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FIBA, un festival en versión "concentrada" que busca nuevos horizontes

Alejandro Cruz
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30 de diciembre de 2018  

Ante cada nueva edición del Festival Internacional de Buenos Aires (FIBA) el público local se acostumbró a poner la atención en las producciones extranjeras que llegaban a la ciudad. Desde 1997 por esa sección han pasado grandes compañías como el Théâtre du Soleil, la de Akran Kahm o el Berliner Ensamble; como puestas de Christoph Marthaler, Frank Castorf, Sasha Waltz, Jan Fabre, Alain Platel, Peter Brook, Bruno Beltrão, Laurie Anderson, Bob Wilson o Guillermo Calderón, entro otros grandes creadores de la escena.

En la primera edición del FIBA de 1997 la sección internacional estuvo compuesta por 25 propuestas que vinieron de Europa, Asia, África y América. Una sola de esas obras fue un unipersonal. Sea por motivos curatoriales y/o económicos, para la próxima edición que se iniciará el 23 de enero esa franja se redujo a 9 propuestas, 10 menos que hace dos años, que vienen solamente de otros dos países de América y de Europa (una de esas obras es una coproducción belga/iraní). Un tercio de los montajes seleccionados son unipersonales. A lo largo de las doce ediciones del festival internacional el volumen de obras extranjeras, histórico foco de atención para los locales, rondó los 20 montajes con un piso de 11 obras internacionales en las ediciones de 2005 y 2007.

Como si se tratara de un cambio de paradigma, la menor cantidad de montajes internacionales programados para el que está por comenzar viene acompañada de una mayor cantidad de obras locales (el punto de interés para curadores y directores de festivales extranjeros que suelen venir al encuentro). En cierto modo el corrimiento de un festival internacional hacia la producción nacional está expresado en el catálogo del FIBA al que la prensa ya tuvo acceso. A través de ese texto, el jefe de gobierno, Horacio Rodríguez Larreta, invita a los vecinos a ser protagonistas de "lo mejor de la cultura porteña", mientras el ministro de Cultura, Enrique Avogadro, desafía a nuevos públicos "para que descubran la potente oferta independiente y de calidad que nos representa en la ciudad en el mundo".

Nobleza obliga, hay que consignar que para el próximo encuentro de este festival que organiza el gobierno porteño no solo se modificó su calendario histórico (de septiembre/octubre pasó a enero/febrero) sino que redujo la cantidad de jornadas: pasó de los 17 días de la edición de hace dos años a 12. "Será una versión más concentrada", afirmó hace poco el ministro Avogadro durante el lanzamiento. Con esta lógica, parece ser "lógico" que haya menos obras extranjeras.

Hay otros números a tener en cuenta. Si en las primeras ediciones la asistencia de público llegó a unas 100.000 personas, en las últimas tres no solo los números totales distan mucho de aquel volumen de concurrencia, sino que se dibuja una línea en baja. En 2013, fueron 74.000 espectadores; en 2015, 55.000, y hace dos años, 50.000. Aun suponiendo que las cifras oficiales de audiencia fueran confiables, la disminución de público indica que el festival fue perdiendo impacto en la ciudad. Los festivales de este tipo (sean privados o estatales) son organismos vivos en constante reformulación. Suelen tener períodos expansivos, atravesar etapas críticas, pueden desaparecer y hasta no llegar a concretar su primera edición (le pasó a Kive Staiff en tiempos de Raúl Alfonsín). En este contexto, la próxima edición del FIBA busca reinventarse.

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