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No existen, pero que las hay. las hay

Nicolás Artusi
Nicolás Artusi PARA LA NACION
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6 de enero de 2019  

Ni una mata de pelo desgreñado ni un grano purulento en la punta de la nariz ni una escoba como medio de transporte: las brujas hoy viajan en Uber. Curvilíneas y sugerentes, no esconden un cuerpo maltrecho debajo de una túnica embolsada sino que dejan ver sus piernas ahí hasta donde se abra el tajo: en busca de arquetipos reconocibles, son más parecidas a la Mujer Maravilla que a Cachavacha. En unos días, el estreno de la película Suspiria, la remake del clásico giallo (el subgénero italiano de terror sangriento), actualizará el imaginario brujeril según las inquietudes de hoy: en tiempos de empoderamiento de la mujer, las nuevas brujas encarnan una exacerbación de lo femenino.

Desde Las brujas de Eastwick, la novela seminal que el maestro John Updike publicó en 1984, hasta Suspiria, la cultura popular contemporánea se preguntó cómo ser bruja en nuestros días. El realismo mágico ochentista las imaginó como divorciadas desesperadas en un pueblo perdido a la espera del macho redentor, pero el giallo reversionado las presenta como figurines de moda (los vestidos que diseñó Giulia Piersanti para la maléfica Tilda Swinton ocuparon incontables páginas de Vogue o Vanity Fair) con agenda de época. Los estudios culturales ya hablan del fenómeno witch chic, una glamourización de las brujas que esquiva el estilo gótico desastrado y resalta los atributos de lo femenino, sin marmitas hirvientes ni sombreros en punta. Aunque la moda, como sistema de representación, excede lo estético. Las nuevas hechiceras del cine o la televisión, y entre ellas se cuentan las adultas de la última temporada de American Horror Story o la adolescente de Las escalofriantes aventuras de Sabrina, son mujeres que tienen conciencia plena de sus poderes y que los usan en defensa de un objetivo individual, pero también colectivo. Según explicó la diseñadora Piersanti, el witch chic "trata de mostrar la individualidad de una serie de mujeres con un propósito común".

La sororidad no es truco. En Suspiria, una escuela de danza con métodos estrictos tiene alumnas uniformadas con estampados de rosas que, vistas de cerca, en realidad son vaginas florecientes o con dibujos de pechos diminutos que componen un patrón vegetal. Pero la academia es la fachada para una congregación que protege a las mujeres que viven según las normas de una bruja mayor. Es un matriarcado repleto de signos femeninos. Hermanadas en el aquelarre de nuestros días, las brujas modernas esquivan la hoguera: están dispuestas a volver un quemo la vida de cualquier machirulo.

LISTAMANÍA

Cinco historias de brujas contemporáneas

Suspiria. A fin de mes se estrena acá la remake del clásico italiano sobre una estricta academia de danza que en realidad es un aquelarre.

Embrujadas. El revival de la serie Charmed, con tres hermanas afrolatinas que descubren los poderes heredados tras la muerte de su madre.

American Horror Story. En su octava temporada, la serie resucita a las brujas de la tercera para advertir que solo las mujeres podrán salvar el mundo.

Las escalofriantes aventuras de Sabrina. La bruja adolescente salida del universo de Archie debe elegir entre el mundo brujeril y el de los mortales.

Embrujada. Lo que viene: una nueva versión de la sitcom de los 60, aunque esta vez la brujita no será rubia de ojos celestes sino negra.

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