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Cambiar la mirada

En un año de elecciones, la más importante no será la de las urnas, sino la que haga cada uno de nosotros al trazar la propia hoja de ruta
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2 de enero de 2019  

Una película considerada ya de culto, allá por 1989, llamaba a reflexionar sobre la importancia de modificar la mirada y aprovechar cada día. Carpe diem, una antigua locución latina solo conocida por algunos, tuvo en ella su minuto de fama y pasó a engrosar el lenguaje de los jóvenes de entonces. El profesor de literatura, encarnado por Robin Williams, protagonista de La Sociedad de los Poetas Muertos, se subía al escritorio del aula para mostrar cómo, al encaramarse, cambiaba notablemente la perspectiva de aquello que veía de manera diferente desde abajo. Algo así nos proponen los drones y los street views de Google, entre otras maravillas que nos regala la tecnología.

Aquello que puede comprenderse fácilmente en el mundo físico, se torna un poco más complejo sin esa apoyatura cuando intentamos extrapolarlo a lo que no vemos ni tocamos con la misma encarnadura. Pero habiendo dejado atrás un año, no deja de ser un excelente ejercicio, precisamente en tiempos de replanteos.

No somos Finlandia, donde el índice de bienestar general es máximo. Hemos comprobado que siempre podemos estar peor y sobrevivir. Resilientes, califican los que saben. Enorme capacidad de adaptación, creatividad desbordante; los argentinos tendremos mil defectos, pero no dejamos de ser también muy virtuosos. Familieros por antonomasia y reconocidos cultores de la amistad. Solidarios por demás. Si hasta el número de donantes de órganos fue récord este año. Igual que el de pobres, niños pobres incluidos, lamentablemente. Cal y arena. Mucho por hacer y por aprender de estas crisis recurrentes de las que no logramos salir a flote al no haber aprendido lecciones básicas. La economía nos abruma con cifras, índices, pronósticos. Y el simple olfato nos dice que 2019 no será fácil. Habrá que disponerse a poner el cuerpo y a ayudar generosamente a los más castigados. Con el precio de la nafta, el mejor combustible no saldrá de un surtidor.

Para colmo, a la aceleración y a la instantaneidad de las vivencias les sumamos que todo se potencia colectivamente por contacto virtual. Si alguien plasma una sensación en una red social, en segundos muchos percibirán una empatía colectiva, por la negativa o por la positiva. Peligrosamente, el afuera y el ahora nos devoran.

La meditación, el yoga, el mindfulness, diversas técnicas proponen inspirar, expirar, soltar el aire, conscientemente. Relajamos el cuerpo en algún resquicio de tiempo y espacio que hemos de proveernos convenientemente y aireamos la mente. Conectamos con el adentro. Lo calmamos. Acallamos la convulsión y la prisa. Recuperamos el eje y la vida fluye. Miramos en derredor y nada es tan malo como un pluralismo negativo pretende instalar. Tampoco tan bueno como voces interesadas quieren vendernos. Es. Simplemente.

Como siempre, transcurrimos en la certeza de que nada depende de uno, pero el futuro dependerá de que actuemos como si todo dependiera de nosotros. Hacer balances, comparar resultados no ha de ser solo motivo de tristeza si nos subimos a una mesa para mirar la escena desde otro lugar. Hay mucho de lo realizado que debemos valorar, celebrémoslo. Miremos hacia adelante, tracemos la hoja de ruta, imaginemos el mejor año de nuestras vidas. Es un año de elecciones. Las más importantes no serán las de las urnas. La física cuántica nos propone un espacio-tiempo infinito de posibilidades que empiezan en nuestro deseo. Está comprobado que los pensamientos negativos ralentizan cualquier avance y que la visualización creativa dispara la concreción de nuestros proyectos.

El placer que brindan las cosas simples está al alcance de la mano. El peso de los afectos se agiganta en tiempos de tormentas. No nos dejemos desbordar por el afuera. Lo luminoso, lo divino, lo sagrado habita dentro de cada uno. Renovar nuestra esperanza es también renovar nuestra energía para construir un futuro mejor para todos. No es solo un buen deseo. Es una invitación. Feliz 2019.

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