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Piden juzgar al Estado francés por no cumplir las metas climáticas

La recolección de casi dos millones de firmas en internet plantea una nueva y cuestionada relación con el poder
La recolección de casi dos millones de firmas en internet plantea una nueva y cuestionada relación con el poder Fuente: AFP - Crédito: Benoit Tessier
Luisa Corradini
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30 de diciembre de 2018  

PARÍS.- La bautizaron "El tema del siglo". Pero nadie esperaba un éxito de esa magnitud. La petición en línea lanzada por cuatro ONG que decidieron denunciar al Estado francés ante la Justicia por "inacción climática" recogió casi dos millones de firmas en menos de 10 días. Un récord.

Es verdad, "El tema del siglo" tuvo un impacto particular porque contó con la adhesión de estrellas del cine, como Alain Delon o Juliette Binoche, e importantes personalidades políticas.

Pero hay antecedentes. En 2016, más de 1,4 millones de personas firmaron una petición similar en Francia contra la llamada "ley El Khomri" sobre la reforma del derecho laboral. Incluso la protesta de los "chalecos amarillos" , lanzada recientemente vía internet para reclamar una reducción del precio de los combustibles, superó 1,2 millones de firmas.

No hay duda posible: el mundo se halla ante un fenómeno creciente de movilización ciudadana, alentado y facilitado por las nuevas tecnologías.

¿Indignado por un problema de actualidad o un proyecto de ley? ¿Necesidad de hacerse oír, de lanzar un movimiento o congregarse en torno de una causa particular? Nada más fácil gracias a esos formidables útiles de expresión ciudadana que son las plataformas de petición en línea. Con ellas -mediante un simple clic- es posible reunir y movilizar, en pocas semanas, miles o millones de personas que comparten el mismo ideal.

Algunas decenas de miles de firmas bastan a veces para llevar una causa a las primeras planas. Desde hace unos años, las plataformas consagradas a la creación de peticiones florecen en internet y, en muchos casos, sus reivindicaciones suelen volverse virales.

Las dos más importantes están basadas en Estados Unidos. Change.org, en San Francisco, Estados Unidos, se define a sí misma como "la plataforma mundial del cambio". Sus responsables afirman que ha recogido más de 185 millones de firmas para las numerosas peticiones que acoge, provenientes de todo el mundo. En teoría, Change acepta todas las peticiones sin ninguna selección.

La segunda es Avaaz.org. Igualmente basada en Estados Unidos, también interviene a nivel internacional. Creada en 2007, la plataforma reivindica 44 millones de miembros en 194 países. Su particularidad reside en el sistema de selección de peticiones que utiliza: cada año, Avaaz define sus prioridades generales a partir de un sondeo propuesto a sus miembros. Después, ideas de campaña son sometidas cada semana a un panel de 10.000 adherentes escogidos al azar.

Pero ¿acaso la petición en línea es un instrumento democrático? Para muchos especialistas, que esas iniciativas reúnan diez o millones de signatarios siempre traducen una relación nueva con el poder y con la participación.

En Francia, desde 2008, los ciudadanos pueden obtener la intervención del Consejo Económico, Social y Medioambiental (CESE) cuando una petición alcanza las 500.000 firmas. En el caso de Europa, son necesarias un millón de firmas para que la Comisión Europea (CE), el órgano ejecutivo del bloque, pueda defender la causa y eventualmente proponer una ley. En Gran Bretaña, cuando una petición obtiene 100.000 firmas, es debatida en el Parlamento.

El interrogante reside en si ese tipo de movilización tiene el mismo valor que hacer huelga o manifestar. Si esa forma de participación democrática "directa" no socava uno de sus fundamentos: la representación del pueblo por sus representantes.

Para muchos, se trata de un contrapoder necesario; una respuesta a la profunda y creciente desconfianza de la gente en el poder y el universo político institucional en general.

"La petición es, en efecto, un instrumento democrático. Pero no es un remedio milagroso", advierte el politólogo Roland Cayrol.

A su juicio, se trata de una herramienta entre otras: "Referéndum, elaboración conjunta de leyes con los parlamentarios, presupuestos participativos permiten recuperar la palabra pública. La democracia no es dar un cheque en blanco a los diputados o al presidente cada cinco años. Es instaurar nuevas formas de coproducción entre ciudadanos y representantes, para que la voluntad popular pueda expresarse", analiza.

Para otros, como el diputado François Cornut-Gentille, del partido conservador Los Republicanos, "la petición en línea no aporta nada al debate público".

"Ese tipo de movilización me inspira mucha prudencia. Obviamente quiere decir algo. Pero parte de los medios, incluso de los políticos, se entusiasman demasiado viendo la marca de una renovación democrática o ciudadana", afirma el diputado, que prefiere señalar "los riesgos de manipulación": "¿Acaso se puede realmente verificar que las listas publicadas son fiables?".

Un reciente estudio del Centro de Estudios de la Vida Política Francesa (Cevipof) también relativiza la importancia acordada a las peticiones. El sondeo demuestra que, para los franceses, la mejor manera de pesar en el debate político sigue siendo la boleta de voto, considerado el acto más contundente de la democracia.

Los "chalecos amarillos", con el ánimo más calmo

Fuente: AFP

PARÍS (Reuters).- Los manifestantes del movimiento de los "chalecos amarillos" marcharon ayer por séptimo sábado consecutivo en contra de las políticas económicas del presidente Emmanuel Macron. Si bien bloquearon rutas y marcharon en el centro de París y otras ciudades, la participación de la población fue menor que en otras jornadas y las protestas fueron menos violentas, dos indicios de que el movimiento nacido en octubre en las redes sociales comienza a perder fuerza en las calles francesas.

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