Si Estados Unidos empieza a comportarse como un estafador mentiroso, egoísta y desvergonzado como Trump, no tienen idea de lo inestables -de lo "disruptivos"- que pueden volverse los mercados y la geopolítica mundial.

Tomarnos el tiempo de descubrirlo es un lujo que no podemos permitirnos.

(Traducción de Jaime Arrambide)

The New York Times

ENVÍA TU COMENTARIO

Ver legales

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.

Usa gratis la aplicación de LA NACION, ¿Querés descargala?