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Balance 2018: Rosario Central y Edgardo Bauza, un grito de corazón en la Copa Argentina

Bauza, con la copa en lo más alto.
Bauza, con la copa en lo más alto. Fuente: LA NACION - Crédito: Marcelo Aguilar
Ariel Ruya
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30 de diciembre de 2018  • 23:59

Rosario Central no solo fue campeón de la Copa Argentina y volvió a dar una vuelta olímpica después de 23 años, sino que encima -en el camino- se dio el gusto de eliminar a Newell's. Es cierto que el equipo pudo haber jugado mejor en varios partidos, pero la presión era grande y el desafío del conductor, mayor. Es que Edgardo Bauza no solo había regresado a Arroyito, a su casa, tenía íntimamente la necesidad de volver a sentirse importante luego del frustrado paso por la selección argentina. Pero el Patón apostó y ganó con Central. Le hizo un guiño a los afectos, terminó con la racha de las tres finales perdidas de Rosario Central (2014, 2015 y 2016) y tras ganarle el partido decisivo a Gimnasia por penales (después del 1-1) entró en la historia al ser el primer ídolo canalla en ser campeón como jugador y DT. ¿La vuelta perfecta?

Bauza está en donde quiere estar. Hay química con la gente y con el plantel. La selección ya es pasado, aunque una de las fotos de la final fue la de Claudio "Chiqui" Tapia, presidente de la AFA, entregándole la medalla al mismo técnico que despidió de la selección: "No tuvimos el tiempo necesario para trabajar un poco más y que el equipo funcionara mejor. La AFA no estaba políticamente ordenada y eso complicó las cosas. Estoy en mi casa, con mi gente: por eso tomé la decisión de volver", sostuvo el día de su regreso, el 17 de mayo de 2018. A los 60 años, Bauza se reinventa. Y en Central, un equipo a su medida. Para seguir adelante, ahora necesitó pasar unos días en Quito. Los últimos tiempos estuvo lejos de su mujer Maritza y su hijo Nicolas (4), lo que lo habría afectado emocionalmente.

En lo táctico, se inclinó por un clásico 4-4-2, aunque es elástico. En Ecuador, en San Lorenzo y en algún tramo en el seleccionado, prefirió el 4-2 (cómo olvidar a Ortigoza-Mercier), 3-1. Más allá del factor numérico, la principal virtud, para el DT, es la solidez del equilibrio. Todos luchan -y casi todos-, piensan en el arco de enfrente. "Un equipo que defiende mal, no puede ganar nada", aclara el Patón. Y le da valor a la planificación de la pelota parada: por eso la zurda de Leonardo Gil fue clave en la estructura.

Bauza es la imagen de la tranquilidad, aunque a veces la vorágine del fútbol doméstico lo condiciona. "Que cada uno escriba lo que quiera. Me chu... un huevo lo que dicen porque no entienden lo que es el fútbol, y mucho menos en la Argentina. Acá no hay partidos fáciles, se corre mucho y, desde lo táctico, todos los jugadores son inteligentes. Entonces a veces se puede ganar 1 a 0, a veces 2 a 0 y a veces hay que empatarlo y ganar en los penales". Justo los penales, como ganó la final de la Copa Argentina ante Gimnasia.

Por: Ariel Ruya

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